diciembre 06, 2009

El barco Vasa

EL BARCO VASA

Manuel Velasco

El casco histórico de Estocolmo, situado en la pequeña isla Gamla Stan (literalmente, Ciudad Vieja), tiene una pequeña plaza llamada Stortoget que cuenta con el dudoso honor de ser el escenario de una de las más crueles y dramáticas historias que ha contemplado la ciudad: En 1520, el rey Cristian II de Dinamarca (para los daneses, el Buen Rey; para los suecos, el Terrible) ejecutó a más de 80 nobles suecos -al acabar la fiesta a la que fueron invitados- que cuestionaron su autoridad, y con cuya sangre, según se cuenta, se pintaron las fachadas de tres altos edificios de la citada plaza.

Pero de este "baño de sangre de Estocolmo", como se le recuerda, se libró Gustavo Vasa, hijo de uno de los nobles ejecutados, que organizó a los campesinos desde el interior del país y logró expulsar a los daneses, lo que supuso el final de la Unión de Kalmar y la consiguiente independencia sueca. Gustavo fue coronado en 1523, dando origen a la dinastía Vasa que reinó durante 150 años.

A uno de sus descendientes, el rey Gustavo II Adolfo, se debe la época de mayor expansión comercial y militar de Suecia. A él también se debe la construcción del barco que constituye uno de los mayores orgullos de los suecos actuales.

El buque insignia real Vasa fue construido como parte de la nueva flota que serviría para mantener el predominio sueco sobre el mar Báltico, frente a la dura competencia de daneses, alemanes, polacos y rusos. Pero, parece ser que los constructores tuvieron que acelerar su trabajo, aceptando unas medidas que no eran adecuadas al proyecto inicial de la nave. Eso fue determinante para que al Vasa le durase muy poco el récord de ser el navío más grande y poderoso de su tiempo; justo hasta el mismo día de su botadura, el domingo 10 de agosto de 1628, a las 3 de la tarde. Algunos minutos después de zarpar, una ráfaga de viento le hizo escorar, entrando abundante agua por las cañoneras y mandándolo derecho al fondo del mar.


Se calcula que ese d ía podría haber a bordo unas doscientas personas: a la dotación de ciento treinta y cinco hombres que el barco tenía asignada hay que sumar esposas e hijos que, según costumbres de la época, tenían permiso para dar una vuelta por la bahía antes del viaje inaugural. No se ha encontrado ningún documento que indique exactamente el número de muertos, pero se cree que fueron unos cincuenta.

Justo tres días después comenzó el primer fallido intento de rescate del barco. Hubo muchos otros posteriores, pero el peso de la nave era excesivo para ser izada con los precarios medios de la época, centrándose estos intentos más que nada en la recuperación de los cañones, de los que se consiguieron rescatar cincuenta y tres usando campanas de inmersión.

En el mar Báltico no existen los moluscos teredo navalis, también llamados bromas, gusanos de los barcos o termitas de mar, que viven en las maderas sumergidas o flotantes, pero siempre que sea en agua muy salada. Así, aunque los barcos contemporáneos fueron desapareciendo por "motivos naturales" -combates, naufragios y desguaces-, el V asa permaneció en el fondo del mar. A lo largo de más de trescientos años llegó a formar parte de las leyendas del pasado hasta que en 1956 el arqueólogo submarino Anders Franzen lo descubrió e inició, junto a submarinistas de la Armada sueca, el increíble proyecto de rescatarlo desde el interior de la montaña de limo que lo cubría a unos treinta y cinco metros de profundidad.

La primera acción fue perforar seis túneles bajo el casco con agua a presión para poder sujetar unos cables de acero y llevarlo hasta aguas menos profundas, desde donde sería definitivamente rescatado el 24 de abril de 1961, izado desde dos plataformas flotantes. No menos complicado y costoso fue el subsiguiente proyecto de reconstrucción pieza a pieza, así como la clasificación de unos catorce mil objetos que había en su interior, como armas, piezas de ropa, monedas, adornos, utensilios y herramientas de todo tipo. Para recuperar los objetos más pequeños, fue necesario cribar miles de metros cúbicos de lodo.

El actual museo , dedicado exclusivamente al barco, es el lugar de Escandinavia más visitado por los turistas. Está situado en la céntrica isla Djugarden de Estocolmo -no muy lejos del lugar donde se hundió- y fue especialmente diseñado para él y construido en el emplazamiento de los antiguos astilleros de la Marina Real. El el interior, el buque está protegido del duro clima nórdico por un sistema de doble puerta, que mantiene la humedad ambiental en un nivel constante y necesario para la buena consevación de la madera. Desde las distintas galerías puede contemplarse en todos los ángulos lo que ahora podría llamarse gran palacio flotante barroco (o más exactamente del renacimiento tardío germano-holandés), desde la proa, con su mascarón de madera de tilo en forma de león con un escudo en el que figura la gavilla (vasa, en sueco) simbólica de la dinastía hasta la espectacular popa de ûveinte metros de altura sobre la quilla, dividida en cinco pisos y completamente cubierta de tallas de madera.

La decoración, aparentemente excesiva para un barco de guerra, estaba en consonancia con el espíritu de la época, cuando era preciso dar una imagen de poder y esplendor ante los demás. Esta profusa decoración estaba compuesta por más de mil esculturas de madera, todas distintas y realizadas de forma individual. Sirenas, guerreros, emperadores romanos, angeles, escudos y blasones. Se conoce el nombre de tres grandes tallistas que trabajaron en el Vasa: los alemanes Clausink y Redtmer y el holandés Thesson. Todas las figuras estuvieron policromadas y muchas de ellas recamadas en oro auténtico. En las baterías de los costados, cuando tenían las portas levantadas, se podían ver cabezas de leones furiosos pintadas en marrón sobre fondo rojo. En la popa, dos grifones sostienen la corona sobre la cabeza del rey, con las iniciales GARS (Gustavus Adolphus Rex Sueciae).

Hay en el navío una escultura que tal vez sea la más representativa: tiene la forma de un guerrero con armadura romana; a sus pies un león y un perro, que venían a significar la clemencia del fuerte respecto al débil, símbolo de lo que Gustavo II Adolfo, que se sentía hermanado con el emperador Augusto, pretendía que fuese su reinado. Pero el hundimiento del barco constituyó un augurio de la decadencia que se aproximaba; al fin y al cabo, el rey había proclamado que "después de Dios, esta flota es quien decide la prosperidad del Reino". Murió pocos años después y su hija, la reina Cristina, supondría el eslabón final de la dinastía Vasa.

DATOS TECNICOS DEL VASA:
Eslora: 62 metros
Ancho máximo: 11,7 metros
Altura: 4,7 metros
Popa: 20 metros
Altura del palo mayor: 50 metros
Desplazamiento: 1210 toneladas
Superficie de velamen: 1275 metros cuadrados

Artículo publicado en las revistas Geomundo y Enigmas de la Arqueología
La versión completa está en el libro Territorio Vikingo
© Manuel Velasco
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septiembre 12, 2009

Peregrinos en los templos egipcios

Peregrinos en los templos egipcios

artículo publicado en la revista Enigmas / 2004

Manuel Velasco


A los templos egipcios acudían básicamente dos tipos de peregrinos, los que buscaban la sanación, que al mismo tiempo era física y espiritual, y los que buscaban una experiencia iniciática.Y los sacerdotes del templo a todos atendían según sus necesidades.

Los enfermos llegaban a los templos a curar sus dolencias, lo cual debía suponer un continuo peregrinaje a los lugares más prestigiosos por el poder y conocimiento de sus sacerdotes o por las cualidades energéticas del propio templo o de sus aguas medicinales. Algunos contaban con una especie de estanques donde los enfermos podían bañarse; también podían beber las aguas que previamente habían pasado por algunas estatuas que tenían escritas fórmulas mágicas relativas a la sanación.

En otros simplemente se confiaba en la intervención directa de algún dios. En esta aspecto destaca el templo-mausoleo de la reina Hachepsut, en Dar el-Bahari, que se hizo célebre sobre todo el la época ptolemáica. Esto llevó consigo que también acudieran los peregrinos de Grecia, alguno de los cuales dejó un graffiti de agradecimiento a Atón, dios del que Hachepsut se sentía descendiente directa, tal como lo dejó grabado en las paredes de su templo-mausoleo.

Seguramente había albergues cercanos al templo, donde los peregrinos podían alimentarse y pernoctar. Pero a algunos se les permitía dormir en el interior, como parte del proceso curativo, con el fin de tener un sueño inspirado por el dios tutelar, en el que tendría las claves oníricas para encontrar remedio al mal que le aquejase. Es de suponer que este método estaría aconsejado cuando el sacerdote viese de alguna manera que la enfermedad estaba ocasionada y mantenida por el propio paciente, por lo cual los remedios habituales no se mostraban útiles. Era necesario que el paciente tuviese algún tipo de “iluminación” acerca de qué hizo para encontrarse a sí mismo y que realizase después lo que hiciese falta para devolver la armonía a lo que él hubiese desequilibrado.

En algunos templos podrían realizarse otro tipo de acciones más específicas, como en Kom Ombo (junto con los de Dendera, Edfú y Filé constituía una especie de ruta de sanación), donde estaban los mejores sacerdotes cirujanos, capaces entre otras cosas de recomponer fracturas, hacer trepanaciones y cirugía cerebral o prótesis dentarias. Este templo también disponía de un pozo, al que se consideraba de aguas milagrosas (procedentes del Nin, el Abismo Acuoso previo a la creación del mundo), y unos bajorrelieves que representaban a prisioneros de guerra a los que se les podía traspasar las enfermedades restregando las manos por sus caras.

Seguramente la mayoría de los peregrinos se conformaba con una experiencia espiritual sencilla, que aportarían la propia energía telúrica del templo mas la aportada por los sacerdotes, en unas ceremonias más o menos espectaculares, canalizando la energía del dios protector de su templo. Son experiencias que, en mayor o menor medida, aun se pueden tener, incluso en el poco tiempo de estancia en un templo que permiten los viajes turísticos actuales.

De seguro que aquellos peregrinos también se llevaban algunos amuletos consagrados por los sacerdotes, que le servirían para sentirse protegidos contra el mal de ojo (una de las preocupaciones más importantes entre los antiguos egipcios) o para favorecer salud, fortuna y fertilidad. Y algunos hasta pedirían la interpretación de algún sueño preocupante, la elaboración de un filtro de amor o la ejecución de cierto ritual especial para que un fantasma dejara de molestar a la familia.

Pero los otros peregrinos, sin duda mucho me nos numerosos, pero con más amplitud de miras, eran los que buscaban la iluminación de los Misterios, que les llevarían a unos conocimientos y un sentido de la vida y la muerte para los que no todos estaban preparados.


A imagen de Osiris
Una iniciación, no importa el nivel o la dificultad, es un paso a una nueva etapa de la vida, un renacer espiritual basado en la adquisición de unos conocimientos superiores y/o haber superado una prueba extraordinaria que suponía una muerte ritual, con el consiguiente renacer. De manera genérica, todos los Misterios debían guardar cierta similitud de formas externas, aunque el enfoque hacia el resultado final fuese distinto en cada caso.

Todos los sacerdotes recibían su proceso iniciático en el propio templo, y también los laicos que lo solicitasen, aunque no se sabe si cualquiera podía ser admitido ni qué condiciones debían cumplir. Los sacerdotes, en los primeros años de su servicio, entraban en una vida totalmente nueva, inmersos continuamente en los asuntos religiosos, alejados de su antigua familia y amigos y llevando una vida bastante ascética, sin propiedades ni ambiciones. Los láicos podían continuar con su vida mundana, aunque de seguro el punto de vista y los propósitos serían completamente distintos tras haber pasado la prueba.

El Misterio más importante era el de Osiris, del que seguramente fueron copiados los Misterios órficos y eleusinos o otros menores que tanta importancia tuvieron en el mundo greco-romano. El papiro de Leiden cuenta acerca de la peregrinación a Abidos, Busiris y Karnak; una especie de triada que, e n sus sucesivas etapas, venía a ser una recreación del ciclo osiríaco.

El mito de la muerte de Osiris es en sí mismo era un ritual iniciático completo, una experiencia chamánica que serviría de ejemplo para las iniciaciones a él consagradas. Pasión, muerte, desmembramiento, recomposición, resurrección. Tal como ocurría al faraón muerto o al inciado. Los Textos de las Pirámides, relatando lo que al alma del difunto le va ocurriendo en su paso por el más allá, describen la forma en que distintas entidades divinas van uniendo los restos del rey hasta que llega hasta la presencia de Osiris.

En todos los casos, la recompensa final es una nueva vida en la que es totalmente consciente de su auténtica condición divina. Por otro lado, Osiris, en la barca de Ra, todas las noches lleva a cabo un nuevo proceso iniciático, en un viaje donde los seres del inframundo acechan y amenazan con volver todo al caos primordial. Osiris tiene aliados y enemigos en su viaje, del mismo modo que el difunto o el neófito cuando recorre los senderos del más allá.

Es posible que algunas de estas iniciaciones fueran experiencias de "fin de semana", ya que Osiris murió un viernes y resucitó al tercer día, como se le suponía a los faraones muertos que renacían a la nueva vida. La resurrección de Jesús fue otro Misterio iniciático similar al que ya llevaba miles de años representándose en Egipto.

Un paseo entre la locura y la eternidad
Las pocas referencias que nos han llegado proceden de sabios griegos que tuvieron la oportunidad de pasarlos en la época ptolemáica, como Apuleyo, que dejó escrito cómo había sufrido una muerte (voluntaria) para obtener después un renacimiento espiritual. No describió totalmente el ritual, ya que ese conocimiento estaba reservado exclusivamente a quienes se atrevían a llevarlo acabo, siguiendo los pasos correspondientes.

Posiblemente el secreto estaba relacionado con los peligros que podrían acarrear el llevarlos a cabo sin el orden correcto, ya que unas pruebas y unos conocimientos tan transformadores no pueden ser tolerados por una mente no preparada por medio de las acciones previas. La locura, pues, no sería el peor resultad; el candidato tendría que enfrentarse a sus peores enemigos, aquellos que habitan en los más lóbregos recovecos de su interior: monstruos primordiales que tratarían de asustarlo, distraerlo o alejarlo de la prueba, incluso acabar con él. La victoria sobre ellos es la victoria sobre uno mismo y sobre el mundo ilusorio.

Tras todo esto, la vida necesariamente no puede ser la misma. Por eso, un iniciado debía guardar silencio acerca de lo que había hecho. Incluso hay una imagen ilustrativa: el Horus niño con un dedo ante sus labios. La violación del voto de silencio acarreaba la pena de muerte, con la pérdida del corazón, lo que implicaba la imposibilidad de acceder al más allá.

Los estanques y lagos anexos a los templos, como el que aun puede veres en Karnak, cumplían una parte muy importante en los rituales, ya que en ellos se producían las imprescindibles purificaciones previas. Tras las abluciones, los novicios se afeitaban la cabeza y se depilaban todo el cuerpo, para evitar la presencia de piojos u otro tipo de insectos, un gran problema de aquellos tiempos. Después se ungían con aceites aromáticos y vestían la túnica de lino blanco e iniciaban la procesión hacia el templo.

Claro que, antes de llegar a todo esto, debían haberse abstenido de comer carne o alimentos impuros y de mantener relaciones sexuales durante cuatro días. Posiblemente también tendrían que haber pasado un determinado periodo de tiempo de estudio, o preparación previa, que les hiciese más comprensible el proceso final de lo que harían a continuación.

Los novicios estaban ya dispuestos, como en todo ritual iniciático, a un renacimiento espiritual, tras el cual ya no serán los mismos. El sumo sacerdote del templo les recibía e indicaba a cada uno las instrucciones que debían seguir rigurosamente en los días siguientes. Después, aislamiento, oscuridad, silencio, meditación, observación... Tal vez visiones y mensajes divinos que se unirían a las enseñanzas de los propios sacerdotes del templo. Y, lo más importante, la muerte ritual, que viene a ser un vaciarse de gritos y ecos para encontrar la voz que le traerá la revelación, la conciencia de su inmortalidad en cuanto a ser espiritual.

Todo el ritual será una sucesiva preparación para una nueva etapa de su vida. La conciencia de sí mismo como un ser espiritual alojado temporalmente en un cuerpo mortal, la historia de la humanidad bajo la perspectiva egipcia, el universo real subyacente tras la imagen del mundo material. Las clásicas preguntas de ¿quien soy, ¿de donde vengo?, ¿a donde voy? y algo más, cuyas respuestas causarían pavor a quien pretendiera pasar esta prueba sin la debida preparación.

Cada etapa del proceso conllevaba un aprendizaje, algo que le alejaba de su anterior personalidad, ya que ese conocimiento aporta un nuevo estado de responsabilidad, al que se corresponde otro estado de iluminación. Al final del proceso iniciático estaba la identificación con el propio Osiris, aquel que proclamó: "Soy la eternidad, he salido del Num y mi alma es Dios".

La gran enseñanza de todo el ritual iniciático sería la comprensión y aceptación de que era un ser inmortal. Por supuesto, sus actos en esta vida eran trascendentales para lo que le ocurriría después, pero, en cualquier caso, sabía que tendría nuevas oportunidades. La muerte no era el final de nada, sino un etapa más en la existencia, escapando de paso, al menos temporalmente, de las limitaciones de la Tierra y la realidad física.

Así tenemos que en esta prueba el neófito de alguna manera debe morir, pues sólo la muerte, incluso si es simbólica, permite el renacer a una nueva vida. Incluso la muerte real no es sino otro ritual de iniciación en el que el difunto conocerá por fin todo aquello que debía haber aprendido de El Libro de los Muertos, pasando por las distintas estancias y superar todas las pruebas que le llevarán finalmente ante Osiris, frente el cual tendrá que pasar la definitiva: el peso de su corazón. Esa es la evidencia máxima. No importa lo poderoso que había sido en vida, ahora estaba sólo ante los dioses, a los que no podrá engañar con ningún subterfugio. Una leve pluma de Maat hará de contrapeso en la otra balanza. El corazón de un hombre puro no ha de pesar más. Los demonios del Inframundo aguardaban a un lado; el gran Osiris, señor de la muerte y la resurrección, observaba al otro. Las tinieblas frente a la luz solar. No había posibilidad de dar media vuelta ni de rectificar lo ya hecho; el camino sólo era hacia adelante.

Cabe la posibilidad de que al final, el espíritu libre del novicio tuviera que traspasar la puerta falsa que solía haber en los templos; aquella que permitía a los dioses o al espíritu del faraón acceder al templo. No era una puerta para los cuerpos físicos, sino para los dioses o quienes se les podían igualar tras haber alcanzado el debido nivel de pureza y sutilidad.

Tras finalizar favorablemente todo el proceso, a esa persona ya se le podía considerar un iniciado, un iluminado. Ese día, al amanecer, vestía una nueva túnica y con una antorcha anunciaba el final de su proceso iniciático. En algunos casos saldría con un nombre nuevo, ya que era una nueva persona, puede ser que es le diese tal nombre para que lo usase únicamente con sus nuevos hermanos, aquellos con los que compartía el secreto.

Otro Misterio importante era el de Isis, que debía ser complementario al de Osiris. Ella fue la primera en utilizar la magia sobre la Tierra, al reunir los trozos y recomponiendo el cuerpo de su marido, asesinado y desmembrado por Seth; una vez momificado por Anubis, ella, trasformada en halcón, le devolvió suficiente vida como para provocarle una erección y poder concebir a Horus, tal como muestran tantas imágenes en las paredes de los templos. Otro de los grandes logros de Isis fue obligar a Ra a decir sus doce nombres secretos, para poder curarle del veneno de una serpiente que ella misma creó, consiguiendo así el poder de este dios, que pudo traspasar a su vez a su hijo Horus.

Seguramente, los sacerdotes magos tenían en exclusiva para ellos algún Misterio relacionado con su dios Thot, donde, entre otras cosas, aprenderían los nombres secretos de los dioses o de los elementos naturales para obtener su fuerza y cualidades o tener su control, o en el poder de trasformación y transmutación.

El jubileo real
Un faraón, cada treinta años de reinado, debía pasar por la fiesta de Hed-Sed, una especie de jubileo según el cual el monarca debía realizar un simulacro de muerte en su propio sarcófago, posiblemente en un estado catatónico inducido por los sacerdotes, donde adoptaba una forma fetal dentro de una piel de animal que después debía romper, tal como hacen las serpientes cuando mudan la camisa. En el caso de que el rey estuviese tan sumamente mal como para no poder realizar él mismo el ritual, podía ponerse en su lugar a un teneku o sustituto. Seguramente, uno u otro tuviesen que realizar después alguna prueba física que mostrase la vitalidad ganada, por lo que en algunas representaciones puede verse al faraón corriendo tras finalizar el ritual. Y no habría que descartar que también llevase a cabo, al menos simbólicamente, algún acto relativo a la fecundidad y fertilidad de la tierra.

La prosperidad del reino, sólo era posible si el faraón, responsable entre otras cosas de las crecidas del Nilo, mantenía todo su vigor. Este concepto también lo encontramos en una leyenda tan alejada aparentemente del mundo egipcio como es la artúrica, con el rey pescador, cuya herida impide la fertilidad de la tierra, o el propio Arturo moribundo, para el que se inició la búsqueda del Grial reparador y rejuvenecedor, que en el mundo celta representaban con un caldero mágico.

© Manuel Velasco

agosto 09, 2009

Chiang Rai y el Triángulo de Oro


CHIANG RAI Y EL TRIANGULO DE ORO
(TAILANDIA)

artículo publicado en la revista mexicana GeoMundo / 1999

Manuel Velasco

Chiang Rai, la ciudad más norteña de Tailandia, nos da la bienvenida con una ligera llovizna en una tarde grisácea; pero, si acaso eso presagiaba algo negativo, la visión que tengo desde la terraza de mi habitación, en el hotel Baan Boran, lo contrarresta totalmente: un aire dulce, cálido, con una textura casi sólida me envuelve en una oscuridad iluminada por las fosforescencias intermitentes de cientos de luciérnagas que evolucionan sobre los matorrales o sobre las aguas del río cercano, además de la sinfonía de miles de grillos y ranas. El malai o guirnalda de bienvenida, añade su aroma de jazmín a la escena.

El amanecer no hace sino confirmar las primeras impresiones. Tras la profusa vegetacióAn tropical, las aguas del río Ruak acogen las barcas de algunos pescadores, mientras las brumas matinales casi ocultan a lo lejos la ancha franja del Mekong, río que se hizo célebre internacionalmente desde la guerra de Vietnam, aunque ya entonces contaba con una larga historia.

Justamente son estos dos ríos los que constituyen la frontera natural entre Tailandia, Laos y Birmania. Este es el famoso Triángulo de Oro, como atestiguan algunos monumentos y señales puestos por doquier de cara a los turistas, junto al viejo símbolo de las plantas de opio (Papaver Somniferum)].

Ahora los tres países fronterizos del Triángulo se han unido a China en un tratado económico que permite el paso de mercancías prácticamente libre de impuestos, cosa que han sabido aprovechar los chinos para abrir nuevos mercados, llegando a montar factorías en el sur de su país para facilitar las cosas. En el embarcadero de Chiang Saen pueden verse desvencijados y cochambrosos barcos militares desahuciados por el ejército, sobre los que ondea la bandera china, y que sirven a los nuevos mercaderes para llevar esas mercancías (artesanía y objetos de decoración) que tendremos la oportunidad de ver a lo largo y ancho de la región.

A primera hora de la mañana, vemos a los monjes budistas, ataviados con su llamativas túnicas color azafrán, recorrer las calles con sus carritos para recibir la donación de comida por parte de los creyentes. No hay palabras, ni gestos de saludo ni menos aun muestras de agradecimiento. La donación de comida a los monjes es un deber de los creyentes con el que hacen méritos para su vida futura; por lo tanto, no hay nada que agradecer.

Tras acercarnos al mirador de Sop Ruak, donde se divisa la unión geográfica de los tres países, hacemos una excursión en lancha por las aguas del río Mekong, cruzando las imprecisas fronteras acuáticas, aunque sin tomar tierra. Las alargadas lanchas, muy potentes debido a sus motores de camión adaptados, se deslizan rápidamente sobre las aguas, produciendo un ruido infernal. En la orilla de Laos se han montado algunos tenderetes sobre pilotes, por lo que, al no pisar tierra, técnicamente no se entra en el país cuando se sube para comprar algún refresco o alguna camiseta que atestigüe el haber estado en Laos. Los pescadores, en pequeñas canoas movidas a remo, realizan pacientemente sus funciones; los niños, a la salida de la escuela, se refrescan alegremente en las turbias aguas. 



LAS TRIBUS DE LAS MONTAÑAS
El principal motivo por el que los viajeros llegan a esta tierra es el de visitar las tribus de las montañas. Estas tribus están repartidas entre los cuatro países que conforman el tratado del Triángulo de Oro, pero al haber sido Tailandia el único país sin restricciones para el libre movimiento del viajero, son las suyas las más conocidas en occidente.

Hay en estas montañas del norte seis etnias distintas: Karen, Meo, Akha, Lahu, Lawa, Lisu y Yao (a algunas se les puede denominar con otros nombres), cada una con su propia cultura, lengua y religión, que han ido llegando en sucÚesivas migraciones relativamente recientes (la principal ocurrió a comienzos del presente siglo). Las persecuciones y las búsqueda de la supervivencia obligó a estos pueblos a buscar refugio en unas montañas donde la vida era difícil, con una tierra no demasiado apta para los cultivos -excepto de opio- ni para el pastoreo. Este afán de supervivencia como una comunidad diferenciada los ha mantenido sin mezclarse con otras tribus, por lo que cada una tiene su propia manera de vestir, sus propios rituales, integrados en la corriente animista, y su propia forma de entender la vida.

Tras tomar una lancha en el embarcadero de Lumit y recorrer un tramo del río Kok, el primer pueblo de las montañas que visitamos es la tribu Karen, también llamada Kariange o Yang. Los Karem proceden de Birmania, en cuyas montañas del este viven unos 4 millones, aunque se cree que originariamente llegaron desde el Tibet. Los frecuentes problemas con el ejército birmano ha ocasionado una recurrente migración, no vista cone buenos ojos por el gobierno tailandés, que no puede hacer mucho por evitarla, excepto cerrar el punto fronterizo de Mae Sai cuando hay enfrentamientos armados. Se calcula una población de alrededor del medio millón de karens, lo que les convierte en la tribu más numerosa del norte de Tailandia; a pesar de eso, son los que menos rasgos distintivos muestran, ya que se han integrado bastante en la cultura tailandesa.

El poblado que visitamos cuenta con unos 615 habitantes divididos en 120 familias. Llegamos justo cuando los niños salen de la escuela perfectamente uniformados (camisa blanca y pantalón/falda negro) y se encargan de disuadir a los turistas para que les entreguen 1 bat o un caramelo; algunos al menos intentan vender pulseras hechas por ellos mismos. Como ya llevan 10 años recibiendo turistas, han aprendido frases en varios idiomas occidentales.•

Una señora ataviada con el traje tradicional, y que aparenta ser muy vieja aunque tal vez tenga poco más de cuarenta años, nos cuenta a través del guía las diferencias visibles entre una mujer casada (falda roja, tatuajes) y una soltera (falda blanca, ausencia de tatuajes), siendo las chicas casaderas las que más cuidan su apariencia. Mientras los hombres cazan, cultivan los campos o se encargan de llevar turistas sobre elefantes, las mujeres atienden los tenderetes de artesanía.

Este es un pueblo curiosamente cristiano (también lo son algunos pueblos Lahu). Es por eso que aquí no hay ninguna casas de los espíritus, como ocurre en otras etnias e incluso entre la población tailandesa en general. De igual manera, es la única tribu donde no se acepta la poligamia.

Al día siguiente subimos la sinuosa carretera de la montaña Doi Mae Salong, donde podemos visitar otras dos tribus: los Yao y los Akha, que tradicionalmenteÌ han vivido del cultivo del opio, ya que la temperatura de su zona es ideal para conseguir buenas cosechas. Tras la ilegalización de este producto, el gobierno tailandés les proporciona semillas para que cultiven maíz, arroz, café, té, soja.

Los Yaos, también llamados Mien, son originarios del sur de China, y allí es donde vive la mayoría, aunque están distribuidos entre Laos, Vietnam y Tailandia, llegando a esta región de Chiang Rai en la segunda parte del pasado siglo. Actualmente viven del cultivo de café, té, maíz, cebollas y otras verduras aprovechando como pueden las pendientes de las colinas. Las mujeres lucen unos curiosos turbantes negros, que son muy importantes en su vida social, ya que no deben enseñar su cabello en público, su otra especialidad son las telas bordadas. Aquí se casan muy jóvenes y sólo entre miembros de la misma étnia y el hijo primogénito no se puede ir de la casa de los padres, ya que es el encargado de cuidarlos cuando sean viejos.

La mayor diferenciación deÌ los Yaos respecto a las otras etnias es el uso de la escritura, conservando documentos sobre sus orígenes, además de textos religiosos e infinidad de leyendas, entre las que se incluye el haber cruzado un mar. La lengua es un dialecto del chino-tibetano y escriben con caracteres chinos.

De igual manera, su sentido religioso está influenciado por el taoísmo, al que se añade el animismo, por lo que cuentan con sacerdotes y chamanes, cada uno ejecutando las diversas ceremonias ya sean dirigidas a los dioses o a los espíritus de la naturaleza respectivamente; en los rituales tienen gran importancia los textos sagrados escritos, así como las concienzudas pinturas que forman parte de muchas ceremonias. Estos cuadros, cuando son viejos y deben reemplazarse por otros, se los venden a los turistas, tras ser previamente desconsagrados.

En el poblado Baan Huay Nam Yen, una calle limitada por una profusa vegetación tropical, entre la que destacan por su propio valor las plantas de bambú y las heliconias, nos lleva hasta una guardería patrocinada por Unicef, donde los niños reciben una aportación extra de leche y yodo que les apartará del peligro de sufrir el bocio.

Las mujeres ocupan rápidamente sus puestos tras los tenderetes ante nuestra llegada; nos llaman a voces y usan con destreza la calculadora para el ciclo de oferta-contraoferta, aunque aquí el regateo no llega a los límites que en Bangkok; incluso prefieren perder la venta antes que hacer demasiadas concesiones. Una anciana sale a nuestro camino, se sienta y enciende una pipa de bambú, presumiblemente cargada de opio, y, ante la negativa de darle dinero a cambio de mirarla, nos suelta todo tipo de improperios.

Por su parte, los Akha, originarios de la región china de Yunnan, son una de las etnias menos numerosas (unos 30.000), a pesar de tener el mayor numero de poblados tribales de esta región. Según nos cuenta la guía, aquí los perros negros son un elemento gastronómico muy preciado, llegando a estar cotizado en un equivalente a 10$.

Aunque las jóvenes lucen camisetas con letreros "occidentales", las mujeres van ataviadas con trajes típicos, en los que destaca una especie de minifalda negra y un característico turbante adornado con monedas, semillas y borlas. Conocen el valor de su imagen y no dudan en pedirnos 10 bats a cada uno por dejarse fotografiar. Y si alguna no consigue la cantidad pedida -las monedas llegan a terminarse tras haber pasado por los otros poblados-, una sarta de lo que deben ser palabrotas y maldiciones surge de sus bocas, como si se sintiesen estafadas por esos miserables extranjeros que no son capaces de apreciar su arte. Otras, al ver que ya no hay más monedas que rascar, se conforman con un cigarrillo. Algunas ancianas, además de fumar continuamente de una pipa, mastican una bola de betel que les ha vuelto de color rojo en interior de la boca.

En los tenderetes, además de los consabidos objetos decorativos chinos, hay machetes, máscaras, tejidos y, sobre todo, pipas metálicas o de madera de todos los tipos y tıamaños. Y es que los akha no ocultan su amor por el opio; incluso en una cabaña invitan a los turistas a fumar la planta prohibida, previo pago de 100 bats por una calada en una pipa comunal.

Para los akha es muy importante el conocer de memoria la genealogía completa de cada uno; y todas comienzan lógicamente con el primer hombre, llamado Sm Mi O. Las casas tienen dos puertas y dos partes perfectamente diferenciadas para uso de los hombres o de las mujeres; un invitado masculino no puede entrar en el área femenina, en cambio una mujer puede entrar en las dos. Así mismo, los invitados deben salir por la misma puerta por donde entraron. Todas las casas tienen un altar para los espíritus ancestrales de la familia. Por encima de estos espíritus está el Señor de la Tierra y el Agua, protector del poblado, y por encima de este, el dios supremo, llamado Apoe Miyeh. En las dos entradas del poblado hay sendas "puertas de los espíritus", que es un espacio al aire libre limitado por una valla de troncos, doÁnde hay unas imágenes totémicas que nadie debe tocar; representan cuerpos masculinos y femeninos perfectamente definidos, a veces involucrados en explícitas actividades sexuales. Estas figuras son cambiadas cada año en una ceremonia especial y los akha les hacen sus peticiones, con ofrendas de dinero, comida y bebida. Esta puerta es una barrera contra los espíritus ajenos al poblado; también sirven para purificar a los propios pobladores cuando regresan de un viaje. En ningún caso deben ser tocadas por los extraños. Al igual que en otras tribus, las relaciones con la divinidad son llevadas por un sacerdote, mientras que los temas relacionados con los espíritus los soluciona el chamán.

Son tiempos de profundos cambios para las tribus de las montañas tailandesas. La transformación de su economía, basada en muchos casos en el cultivo del opio, hacia elementos menos rentables se complementa con el turismo, con lo cual surge una nueva alteración: una "sesión de fotos" en un día que llegueÚn muchos turistas resulta más rentable que cultivar la tierra. Ahora la electricidad les separa del ritmo de la naturaleza que ha marcado tradicionalmente sus vidas; los jóvenes van a la escuela y aprenden tailandés y un concepto de existencia que poco tiene que ver con el de sus mayores, cuya vida ya les resulta demasiado dura. También hay que contar con que el terreno disponible en las montañas ya está saturado; el movimiento sólo es posible hacia el sur, donde la llamada de la "civilización", con sus brillos y engaños es tan poderosa como uniformizadora.

Al regresar, vemos como en la otra montaña del lugar, Doi Tung, sobresale la dorada cúpula del templo de Wat Phra Thaat Doi Thung, a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar. Antes de abandonar las montañas, aun tenemos tiempo para entretenernos en un mercadillo al lado de la carretera, donde mujeres de varias tribus venden su artesanía; en algunos tenderetes encontramos productos que no hemos tenido la oportunidad de ver en las tribus vispitadas, como botellas de licor donde han introducido culebras, lagartos, escorpiones o raíces de ginseng. Aseguran que un buen trago de estos licores acrecienta la virilidad, tema este que al parecer preocupa mucho por aquí, ya que además de estos afrodisiacos más o menos naturales, nos ofrecen unas pastillas "para los que la tienen pequeña y floja", como nos traduce la guía, que no puede simular su risilla pícara. El prospecto de tal fármaco está escrito en chino, pero las imágenes con que está ilustrado no ofrecen ninguna duda acerca de su utilidad.

La despedida de Chiang Rai tiene lugar en un restaurante tradicional, donde previamente nos hemos quitado los zapatos. Los asientos son muy bajos -deben ser especiales para occidentales, ya que los nativos se sientan en otros a ras del suelo- y en las pequeñas mesas circulares van dejando pequeños recipientes metidos en cestitas de bambú: sopa, ensaladas, fritos, guisos; todo junto, porque en la gastronomía tailandesa no hay un orden determinado para comer los alimentos. Según se van vaciando (excepto uno que es excesivamente picante y se queda casi intacto), los van reponiendo hasta que nos sentimos saciados. Mientras tanto, sobre el escenario evolucionan unas bellísimas bailarinas que nos deleitan con sus danzas tradicionales del norte de Tailandia.

RECOMENDACIONES PARA VISITAR LAS TRIBUS DE LAS MONTAÑAS
  • Al visitar las tribus, no entrar en casas que tengan un signo tabú, como una especie de estrella de bambú bajo la puerta o bajo el techo. Estos signos suelen indicar que la casa está pasando por un ritual religioso y solamente pueden entrar los miembros de la familia.
  • Si se es invitadIo a entra en una casa, no tocar el altar de los espíritus ni el fogón.
  • No hacer fotos a personas enfermas.
  • Llevar suficientes monedas sueltas y cosas tales como caramelos o las pastillas de jabón del hotel.
  • Los que vayan en pareja no deben mostrar signos de afecto, como besarse, que pueden ofender las costumbres locales.

MEKONG: EL NEGOCIO DEL OPIO
Este fue (y aún no ha desaparecido) el gran negocio de la zona, porque allí crece de forma natural y es usado desde tiempos inmemoriales. Para algunas tribus de las montañas sigue siendo la principal fuente de ingresos, aunque al negocio también habría que añadir la adición, que causa estragos entre ellos: un adicto necesita fumar alrededor de 30 pipas diarias; tras la cortina de bienestar, ausencia de preocupaciones y sueños agradables, llega, según dicen los expertos, la náusea, l‹a apatía, el abotagamiento físico y mental, el desinterés por la comida y el sexo. Y la imperiosa ansiedad por volver a fumar. Una "perfecta" preparación para la muerte.

Pasaron ya los tiempos en que la British East India Company controlaba prácticamente todo el tráfico de opio hacia China a cambio de té y seda. La adición al opio en aquel país llegó al punto de provocar dos guerras en el pasado siglo, hasta que el gobierno chino no vio otra solución que legalizar el comercio, imponiendo unas fuertes taxas. Pasaron también los tiempos en que el relevo del control del tráfico pasó, desde Indochina, a manos del gobierno francés, con cuyas ganancias sufragaron sus gastos militares.

El cultivo del opio en Tailandia se declaró ilegal en 1959, aunque, a pesar de los esfuerzos del gobierno, aun se comercia con grandes cantidades de droga, ya que el norte del país es el agitado punto de intercambios entre Birmania y Laos, países donde la producción sigue aumentando. En Birmania hay dos grupos guerrillero-mafiosos que controlan el comercio: el Ejército del Estado de Shan, que promueven la independencia del dicha región birmana, y el Kuomintang, que representa al gobierno chino pre-Mao. Con las armas en la mano, reclutan jóvenes de las tribus de las montañas, además de imponer precios y niveles de producción. Las factorías de conversión del opio en heroína a lo largo de la frontera birmana están fuertemente custodiadas por grupos bien armados e incluso por campos minados. Y a pesar de la enorme cantidad de ganancias que este comercio proporciona (o tal vez por eso) las revoluciones que dichos grupos propugnan nunca tienen lugar.


artículo publicado en la revista GeoMundo
© Manuel Velasco

julio 23, 2009

Tabarca

ISLA DE TABARCA
Comunidad Valenciana

Manuel Velasco
(publicado en Grandes Viajes)


Pasaron ya los tiempos en que esta pequeña isla fuese una base para que los piratas barberiscos planeasen sus correrías por tierras de levante.

Afortunadamente, los barcos que ahora se acercan a Tabarca vienen cargados de turistas dispuestos a pasar una jornada agradable y a comer un buen arroz en alguno de los numerosos restaurantes.

Su nombre procede de la isla homónima de Túnez, de donde fueron liberados unos trescientos prisioneros genoveses por Carlos III, tras el pago de un considerable rescate, a quienes se les ofreció habitar esta isla; a partir de entonces dejó de ser tierra de nadie o refugio de piratas. Quienes pueden apreciarlo, dicen que a los actuales tabarquinos se les nota cierto deje italiano cuando hablan en valenciano.

En las fotos aéreas, Tabarca parece un ocho; uno de los lóbulos lo ocupa el pueblo y el otro está libre. Vista desde el mar, sus poca altura apenas la hacen sobresalir entre el horizonte hasta que el barco está bastante próximo.

El pueblo está rodeado por una muralla, siendo posible el acceso por tres puertas: San Rafael, cerca del puerto, San Miguél, cerca de la iglesia, y San Gabriél, en el extremo del pueblo, frente a la costa de Alicante. Mientras que la parte que podemos llamar campo está bordeada por un sendero que nos lleva por el contorno de esta parte de la isla, donde hay pequeñas calas ideales para el baño en sus agua limpias o pequeños acantilados, perfectos para la pesca (lubina, mero, dorada), y otro sendero que lo atraviesa por el centro y que nos lleva hasta el faro, rodeado de una rala vegetación de matorrales y chumberas; no hay un solo árbol debido a los fuertes vientos y a la falta de agua. Cerca del cementerio podemos contemplar el islote de la Nao y, según bordeamos la isla, otros con nombres tales como el Escull Roig, la Galera o la Cova del Llop Marí; este último se llama así (Cueva del Lobo Marino) porque en un tiempo albergó una comunidad de focas monje.

Pero como llega la hora de comer, volvamos al pueblo entrando por la puerta de San Rafael. Numerosos restaurantes ofrecen el reclamo de sus buenas comidas. La especialidad lógica, teniendo en cuenta donde estamos, son los arroces y los pescados. Los menús y los precios se repiten de forma casi clónica: arroz negro (con calamares), arroz caldoso (arrós caldoset) con lechola, fideuá. Nos decantamos por uno que no conocemos: caldero, compuesto de dos platos: el primero con el pescado y el segundo con el arroz cocido en el caldo del mismo pescado, acompañado de ali-oli.

Terminada la comida, aun queda tiempo para darse otra vueltecita y ayudar a la digestión. La iglesia, teniendo en cuenta el ancestral gusto de los piratas mediterráneos por estas costas, se construyó a modo de fortaleza, con un gran espacio subterráneo que los tabarquinos utilizaban para refugiarse cuando la ocasión lo requería; está dedicada a San Pedro y San Pablo y es de estilo neoclásico.

Y llega la hora de salida del barco de regreso, pero quienes quieran permanecer más días en Tabarca tienen a su disposición el Hotel Casa del Gobernador, bonito edificio restaurado que fue hasta el siglo pasado la sede del jefe militar de la isla.

artículo publicado en la revista Grandes Viajes / 1997
© Manuel Velasco

julio 13, 2009

El mundo feérico irlandés



EL MUNDO FEÉRICO IRLANDÉS
(Seres invisibles de Irlanda)

artículo publicado en la revista Año Cero

Manuel Velasco


La conocida división política de Irlanda, con una frontera que separa la que fue provincia del Ulster, haciendo de ella territorio extranjero, o el compartir dos idiomas tan dispares entre sí como el gaélico y el inglés, o la convivencia y yuxtaposición entre las viejas tradiciones y el cristianismo tal no sean sino reflejos de la polaridad que siempre ha tenido la isla, donde sus habitantes han visto la vida y el mundo como una moneda cuyas caras están indisolublemente unidas y separadas a la vez, independientemente de que se las pueda ver al mismo tiempo o se las pueda tocar con las manos o no.

Los cuentacuentos irlandeses especializados en el mundo feérico recibían el nombre de seanchai y se le consideraban unas habilidades para comunicarse con el sidhe. Cada comarca tenía el suyo, hombre o mujer de avanzada edad, capaces de encantar a su audiencia con su voz, su gesto y su capacidad de transportar a los oyentes al mundo mágico irlandés. Después de que Irlanda recuperase su libertad, la Comisión de Folclore buscó a cualquier seanchai que quedase en las áreas rurales más recónditas para recuperar esa valiosa herencia de cuentos tradicionales que, al igual que sus narradores, estaban a punto de extinguirse para siempre.

Aun recuerdan los expertos en este tipo de historias como una legión de jóvenes irlandeses, con más ilusión que medios, recorrieron los más tortuosos caminos en bicicleta con una rudimentaria grabadora que debían conectar a un pequeño generador que proporcionaba electricidad con los pedales de la bicicleta. El fruto de aquellos viajes reposa apaciblemente en los archivos del Trinity College de Dublín: más de dos mil volúmenes manuscritos, a los que hay que añadir los que resultaron de la siguiente iniciativa. Se pidió a los niños irlandeses que copiaran los cuentos de todo tipo que escuchaban a sus mayores.

Cabe destacar las historias recogidas por Sean Ó Echoaid, que en los años 40 y 50 recorrió todos los caminos de la provincia de Donegal recogiendo historias de unos 1500 seanchais, hasta el punto de recibir un doctorado honorario por parte de la Universidad de Irlanda. Él pudo comprobar que la creencia en los seres feéricos no era algo perdido en el pasado, ya que uno de sus mejores fuentes de información fue su propio abuelo, que, entre otras historias, contaba su propia experiencia de avistamiento feérico.

Sidhe

Desde muy antiguo, los irlandeses creían firmemente en que el suelo que ellos pisaban y habitaban era sólo la parte física de una estructura más compleja. Ciertos lugares, como lagos, colinas o sobre todo los túmulos que esparcieron por la isla los pueblos megalíticos eran la puerta que comunicaba este mundo con el sidhe (se pronuncia si), el mundo feérico donde habitaban otro tipo de seres.

Este sidhe era un mundo paralelo, ocupando posiblemente el mismo espacio pero en distinto tiempo, por lo que sólo en ciertos momentos muy concretos del calendario era posible la comunicación entre ambos mundos.

Como ya hemos visto, según las tradiciones paganas, estos seres feéricos son aquellos Tuatha Dé Danann que acabaron retirándose voluntariamente al submundo, dejando el plano físico a los milesianos llegados de Iberia. Estos seres aparecen habitualmente en las leyendas celtas en la forma divinizada de los antiguos daneanos, como es el caso de Lugh en la historia de Cu Chulainn o la Morrigan que vuela sobre los campos de batalla.

La principal entrada a su mundo estaba en Bru na Boyne, que se abriría en determinadas circunstancias, sobre todo en la noche de Samhain. El nombre gaélico de Newgrange era Sí an Bru, y una leyenda celta asegura que era el palacio de Aonghus, dios del amor, hijo de Boann (Boyne). El antiguo nombre de Howth fue Sícnogba, y también está relacionado con la leyenda del dios Aonghus, que aquí encontraría los restos mortales de una mujer a la que él amaba. El de Dowth era Sí Dubhaish, que está relacionada con cierto rey Bresal que embrujó a los hombres de Irlanda para que le construyesen una montaña artificial que llegase hasta el cielo, consiguiendo también que su hermana detuviese el sol. Todo lo perdió aquel Bresal cuando se empeñó en cometer incesto.

Como vemos, todos ellos comienzan por Sí, que indica la vinculación de esos lugares con el sidhe.

También hay muchas leyendas sobre hombres que entraron en este mundo mágico, también llamado Tir Nan Og o País de la Eterna Juventud, por un corto tiempo, o al menos eso creían ellos. Pero la nostalgia de su tierra y los suyos les provoca finalmente la necesidad de regresar. Y resulta que en el exterior han transcurrido años, incluso siglos, por lo que nadie les reconoce. Algunos, además al tocar la tierra se desmoronan, ya que el cuerpo físico recupera de pronto los años que debería tener en el mundo de los humanos.

Algunas historias citan a personas que han escuchado la “música del shide” como uno de los hechos portentosos que ocurren de vez en cuando. Y se cree que las grandes canciones tradicionales, tanto las que incitan a bailar como las que parecen cargadas por la nostalgia de unos tiempos perdidos, las (re)compusieron los músicos humanos tras haberlas escuchado a la luz de la luna sobre alguna colina o en las proximidades de un bosque.

Otras personas, sobre todo mujeres (bean feasa), recibían inspiración para las funciones de curanderismo, sobre hierbas y conjuros. Tal vez la más conocida de estas mujeres, Biddy Early, por haber sido inmortalizada en una historia del escritor Yeats, que la conoció y la citó como la más sabia entre las sabias mujeres.

Los ángeles caídos

Pero el mundo feérico también tiene otros seres con un aspecto menos amable, a pesar de que algunos los consideren descendientes de aquellos Tuatha Dé Danann. Las leyendas cristianas, como las recogidas por el experto en seres sobrenaturales irlandeses Bob Curran, señalan a los habitantes del sidhe como ángeles caídos que no participaron en la rebelión de Lucifer, pero, como tampoco la combatieron, fueron castigados por su no participación junto al bando vencedor. Así fueron diseminados por los lugares remotos de la Tierra, unos en las profundidades del mar, otros en el subsuelo y algunos más en el aire.

Con el nombre genérico de hadas (fairies) se engloba a todos ellos. En medio de algunos campos cultivados irlandeses se encuentra un árbol al que nadie se ha atrevido a cortar, ya que los campesinos saben que está habitado por hadas; los niños pueden subir a sus ramas, pero los adultos tienen prohibido incluso tocarlos, so pena de recibir sus iras. Otra cosa que antes se tenía muy en cuenta a la hora de construir una casa era que no entorpeciera un camino de hadas, por lo que antes se ponían unos postes indicando los límites de la futura casa; si no ocurría nada, se seguía adelante. Si alguno de los postes era derribado, mala señal, había que cambiar el emplazamiento.

Y es que, a pesar de los muñequitos simpáticos que se venden como recuerdo por toda Irlanda, a los que llaman “buena gente” o de los cuentos endulzados tipo Disney, estos son seres de temperamento impredecible, atribuyéndose sus habituales malas acciones a los celos que sienten por los seres humanos por tener estos la oportunidad de comunicarse con el dios que ellos perdieron; también por eso evitan acercarse a las iglesias y a las casas de los curas. Eso sí, se cuenta que si los católicos los condenaron, los protestantes hasta prohibieron que se pensara en ellos. La evolución que tuvieron según el lugar donde fueron puestos acabó dándoles las características que han perdurado en el folclore irlandés.

Estos son algunos de ellos:

  • Los grogoch, originariamente medio humanos medio feéricos llegados desde la cercana Escocia (donde son conocidos como brownies), tienen la apariencia de un niño muy viejo, sin que haya noticias de la existencia de hembras grogoch. Van desnudos, aunque cubiertos por un espeso y generalmente sucio pelo, por lo que a los niños que sienten rechazo por la higiene se les llama grogoch. Los lugares donde habitan suelen estar cerca de la costa y tienen dos piedras, una más larga apoyada sobre la otra. Están considerados como los seres feéricos más amables con los humanos, llegando a ayudar a los granjeros a recoger sus cosechas; al no tener grandes necesidades de comer o dormir, pueden trabajar día y noche y no comprenden que los humanos pierdan el tiempo durmiendo. Por eso, las mañanas de los domingos, cuando esos granjeros aprovechan para no madrugar, ellos saltan sobre la cama para despertarlos violentamente. A cambio de su trabajo sólo piden un poco de leche.
  • El grey man (hombre gris) también conocido como el “viejo sinhuesos”, al parecer recibió culto como un dios climatológico. Suele aparecer entre la niebla o en el humo de las chimeneas. Cuando está de malas es capaz de ocultar las rocas de una costa para que los barcos encallen en ellas o el precipicio al borde de un camino para que los viajeros caígan por él. Si entra en una casa, puede echar a perder las patatas almacenadas o prender fuego a la turba. Los constipados y las irritaciones de gargantas también se le atribuyen.
  • Los sheerie son seres feéricos del aire, con aspecto de bebés rodeados de una luz fosforescente. Se les considera como los más peligrosos por ser las almas de niños que murieron sin ser bautizados y su presencia siempre entraña alguna maldad para los humanos. Algunos campesinos tienen una oración especial: “Líbranos, Señor, de fantasmas y sheeries”. Les gusta asustar a quienes viajan por parajes solitarios, hasta que la persona acaba perdiendo la orientación y el control de sí mismo.
  • Los changellings protagonizan las recurrentes historias acerca de los niños cambiados. Como si la naturaleza de ciertos seres feéricos se hubiese colapsado, naciendo pocos bebés y siendo estos habitualmente deformes, las madres intentan cambiarlos por algún recién nacido en el mundo de los humanos, sobre todo si aun no han sido bautizados y sus padres no paran de contar maravillas de él. El bebé sustituto, al crecer, sólo será feliz ocasionando calamidades. Su mirada maligna expresará una experiencia y conocimientos totalmente ajenos a la edad que tiene. Los dientes le saldrán muy pronto y nunca se sacia su hambre, pero sus piernas permanecerán extremadamente delgadas, teniendo dificultades para andar. Su única cualidad buena es su talento en el terreno musical, siendo capaz de tocar cualquier instrumento que caiga en sus manos. Las leyendas sobre estos seres, muchas veces describen las patologías típicas de la cosanguinidad, por lo que los religiosos bien pudieron achacar tales nacimientos a los pecados cometidos por los padres. El remedio cristiano para evitar el chagelling es rociar la habitación, la cama y la madre con agua bendita.
  • Los pooka son también muy peligrosos. Suelen aparecer en tiempos de cosecha para quedarse con unas cuantas espigas. Como pueden hablar como los humanos, a veces se ponen delante de una casa y llaman por su nombre a algún habitante; si este no acude a la llamada, puede entrar y destrozar todo lo que encuentre a su paso. Según cuentan algunos campesinos, se han dado ocasiones en que un pooka no sólo no se ha mostrado violento sino que ha llegado a hacer profecías a los humanos que le han hecho preguntas con respeto. Al parecer llegaron con los invasores vikingos, que le daban el nombre de puk. Tal vez por eso el rey irlandés Brian Boru, que llegaría a derrotar al ejército vikingos antes de morir, un día consiguió atrapar a un pooka y le obligó a prometer que nunca atacaría a los irlandeses cristianos, excepto si estaban borrachos o tenían malas intenciones. El pooka aceptó, pero parece ser que las promesas hechas a un humano, por muy rey que sea, no las consideraba muy vinculantes.
  • Las banshee dividen la opinión de los estudiosos de este tipo de seres, ya que para unos es parte del mundo férico mientras que para otros son fantasmas que regresan con fines unas veces preventivos y otras vengativos. Su apariencia puede ser completamente humana, con el triple aspecto de las diosas trinitarias celtas: mujer joven, madura o vieja. A Cu Chulainn se le apareció una de ellas poco antes de morir. Estaba lavando unas ropas manchadas de sangre que el héroe reconoció como propias. También pueden anunciar próximas muertes en la forma de “pájaro de mal agüero” o animales tales como comadrejas o armiños.
  • Los merrows, también conocidos como silkies o sirenas, son uno de los seres sobrentaurales más universales, ya que es raro no encontrarlas en cualquier otra cultura. Al parecer hay una enorme diferencia entre machos y hembras, siendo los primeros extremadamente feos; tal vez por eso, las hembras son tan dadas a buscar relaciones con algún hombre, incluso perdiendo voluntariamente sus facultades mágicas. Las tradiciones irlandesas están llenas de historias sobre seres de este tipo, que en un momento determinado quisieron pasar una temporada en el mundo de los humanos, llegando a compartir la vida con un hombre y tener hijos. Tal vez estos seres necesitaban un periodo de ajetreo y emociones fuertes, para después regresar a su lugar de origen, donde la vida debía ser tan perfectamente equilibrada que llegaba a cansar. Algunas familias irlandesas de renombre afirman tener en su árbol genealógico a alguna merrow. En las costas del norte, las tradiciones las retratan revestidas de una piel de foca; si un hombre consigue esta piel, podrá mantener a la sirena bajo su poder. Algunas merrow fluviales son portadoras de malos augurios: quien las vea morirá en un año.
  • Los leprechaun al parecer son los seres feéricos más numerosos y más extendidos por toda Irlanda. Al igual que otras razas feéricas, sólo se sabe de la existencia de varones, por lo que se especula su procedencia en las uniones de humanos y algunos seres feéricos. Tienen la forma de pequeños viejos zapateros, vestidos con un traje verde, y son borrachines y fumadores. Además de su afición por la zapatería, se les atribuye el ser los banqueros del mundo feérico, ya que guardan celosamente todos los tesoros que encuentran bajo tierra. La mayor parte de ellos perteneciente a los vikingos cuando estos ocupaban gran parte de la isla; unos enterraron el oro por razones de seguridad, pero murieron antes de poder recuperarlos, y otros fueron enterrados con todas sus riquezas. Muchos humanos intentan capturar a uno de ellos, ya que su posterior liberación supone la recompensa de uno de los tesoros que él tiene guardados. En raros casos, buscan la amistad con algún humano, al que le hacen arreglos en la casa, sobre todo en sus zapatos, a cambio de un poco de licor.
  • Los dullahan es un jinete descabezado (lleva la cabeza sujeta por los pelos con una mano). Aparecen de noche, galopando por los campos, y sólo pueden pronunciar una palabra cada vez que salen al mundo terrenal: el nombre de una persona que va a morir próximamente. Sólo una pieza de oro puede detenerlo, ya que tiene miedo a este metal. Al parecer este personaje está relacionado con un remoto dios llamado Crom Dubh, que exigía sacrificios humanos por decapitación a cambio de una buena cosecha.

También existe la teoría de que todo este mal comportamiento por parte de los seres feéricos no responde a otra cosa que a su función de guardianes de la tierra; cuando los hombres rompen el equilibrio, ellos atacan. Faltaría saber si lo hacen a los culpables de verdad o si dirigen su ira de forma incondicional hacia el primer humano que encuentran en su camino.

artículo publicado en la revista Año Cero / 2003
© Manuel Velasco
>Breve Historia de los Celtas
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julio 08, 2009

Helsinki

HELSINKI

artículo publicado en la revista Rutas del Mundo

Manuel Velasco

En este 2000, el medio millón habitantes de Helsinki, a la que han dado el sobrenombre de la joya del Báltico, celebra al mismo tiempo su cuatrocientos cincuenta anniversario y su capitalidad cultural europea. Miles de nuevos acontecimientos a lo largo del año, que se sumarán a los tradicionales de esta ciudad, que siempre ha gozado de una extensa oferta cultural.

¡Cómo puede cambiar el aspecto de una ciudad de un viaje a otro! Mi anterior estancia en Helsinki había sido un día frío y gris de invierno, haciendo un alto de camino a Laponia. A las cuatro de la tarde era ya noche cerrada y un par de horas después, terminado el horario de tiendas, hasta podría decirse que estaba visitando una ciudad desierta. Por eso, al volver en verano, casi no la reconozco. Y es que aquí, como en todo el norte europeo, las estaciones transforman completamente tanto a la ciudad como a sus habitantes.

Comienzo el recorrido desde la plaza Erotajja, que viene a ser el centro popular de la ciudad, con su escultura de Los Tres Herreros sirviendo como principal punto de referencia en el mapa, ya que de aquí salen las líneas de autobuses que más usará el viajero. También es el comienzo de la zona comercial, que se extiende a lo largo de la calle Aleksi y el bulevar Esplanadi, donde están los grandes almacenes, como Stockmann o Kluuvi, y las grandes tiendas de diseño finlandés, como Arabia o Marimekko. Las fachadas, las estatuas, algunos escaparates me devuelven una imagen anterior que apenas logro hacer coincidir con lo que tengo ante mi. No sólo es la temperatura o la luz; también es la gente, que ha abandonado el lógico aspecto hosco, fruto de pasar semanas sin ver el más mínimo rayo de sol, y ocupan calles, bares y terrazas, llenando la noche y el día de vida y color. Tras ver como los parterres de la parte central del bulevar casi son un desafío del color tras los largos meses de gris ambiental, me detengo en la cafetería Kapelli, tanto porque es un precioso edificio acristalado y con historia (abierto en 1838), como porque sirven una magnífica cerveza que elaboran en su propia destilería. Por si fuera poco, en frente hay un escenario al aire libre, donde a lo largo de todo el verano celebran un festival de músicas del mundo. Ese día le toca a un espectáculo flamenco al que sigue un grupo folclórico de Estonia

Al llegar a la altura de la estatua de Havis Amanda, ahora con sus surtidores de agua funcionando, no tengo más remedio que sonreir ante el recuerdo de su historia. Se trata de un desnudo femenino que en sus días levantó las iras de los puritanos; pero no sólo eso: la estatua iba a ser sufragada por un boticario rico al que le apetecía verla a través de la cristalera de su cercana farmacia. Al final, este señor se negó a pagar lo prometido y el escultor se vengó en la única manera que le fue posible: dirigiendo el considerable trasero de la señora de bronce hacia la farmacia (actualmente un restaurante).

A continuación está el puerto, que es un auténtico hervidero de gente y mercancías de todo tipo. Todas las mañanas se llena de tipismo y color cuando se instala allí un mercado al aire libre con un aspecto inusitadamente rústico para una capital. Dando una vuelta por los tenderetes, es posible comprar un kilo de salmón fresco, un gorro de piel de zorro, un "litro" de cerezas casi recién llegadas del mismísimo Valle del Jerte o un manojo de ramas de abedul para usar en la sauna. Algunos pescadores llegan desde las islitas diseminadas al sur de la ciudad y venden en sus pequeñas barcas varios tipos de pescado ahumado. Recuerdo mi viaje invernal en este mercado, cuando a las diez de la mañana apenas había dos tenderetes abiertos bajo una capa de nieve y una luz como de madrugada. El barco cafetería exhibía un letrero luminoso recordando a la clientela que en su interior hacían unos casi insultantes veinte grados de temperatura.

El puerto está rodeado de edificios rectangulares de colores claros sobre los que asoman las blancas líneas neoclásicas de la catedral luterana, terminada en una verde cúpula de zinc envejecido, presidiendo la plaza del Senado. El exterior de esta catedral es el lugar más fotografiado por los turistas en Finlandia, mientras que en el interior puede apreciarse una mínima decoración de sencillez casi espartana que contrasta enormemente con el interior de la catedral ortodoxa de Uspenki, en la pequeña isla de Katajanokka, también cerca del puerto. Esta última destaca por su fachada de ladrillo rojo y sus cúpulas en forma de cebolla. Resulta muy interesante entrar a las horas de culto, cuando los feligreses celebran unos ritos que acompañan de hermosos y largos cánticos, en una estancia rebosante de iconos de todos los tamaños y modelos.

Y ya que estamos entre templos, hagamos un salto en el mapa para visitar otra curiosa iglesia; para verla hay que acercarse hasta el céntrico barrio de Töolö, donde se encuentra Tempeliaukio, el Templo de la Roca, excavado en un enorme bloque de granito que simplemente se encontraba allí, en medio de los demás edificios, y las autoridades decidieron darle una utilidad sin necesidad de destruirlo. No sé cual sería la idea básica de sus arquitectos, pero dentro de este templo se percibe el sentido más ancestral de los antiguos cultos religiosos, celebrados en el interior de una cueva, donde se crea un ambiente sugerente que integra más fácilmente al hombre con la divinidad. Aunque también sirve para más cosas: dos músicos están ensayando un concierto que tendrá lugar por la noche.

LA PRIMERA SAUNA
A todo esto, ya es media tarde. Después de haber pateado bien la ciudad, ¿qué se puede hacer mejor en Finlandia (o Suomi, que es como los finlandes llaman a su país) que tomar una buena sauna? El mejor lugar es la Sociedad de Sauna Finlandesa (Suomi Sauna Seura). Está a las afueras de la ciudad, en una pequeña isla del área metropolitana llamada Lauttasaari, pero, como tengo la ventaja de conocerla, apenas tardo veinte minutos en llegar, con el autobús 20. Esta sauna también supone un cambio considerable; no en el interior, donde todo sigue perfectamente igual, si no en la parte exterior, que da al mar. En la ocasión anterior, estaba absolutamente congelado hasta donde la vista se perdía. Y aquí, la costumbre es meterse en el mar al salir de la sauna. Para hacer posible la inmersión en las gélidas aguas, había un compresor que conseguía que el agua se moviese en un radio de unos dos metros y así se mantuviese líquida.

Los expertos dicen que "las eléctricas no son sauna", pero aquí no hay que preocuparse por eso, ya que hay dos de "leña" y dos de "humo" (ver recuadro), o sea, las saunas finlandesas tradicionales. Y la verdad es que la diferencia es grande.

En la penumbra del interior de la sauna, unos charlan amigablemente y otro parecen encerrados en meditación. Mientras tanto, los poros se van abriendo ante la alta temperatura, que el termómetro muestra como cercana a los 100ºC. El sudor comienza a salir tímidamente. Llegado un determinado momento, alguien cercano a la estufa comienza el "löyly": echa agua sobre las piedras recalentadas a unos 500ºC, provocando una nube de vapor casi abrasador. Entonces el sudor parece empeñado en abandonar el cuerpo rápida y abundantemente. Cuando uno cree que ya tiene suficiente, es justo el momento de salir a refrescarse. Y aquí, además de las clásicas duchas, está la posibilidad de darse una zambullida en pleno mar Báltico.

Recuerdo como los finlandeses presentes en mi viaje invernal, cuando se enteraron que era español, se extrañaron sobremanera al verme tan dispuesto de ir hacia el mar al salir de la sauna, pensando tal vez que sólo me atrevería a meter un pie, si acaso. Más se extrañaron al ver como me metía completamente e incluso me mostraba feliz al salir. Ese es un momento especial, justo cuando el cuerpo reacciona y parece descargarse de todo aquello que le molesta, y la mente se siente igual de ligera. No todos ellos se atrevían, a pesar de ser parte de sus costumbres, y muchos se limitaban a sentarse en un banco que hay en la parte posterior, al aire libre, donde la temperatura era de -2ºC. Recuerdo como allí la piel adquiría un tono escarlata y la humedad parecía querer escapar del cuerpo en forma de nubecillas de vapor.

En verano, prácticamente todos van al mar, donde la temperatura del agua suele rondar los 10ºC. No es mucho, pero, comparando con el invierno, se puede considerar como suficientemente cálida. Después de un par de sesiones de sauna, este lugar dispone de un reconfortante salón donde descansar contemplando la naturaleza tras los amplios ventanales. ¡Qué poco estrés habría en nuestras grandes ciudades si dispusiésemos de saunas como esta!

LAS ESES DE FINLANDIA
El siguiente recorrido es por la parte noroeste de la ciudad, comenzando por el monumento al compositor Sibelius. Este monumento es doble; por un lado está su retrato y por otro una especie de racimo de tubos de metal que a veces suenan con el viento. Para muchos finlandeses de provincias este es un punto obligado para hacers la foto recuerdo, ya que Sibelius está considerado como uno de los mayores genios que ha dado esta tierra. Sus composiciones son contemporáneas al espíritu independentista finlandés, del cual son un símbolo.
Tanto lo aprecian que ha pasado a formar parte de las cuatro eses con que los finlandeses se autodefinen: sauna, Suomi, Sibelius y sisu.

Ya sabemos qué es la sauna y donde está Suomi y quien fue Sibelius. Pero ¿qué es el sisu? Es una palabra de difícil traducción y que viene a representar la ostinada determinación del caracter finlandés frente a la adversidad. Esa tenacidad les ha permitido soportar todas las visicitudes que la vida y la historia ha puesto sobre ellos, causados principalmente por su estratégica situación geográfica entre la Europa oriental y la occidental. Su enorme capacidad de "sisu" la demostraron bien tras la última gran guerra, cuando todos los finlandeses unidos y encabezados por su presidente más carismático, Urho Kekkonen, consiguieron hacer todo tipo de equilibrios posibles en la cuerda floja de la política internacional sin la ayuda de nadie, cosa que les reportó la independencia que no tuvieron otros países vecinos.

Por añadidura, hicieron de su país uno de los más prósperos, con algunas empresas como Nokia, Finnair o Karhu figurando entre las principales del mundo de su especialidad. También en papel finlandés se imprimen las revistas y los periódicos de muchos países y sus astilleros tienen una lista de espera de cinco años. Además del citado "sisu", hay otro factor importante que ha ayudado a conseguir todo esto: recientemente Finlandia ha sido reconocida como el país que mejor sistema educativo del mundo.

No muy lejos del monumento a Sibelius, hay un lavadero de alfombras con mesas donde la gente extiende la suya para lavarla con agua del mar, frotándolas con detergente y cepillo. Y esta es una actividad nada sexista; pueden verse indistintamente hombres, mujeres o en pareja, cumpliendo con esa tradicional tarea veraniega.

Más tarde, me acerco a uno de los lugares más bonitos de Helsinki: Seurassari, que es una pequeña isla boscosa al noroeste, a la que se llega atravesando un blanco puente de madera de estilo ruso. Además de su atractivo natural reflejado en la variedad de árboles y aves, esta isla cuenta con uno de esos museos al aire libre tan queridos por los nórdicos, con casas y construcciones rústicas antiguas, con su mobiliario y utillaje originales, trasladado allí desde sus lugares de origen por todo el país. En esta isla se celebran oficialmente las fiestas de entrada del verano, en la noche de San Juan (Juhannus), cuando el país se ilumina no sólo con el sol de medianoche sino también con miles de fogatas al lado del mar o de un lago. El fuego y el agua hermanados en la noche del día más largo, según las antiguas tradiciones recicladas por la cristiandad.

De nuevo es un buen momento para otra sauna (ya que estamos en Finlandia, hay que aprovechar). En esta ocasión será Kotiharju, en la calle del mismo nombre, que tiene la única sauna tradicional en el casco urbano. Allí conozco a Matti, que habla un poco de español (conoce la Costa Brava y las islas Canarias) y me cuenta la historia de esa sauna. Tras permancer cerrada durante décadas, los dueños emprendieron el pasado año la tarea de reabrirla, para lo cual tuvieron que recomponerla según los planos y las viejas fotos y dibujos que tenían. Las taquillas del vestuario femenino son las originales de los años veinte. El ambiente que reina en su interior es de amiguetes de barrio que aprovechan unas horas tanto para tomar la sauna como para charlar de sus cosas o jugar al ajedrez en el salón-vestuario.

Después de sudar un buen rato, me encuentro a una señora mayor en la zona de duchas. No es que me haya equivocado de puerta. Ni ella. Esta señora, al igual que en todas las buenas saunas públicas, es la encargada de lavar a quien se lo solicita, y recibe el nombre de kyluesttajä. En mi anterior viaje no tuve la oportunidad de pasar por esta experiencia, así que ahora aprovecho. Me tumbo en una mesilla alargada y dejo que la buena mujer enjabone y friegue mi cuerpo, por ambos lados, una y otra vez, con esponjas de distinta dureza, hasta dejarme la piel suave y resplandeciente, como si fuera de seda; y, por supuesto, bien requetelímpia.

Cuando acabo, vuelvo a la sauna, donde mi amigo Matti me cuenta algunas anécdotas del país: Parece ser que los finlandeses sienten una especial afición por batir cualquier clase de record y hasta han inventado sus propios juegos para figurar en los libros correspondientes, como por ejemplo, las carreras para hombres cargando con sus propias esposas o el lanzamiento de una bota Manhattan, de fabricación nacional. También tienen otros relativamente más sedentarios, como permanecer sentados en lo alto de una estaca (record finlandés de siete días) o enterrado en la nieve sin apenas ropa (una hora). Y, por lo visto, las malas lenguas aseguran que los políticos tienen sus propios juegos gremiales, como "quien se queja de tener más responsabilidad que nadie" o "quien habla durante más tiempo en el Parlamento". Aunque estos últimos, por su naturaleza, nadie se molesta en inscribirlos en ningún libro de records.

Ya fuera de la sauna, y mientras Matti me invita a una cerveza Lappin, le pido que me cuente la historia de las "palabras con s". Y es que en el vocabulario finlandés hay muchas palabras que empiezan por esta letra y que son parte integrante de su forma de entender la vida. Yo sólo conozco las cuatro citadas anteriormente. Algunas de las restantes son estas: Sinien, es el color nacional. Sanomalehdet, periódicos, muchos finlandeses leen 3 o 4 diariamente. Salmiakki es la golosina más popular, al mismo tiempo dulce y salada. Suklaa es el chocolate, uno de los vicios nacionales. Silakkä, arenques, una vieja tradición del área Báltica; hay quien los come todos los días. Sinappi, mostaza, es el condimento favorito y lo echan a todo tipo de comidas. Saaret, islas, cientos de miles, sobre todo en Saaristo, el archipiélago de Turku, por donde les encanta navegar y pasar los fines de semana. Sää, el tiempo, tan imprevisible aquí; conocer los pronósticos se ha vuelto una afición obsesiva. Sieniä, champiñón, ir al bosque a cogerlos es una de las tradiciones favoritas. Surffaus, cybernautas, es la última adquisición de palabras con S.

NOCHE DE TANGO
Al anochecer vuelvo a la Plaza del Senado, que está completamente llena de gente a causa de un festival de tango, el baile nacional finlandés. Claro que no es exactamente el tango argentino; carece de su dramatismo y desgarro y las parejas de bailarines evolucionan ordenadamente por una pista circular. La televisión está retransmitiendo el espectáculo a todo el país, y los mejores cantantes del genero van sucediéndose en el escenario, hasta llegar al colofón con la gran estrella, Reijo Taipale, un señor maduro de acariciadora voz que levanta definitivamente los entusiasmos del público femenino. Esta última actuación conincide con el sol emitiendo sus tardíos reflejos del adiós: las blanquísimas formas de la catedral se tiñen de un rosa que casi las vuelve irreales. Imagino que para algunas parejas es el fondo ideal para unos sentimientos muy especiales.

Esta afición por el tango no es un revival, ya que en Finlandia han perdurado los bailes clásicos. Aunque el tango sea el rey indiscutible, también les encanta el vals, la rumba, el fox-trot o la polka. En algunos locales de baile, un día a la semana es "naistenhaku", lo que quiere decir que son las mujeres quienes elegirán a su pareja (que no podrá negarse a salir a la pista), mientras que los señores deben esperar (allí llaman a esto "hacer de florero") a ver si hay suerte.

Los días restantes serán de escapadas por los alrededores de Helsinki. La ciudad antigua de Porvoo, con su barrio de rojas casas de madera. Hvitträsk, antiguo estudio de tres prestigiosos arquitectos de principios de siglo. La fortaleza de Suomenlinna, que durante siglos protegió militarmente la entrada al puerto de Helsinki. El museo de la fábrica Arabia, dedicado a la cerámica, cristalería y toda clase de objetos de uso doméstico (eso sí, de diseño exclusivo) entre los que destaca con luz propia el famoso florero Savoy, de Alvar Aalto, diseñador-arquitecto por el que los finlandeses sienten auténtica veneración. El centro de ciencia Heureka, en la cercana Vantaa, que fue el museo pionero en Europa a la hora de enseñar la ciencia o la historia de forma amena y divertida, ya que todo lo que se muestra se puede tocar, mover, manipular, comprobar (ya me hubiera gustado aprender las leyes de la física en un lugar así). Y, como el tiempo es muy caluroso, tanto como en el sur de Europa, me acerco un día hasta el parque acuático Serena, donde se puede gozar del agua en todas las formas posibles.

Y pasear de nuevo por las calles de Helsinki, observar la curiosa arquitectura antigua y moderna, degustar los platos típicos, asistir a conciertos, charlar con la gente y tomar alguna sauna más. Los días veraniegos son largos, como si al sol le entrase pereza por retirarse tras el horizonte, y en Helsinki dan mucho de sí.
artículo publicado en Rutas del Mundo / 2000
© Manuel Velasco

junio 28, 2009

Glastonbury


Glastonbury
enclave griálico

artículo publicado en Año Cero (2001)
Manuel Velasco

Glastonbury, en el condado de Somerset, en el sudoeste de Inglaterra, ha sido siempre un lugar cargado de misticismo, al que durante milenios han acudido los peregrinos en busca de respuestas. Desde lejos destaca sobre la ciudad la Tor (colina, en gaélico), de 176 metros de altura, siendo su icono más característico. Dicen que no es muy alta, pero sí muy energética, y que además forma un triángulo con otros centros relativamente cercanos de energía telúrica como son Stonehenge y Avebury.

La torre que domina la cima es el único resto de un monasterio medieval derribado por un terremoto en 1275; un siglo más tarde se levantó este oratorio en forma de torre, que se mantuvo activo hasta la disolución de los monasterios promulgada por Enrique VIII en 1539. Tanto monasterio como oratorio estuvieron dedicados a San Miguel, el matador de dragones, tal vez porque este lugar estaba considerado como una entrada al Annwn, el mundo subterráneo y férico de las tradiciones celtas, donde gobernaba el rey Gwyn ap Nydd; la comunidad monástica tendría entre sus funciones impedir la salida de algún ser considerado diabólico, como en otras "puertas del infierno" (nuestro Escorial, sin ir más lejos) diseminadas por la cristiandad.

Aunque también se piensa que San Miguel pudiese ser un santo sustitutorio del dios celta Bel, en cuyo honor se celebraba el Beltane, a comienzos de mayo, fiesta de la fertilidad (no hay que desdeñar el símbolo fálico de la torre), que también suponía el triunfo de la luz ante las fuerzas del mundo subterráneo. Y rizando el rizo, a ese Bel se le asoció con el ángel caído Belial, a quien el arcángel Miguel pondría en su sitio con su espada flamígera.

El caso es que esta torre ha permanecido mientras que el monasterio fue derribado por un terremoto, y algunos piensan que Gwyn (o el diablo, según quien lo diga), la ha respetado por tener en sus paredes unos bajorrelieves que tienen poco de cristiano: una vaca sagrada con santa Brígida (o la diosa celta Briget, una de las representaciones de la Diosa Madre), y otro con san Miguel pesando el alma de un difunto, también con reconocibles resonancias paganas.

Rodeando la colina hay una serie de terrazas artificiales, en siete niveles, que los monjes usaron para sus cultivos, aunque la antigüedad es mayor y su motivo originario bien distinto. Estas terrazas formaban a su vez unos anillos concéntricos unidos y separados de manera que formasen un laberinto por donde los peregrinos subían hasta el santuario. Este laberinto, aunque irregular debido a la orografía, tiene un aspecto similar al de tantos otros pertenecientes a las más diversas culturas diseminados por todo el mundo, siendo el más conocido el que aparecía en las monedas cretenses. Parece ser que las terrazas que forman el laberinto tridimensional son contemporáneas a las grandes construcciones neolíticas de Avebury, Salisbury Hill, Newgrange o Stonehenge.

Al laberinto se le considera como una representación del camino de la vida que lleva a la muerte y esta a la resurrección, es decir, un camino iniciático, de ida y vuelta, que el hombre debe recorrer para encontrar las respuestas a los misterios de su propia naturaleza.

Se calcula que un peregrino tardaría unas tres horas en recorrer todo el laberinto, siempre que fuese un día sin lluvia. Actualmente, las autoridades, debido a la grave erosión del terreno, aconsejan subir por los otros caminos preparados y ajenos al laberinto, mucho más cómodos y accesibles, uno de ellos muy próximo a la ciudad. En los tiempos cristianos, algunos peregrinos subían de rodillas, ya que los siete niveles se asociaron entonces a las siete estaciones de la cruz en la subida al Calvario.

Ahora los católicos y los protestantes realizan peregrinaciones por separado en ciertos días del año. Algo parecido hacen numerosos grupos paganos, que reivindican el que en la antigüedad aquí hubiese un gran centro druídico que contaba con uno de los tres coros perpetuos de Bretaña –los otros estaban el la isla de Iona (Escocia) y en Anglesey (Gales)–, que tenían como misión "encantar" la tierra a través de su canto druídico continuo.

Estos grupos neopaganos celebran sobre todo las grandes festividades celtas: Imbolc, 1 de febrero, la fiesta de Brigit; tiempo de purificación y de siembra. Beltane, 1 de mayo, la fiesta de Bel, dios de la luz, y del fuego y de la flor, renovación y fertilidad. Lughnasad, 6 de agosto, la fiesta de Lug, o de la cosecha, cuando se cuece el primer pan con la harina del trigo nuevo. Y Samain, 1 de noviembre, la fiesta que nosotros llamamos de Todos los Santos (aunque últimamente parece que nos quieren imponer el nombre inglés de Halloween); noche de puertas abiertas entre ambos mundos por donde los espíritus pueden volver a la tierra.

En la Tor no es difícil ver gente meditando bajo la luna llena; a veces son monjes budistas, o expertos en feng shui, para los que la Tor es uno de los lugares donde las corrientes del cielo y la tierra confluyen en armonía. Y si en la antigüedad se veían hadas que surgían del Annwn, hoy en día hay quien ve ovnis (que, para algunos, no llegan desde el espacio, sino del interior de la tierra). O arcoiris sin que haya lluvia. También ocurre que a algunas personas les resulta imposible subir, como si "alguien" se lo impidiese.

A una distancia considerable se cree que estuvo la entrada del camino principal, donde aun hay dos robles con nombre propio, Gog y Magog, que son los supervivientes de aquellos que flanquearían el camino de llegada de los peregrinos hasta el laberinto, siguiendo un alinea miento desde el que se vería sobre la Tor la salida del sol en el solsticio de verano y la puesta en el de invierno. Esa avenida terminaría donde ahora están las Piedras del Druida, también las dos únicas que han permanecido en su sitio.

Y posiblemente ese laberinto a su vez se recorría atravesando un bosque, ya que se cuenta que san Patricio, allá en el siglo V, prometió cien días de indulgencia (tiempo que se ahorrarían de purgatorio) a todos cuantos ayudasen a talar el espeso bosque que cubría la colina.

En el siglo XIII aquí hubo una importante feria que duraba una semana en torno a la festividad de San Miguel, el 29 de septiembre. Algunos nombres de las cercanías rememoran los lugares donde pudieron estar ciertos gremios o lugares de reunión relacionados con aquel gran mercado medieval, como Cinnamon (Canela) Lane, Coursing Batch (relativo al ganado) o Gorsedd, nombre gaélico para designar un lugar de reunión de carácter sagrado. Esta feria sería trasladada siglos más tarde a la ciudad, y ese nuevo enclave sería sustituido hace unos años por un supermercado. Cosa de los tiempos.

Por el interior de la colina hay una serie de túneles y cavidades con estalactitas formados por las corrientes de agua que terminan en el White Spring, ricas en calcio y de flujo continuo, aunque irregular en cantidad. Antes de que el Water Board, compañía encargada de los suministros de agua, cerrase este manantial en un pequeño edificio y hasta le cambiase el nombre, este era uno de los lugares más bellos de Glastonbury, rodeado de árboles y con formaciones rocosas emblanquecidas por los minerales del agua.

No resulta difícil imaginar a los peregrinos saliendo por entre las brumas que surgían de ríos y pantanos cercanos, recorriendo la larga avenida flanqueada de robles y ascendiendo por el laberinto en procesión; tal vez en un anochecer con antorchas en la mano, formando un movimiento serpenteante visto desde lejos. Y los druidas recibéndolos en la cumbre y otorgando bendiciones junto a una gran hoguera, que estaría alineada con otras hogueras de otras colinas sagradas siguiendo una línea recta, llamada el Sendero del Dragón, que algunos extienden a lo largo del mundo, en un largo canal de energía.

LA ABADÍA
La abadía de Glastonbury ahora está en ruinas, habiendo sido la última en ser cerrada por Enrique VIII, tras ser un gran centro de peregrinaje en los tiempos medievales. No en vano aquí estuvo la iglesia más antigua de occidente, más aun que Roma, ya que fue fundada por el esenio José de Arimatea pocos años después de la crucifixión de Jesucristo, sobrino suyo, y que de paso se traería el Grial, que enterraría en lo que hoy es Chalice Well. Posiblemente este lugar era muy conocido por haber sido un importante puerto para los mercaderes del estaño en la Edad de Bronce -posiblemente muchos de ellos procedentes de Tartessos-, cuando este lugar era una isla en medio de las marismas.

En aquellos tiempos, Glastonbury ya era un lugar sagrado y, como hemos visto anteriormente, contaba con una importante escuela druídica. Los druidas y los primeros cristianos solían llevarse bastante bien; no olvidemos la convivencia y el sincretismo que se vivió en la cercana Irlanda, donde se creó el cristianismo celta y alguien como San Columba llamaba a Jesús el Archidruida, o cómo san Patricio explotó la idea de que era un reencarnación del mítico guerrero Cu Chulainn.

La iglesia que edificase José de Arimatea en honor a María sería ocupada en los siglos sucesivos por eremitas, llegando a ser sustituida por la abadía. Cuando Enrique VIII, receloso del poder y riqueza de la Iglesia, mandó disolver los monasterios de todo el país, esta próspera abadía benedictina estaba gobernada por el abad Michael Whyting, de 80 años de edad. Los hombres del rey encontraron al abadía un cáliz que, dijeron, había sido robado del tesoro real. Tal vez para que sirviese de ejemplo, el anciano abad fue colgado en la Tor; después su cuerpo sería cortado en cuatro trozos, que fueron llevados a las cuatro ciudades cercanas más importantes, mientras que su cabeza permaneció en el atrio de la abadía; poco después, este lugar se convertiría en un montón de ruinas. No es de extrañar que de vez en cuando el fantasma del abad se deja ver por estos parajes.

Tras la disolución, la abadía pasó a pertenecer a la Iglesia de Inglaterra (anglicana), aunque actualmente pertenece al organismo Abbey Trustees. La cripta es el lugar más antiguo, y, al parecer, tiene algo especial que le hace idóneo para meditar. La Cocina del Abad es el edificio que se encuentra en mejor estado y en él actualmente un monje explica con muy buen humor en qué consistía la cocina monacal de otros tiempos.

El día de la festividad de san Miguel, puede verse desde la abadía como el sol se pone tras la Tor, de manera que la torre, no olvidemos que dedicada a aquel santo, queda como una silueta alargada tras el disco amarillo.

CHALICE WELL
Otro emplazamiento sagrado de Glastonbury es Chalice Well, el Manantial del Cáliz. Al parecer, mientras que la Tor era un emplazamiento para los druidas, en este lugar había algún tipo de sacerdotisas que cuidaban esta especie de jardín encantado, con un manantial de frías aguas con propiedades medicinales.

Hay quien le llama el Manantial Rojo o Sangriento, ya que el agua, rica en hierro, deja un rastro rojizo por donde pasa. La fuente del manantial se llama Vesica Piscis y cuenta con un símbolo, que también se encuentra en la puerta de entrada al jardín, conectado con la geometría sagrada que representa la dualidad: dos circunferencias unidas, cuya intersección está atravesada por una línea recta. Esta imagen fue diseñada (basándose en otros modelos de la antigüedad) por Frederick Bligh Bond, arqueólogo y vidente que excavó la Abadía a comienzos del siglo pasado, como un símbolo de paz universal.

El agua fluye pura e incontaminada de forma continua y permanente (más de 100.000 litros diarios) a 11 grados, independiente de la temporada o el clima exterior. De hecho, hasta se dice que este agua es ajena al ciclo de evaporación - nubes - lluvia, desconociéndose la profundidad de la que procede. Y hasta hubo tiempos de sequía extrema en los que el único agua que había en Glastonbury era la de este manantial.

Bajo la tapa hay dos cámaras orientadas norte-sur; una de ellas tiene cinco paredes de piedra que parecen guardar cierta similitud con las unidades de medida del antiguo Egipto, por lo que se piensa que pudo servir como lugar de ceremonias de iniciación.

Para beber hay una fuente llamada la Cabeza de León, donde también está uno de los tres espinos (crateagus monogyna praecox) descendientes del que floreció milagrosamente del bastón de José de Arimatea, cuando este lo clavó en tierra al llegar a Glastonbury. Este árbol es originario de Líbano, y echa al mismo tiempo flores (blancas) y bayas (rojas), y justo cuando es tiempo de las dos grandes fiestas cristianas: Navidad y Pascua.

Y de la Cabeza de León, el agua va al jardín del rey Arturo, donde estuvo la piscina en la que se introducían los peregrinos, cubriéndoles todo el cuerpo. En la época victoriana estuvo muy concurrida, ya que entre la nobleza se puso de moda ir a tomar las aguas. Aquella piscina quedó transformada en el actual pequeño estanque donde sólo se pueden meter los pies.

Y de este jardín, el agua baja por unas pequeñas cascadas con formas orgánicas, teñidas por el rastro rojo que los minerales han ido depositando con el tiempo, para acabar en una pequeña balsa con la forma de vesica piscis.

Además de los minerales en suspensión, se atribuyen los poderes medicinales de estas aguas a una fuerza vibratoria relacionada con la energía telúrica. De hecho, Chalice Well está situada justo en la intersección de dos líneas imaginarias que unen, por un lado la Tor y la Abadía, y por otro, la colina de Wearyal Hill, la antigua Ynys Witrin donde recaló José de Arimatea, y los árboles Gog y Magog, los robles a la entrada del viejo camino de los peregrinos.

En Chalice Well hay un tejo cuyo tronco se ha ido transformando en un símbolo vulvar, una forma de representación de la Diosa. En otros lugares del jardín hay otros tejos. Estos eran unos de los árboles sagrados de los druidas, que los consideraban símbolo de muerte y resurrección; los plantaban en emplazamientos ceremoniales y en su calendario representaban la entrada del invierno.

AVALON
Ya hemos visto que en la Tor estaban los druidas mientras que en el Chalice Wells estaban las sacerdotisas. Y si la colina podía ser la entrada al Anwnn, el manantial bien podría ser la entrada a Avalon.

Parece ser que hasta aquí llegaba el mar (ahora está a 24 km) y que la Tor era una isla, Avalon, cuyo nombre significa "isla de las manzanas", de reminiscencia artúrica, ya que ese era un lugar donde descansaban los muertos antes de volver a reencarnarse, y en algunas antiguas culturas las manzanas justamente representaban la inmortalidad. A su muerte, tras la batalla de Camlan, Arturo sería llevado a Avalon, de donde regresará algún día.

Incluso la bruma que suele cubrir esta región, a la que los lugareños llaman la Dama Blanca, rememora a la legendaria niebla de Avalon. Además, este lugar está enclavado en el condado de Somerset, nombre que bien podría aludir el Reino de Verano que soñasen Arturo y Merlín como el lugar donde las cosas podrían ser distintas para los hombres, donde la vida fuese algo más que una lucha continua por la supervivencia.

Según las tradiciones galesas, en Avalon, también llamada isla de los Benditos o los Afortunados, es un mundo femenino donde reinaba el hada Morgana. Algunas leyendas también cuentan que Ginebra, Gwenhyfar en gaélico, fue rescatada de la Tor de Glastonbury, donde estaba prisionera, por Arturo, para lo cual tendría que luchar contra Melwas, de igual modo que Gwynn tuvo que luchar contra Gwythyr para conseguir a Creiddyald. En ambos casos, los héroes, simbolizados por los colores rojo y blanco, deben disputar entre ellos por la representación del sol, que en las tradiciones celtas, y en otras más antiguas, era una entidad femenina. La entrega de Excalibur, que sería forjada en este lugar, a Arturo por parte de la Dama del Lago representaría el paso de la soberanía por línea materna.

Ya a finales del siglo XIII los benedictinos afirmaron haber encontrado las tumbas de Arturo y Ginebra en la capilla dedicada a María; estas tumbas en mármol negro estarían durante siglos en la nave principal de la iglesia, hasta que desaparecieron con las destrucciones que siguieron a la disolución de Enrique VIII.

GWYNN AP NUDD
Una de las más viejas leyendas de Glastonbury asegura que la Tor era la puerta de entrada al Otromundo en que creían los celtas. Esta puerta estaría guardada por Gwynn ap Nudd, que surgiría desde este lugar en la vísperas de nuestra noche de San Juan, dirigiendo la Cacería Salvaje, junto a su jauría de perros, y todos juntos buscarían las almas de los que muriesen recientemente para llevarlos a su mundo subterráneo, donde descansarían en el caldero de la resurrección, no sin que antes Tyronoe, otro de los aspectos de la Gran Madre, obligase a cada uno a mirar en el espejo donde se reflejaban sus más oscuros secretos.

Gwynn significa dragón rojo, y rojo es el dragón que actualmente figura como símbolo del condado de Somerset, de igual forma que lo fue del rey Arturo y de la cercana Gales. Este personaje también está asociado, en antiguos textos, como el Mabinogion, con el control de esta tierra durante los meses oscuros del año, mientras que los luminosos estarían a cargo de su contrapartida, Gwythyr ap Greidyawl, representado por un dragón blanco. Estos lucharían y se relevarían en las fiestas de Beltane (mayo) y Samain (noviembre). Curiosamente, los dos manantiales de Glastonbury tienen aguas rojas (Chalice Well) y aguas blancas (White Spring), y las leyendas cristianas aseguran que José de Arimatea trajo el Grial donde recogió la sangre y el sudor de Cristo.

Como en todos los lugares con tradición férica, hay historias de alguien que logró entrar en esa dimensión por un día y una noche, pero al salir vio que realmente habían pasado años y no podía reconocer a nadie. También se cuenta que un abad de Glastonbury recibió la invitación de Gwynn para visitar su palacio. Este accedió, pero subió al Tor con un frasco de agua bendita. En el palacio había una fiesta con los habitantes del país de las hadas vestidos con sus mejores galas, aunque sólo en rojo y blanco, los colores de fuego y el hielo. El monje rehusó a comer de los manjares que le ofrecieron y en un momento determinado arrojó el agua bendita, evitando así la posibilidad de quedar atrapado en aquel lugar, ya que inmediatamente se encontró solo en la cima de la Tor.

Como el cristianismo acabó considerando diablos a todos los dioses o seres sobrenaturales del mundo pagano, el monasterio de la Tor fue dedicado a san Miguel, el arcángel matador del dragón, otra representación de Satán. Tal como escribió Gregorio el Grande a los misioneros: "los templos deben dejar de ser centro de adoración de demonios para estar al servicio del Dios verdadero. Así, el pueblo, viendo que sus templos no son destruídos, podrá eliminar el error de su corazón y acudirá más libremente a los lugares a los que está acostumbrado".

BRIGET
En Glastonbury estuvieron algunos santos tan carismáticos de la originaria iglesia cristiano-celta como Patricio, Dunstan o Briget. A santa Briget (o Brígida) muchos la asocian con la diosa celta del mismo nombre, una de las representaciones de la Gran Diosa o Madre Tierra. Su nombre unido a Ana, que también venía a representar a la Gran Madre, dio lugar a Britannia, y su imagen aun aparece en los billetes ingleses de 10 libras, con un haz de trigo en una mano.

Briget o Bridie también era una diosa asociada a los manantiales medicinales. En su honor se celebraban las fiestas de Imbolc, cuando se renovaba el fuego sagrado, por lo que era patrona de los orfebres, que transformaban, gracias al calor, minerales brutos en obras de gran belleza. Recientemente ha vuelto a celebrarse el Imbolc por parte de los grupos neopaganos que por aquí habitan, con una gran muñeca representando a Bridie recorriendo varios lugares sagrados de Glastonbury.

La santa cristiana del mismo nombre, nacida en un 1 de febrero, fiesta de Imbolc dedicada a la diosa Briget, vivió aquí en el siglo V en una ermita situada en la Pequeña Irlanda, que después recibiría en su honor el nombre de Cerro de Bride.

LA CIUDAD
Actualmente es una agradable pequeña ciudad con unos 10.000 habitantes, con fama de haber albergado siempre a gente especial. A comienzos de este siglo ya se convirtió en un lugar de reunión de videntes y ocultistas, e incluso en tiempos de la II Guerra Mundial allí se realizaban meditaciones orientadas a acabar con la guerra. En los años 60/70, los hippies inclinados por el lado místico encontraron un terreno abonado donde recalar. Hoy en día, diversos colectivos de vida alternativa la habitan, y las tiendas de las calles centrales son una buena muestra de ello. Y por si la parte mística no fuera lo único que Glastonbury ofrece, los peregrinajes de antaño han sido sustituidos por la llegada masiva de jóvenes que acuden cada verano al festival de rock al aire libre más grande de Europa.

Y en muchos lugares puede leerse la frase más representativa de la ciudad:
May the Spirit of Glastonbury be with you.
Que el espíritu de Glastonbury sea contigo.


artículo publicado en la revista Año Cero / nº 128 / 2001
© Manuel Velasco


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