diciembre 06, 2009

El barco Vasa

EL BARCO VASA

Manuel Velasco

El casco histórico de Estocolmo, situado en la pequeña isla Gamla Stan (literalmente, Ciudad Vieja), tiene una pequeña plaza llamada Stortoget que cuenta con el dudoso honor de ser el escenario de una de las más crueles y dramáticas historias que ha contemplado la ciudad: En 1520, el rey Cristian II de Dinamarca (para los daneses, el Buen Rey; para los suecos, el Terrible) ejecutó a más de 80 nobles suecos -al acabar la fiesta a la que fueron invitados- que cuestionaron su autoridad, y con cuya sangre, según se cuenta, se pintaron las fachadas de tres altos edificios de la citada plaza.

Pero de este "baño de sangre de Estocolmo", como se le recuerda, se libró Gustavo Vasa, hijo de uno de los nobles ejecutados, que organizó a los campesinos desde el interior del país y logró expulsar a los daneses, lo que supuso el final de la Unión de Kalmar y la consiguiente independencia sueca. Gustavo fue coronado en 1523, dando origen a la dinastía Vasa que reinó durante 150 años.

A uno de sus descendientes, el rey Gustavo II Adolfo, se debe la época de mayor expansión comercial y militar de Suecia. A él también se debe la construcción del barco que constituye uno de los mayores orgullos de los suecos actuales.

El buque insignia real Vasa fue construido como parte de la nueva flota que serviría para mantener el predominio sueco sobre el mar Báltico, frente a la dura competencia de daneses, alemanes, polacos y rusos. Pero, parece ser que los constructores tuvieron que acelerar su trabajo, aceptando unas medidas que no eran adecuadas al proyecto inicial de la nave. Eso fue determinante para que al Vasa le durase muy poco el récord de ser el navío más grande y poderoso de su tiempo; justo hasta el mismo día de su botadura, el domingo 10 de agosto de 1628, a las 3 de la tarde. Algunos minutos después de zarpar, una ráfaga de viento le hizo escorar, entrando abundante agua por las cañoneras y mandándolo derecho al fondo del mar.


Se calcula que ese d ía podría haber a bordo unas doscientas personas: a la dotación de ciento treinta y cinco hombres que el barco tenía asignada hay que sumar esposas e hijos que, según costumbres de la época, tenían permiso para dar una vuelta por la bahía antes del viaje inaugural. No se ha encontrado ningún documento que indique exactamente el número de muertos, pero se cree que fueron unos cincuenta.

Justo tres días después comenzó el primer fallido intento de rescate del barco. Hubo muchos otros posteriores, pero el peso de la nave era excesivo para ser izada con los precarios medios de la época, centrándose estos intentos más que nada en la recuperación de los cañones, de los que se consiguieron rescatar cincuenta y tres usando campanas de inmersión.

En el mar Báltico no existen los moluscos teredo navalis, también llamados bromas, gusanos de los barcos o termitas de mar, que viven en las maderas sumergidas o flotantes, pero siempre que sea en agua muy salada. Así, aunque los barcos contemporáneos fueron desapareciendo por "motivos naturales" -combates, naufragios y desguaces-, el V asa permaneció en el fondo del mar. A lo largo de más de trescientos años llegó a formar parte de las leyendas del pasado hasta que en 1956 el arqueólogo submarino Anders Franzen lo descubrió e inició, junto a submarinistas de la Armada sueca, el increíble proyecto de rescatarlo desde el interior de la montaña de limo que lo cubría a unos treinta y cinco metros de profundidad.

La primera acción fue perforar seis túneles bajo el casco con agua a presión para poder sujetar unos cables de acero y llevarlo hasta aguas menos profundas, desde donde sería definitivamente rescatado el 24 de abril de 1961, izado desde dos plataformas flotantes. No menos complicado y costoso fue el subsiguiente proyecto de reconstrucción pieza a pieza, así como la clasificación de unos catorce mil objetos que había en su interior, como armas, piezas de ropa, monedas, adornos, utensilios y herramientas de todo tipo. Para recuperar los objetos más pequeños, fue necesario cribar miles de metros cúbicos de lodo.

El actual museo , dedicado exclusivamente al barco, es el lugar de Escandinavia más visitado por los turistas. Está situado en la céntrica isla Djugarden de Estocolmo -no muy lejos del lugar donde se hundió- y fue especialmente diseñado para él y construido en el emplazamiento de los antiguos astilleros de la Marina Real. El el interior, el buque está protegido del duro clima nórdico por un sistema de doble puerta, que mantiene la humedad ambiental en un nivel constante y necesario para la buena consevación de la madera. Desde las distintas galerías puede contemplarse en todos los ángulos lo que ahora podría llamarse gran palacio flotante barroco (o más exactamente del renacimiento tardío germano-holandés), desde la proa, con su mascarón de madera de tilo en forma de león con un escudo en el que figura la gavilla (vasa, en sueco) simbólica de la dinastía hasta la espectacular popa de ûveinte metros de altura sobre la quilla, dividida en cinco pisos y completamente cubierta de tallas de madera.

La decoración, aparentemente excesiva para un barco de guerra, estaba en consonancia con el espíritu de la época, cuando era preciso dar una imagen de poder y esplendor ante los demás. Esta profusa decoración estaba compuesta por más de mil esculturas de madera, todas distintas y realizadas de forma individual. Sirenas, guerreros, emperadores romanos, angeles, escudos y blasones. Se conoce el nombre de tres grandes tallistas que trabajaron en el Vasa: los alemanes Clausink y Redtmer y el holandés Thesson. Todas las figuras estuvieron policromadas y muchas de ellas recamadas en oro auténtico. En las baterías de los costados, cuando tenían las portas levantadas, se podían ver cabezas de leones furiosos pintadas en marrón sobre fondo rojo. En la popa, dos grifones sostienen la corona sobre la cabeza del rey, con las iniciales GARS (Gustavus Adolphus Rex Sueciae).

Hay en el navío una escultura que tal vez sea la más representativa: tiene la forma de un guerrero con armadura romana; a sus pies un león y un perro, que venían a significar la clemencia del fuerte respecto al débil, símbolo de lo que Gustavo II Adolfo, que se sentía hermanado con el emperador Augusto, pretendía que fuese su reinado. Pero el hundimiento del barco constituyó un augurio de la decadencia que se aproximaba; al fin y al cabo, el rey había proclamado que "después de Dios, esta flota es quien decide la prosperidad del Reino". Murió pocos años después y su hija, la reina Cristina, supondría el eslabón final de la dinastía Vasa.

DATOS TECNICOS DEL VASA:
Eslora: 62 metros
Ancho máximo: 11,7 metros
Altura: 4,7 metros
Popa: 20 metros
Altura del palo mayor: 50 metros
Desplazamiento: 1210 toneladas
Superficie de velamen: 1275 metros cuadrados

Artículo publicado en las revistas Geomundo y Enigmas de la Arqueología
La versión completa está en el libro Territorio Vikingo
© Manuel Velasco
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