octubre 04, 2010

Finlandia: Leningrad Cowboys

Leningrad Cowboys
Manuel Velasco
artículo publicado en la revista Scandinavica

Hace años tuve la oportunidad de ver la película Leningrad Cowboys go America, algo así como una road movie con iconografía de comic y banda sonora de rocanrol. La foto del póster ya era un tanto demencial: Seis hombres en calzoncillos y camisa blanca tomando el sol en una playa, mientras otro, en traje oscuro, permanecía en pie al lado de un Cadillac, y otro más, sobre un ataúd, con una guitarra eléctrica; y todos con uno enorme tupé que parecía esculpido en un túnel de aire.
        
El tema era más o menos este: Un grupo de músicos finlandeses, una especie de Blues Brothers aun más pasados de rosca, intentaban conquistar al público norteamericano interpretando canciones de los 60 y 70. Pero lo más importante no eran las canciones (versiones al fin y al cabo) sino la imagen del grupo, sin duda el más estrafalario que haya habido nunca: tupés puntiagudos y engominados de medio metro de largos, al estilo unicornio, con zapatos a juego y vistiendo una especie de uniformes militares. El nombre mismo de la banda ya era una parodia de la situación de Finlandia en la sociedad de su tiempo, un lugar obligado a mantener el equilibrio entre un oriente y un occidente separados por el Telón de Acero.
        
Descaro, desafío y ganas de montar el numerito. Rocanrol en estado puro. Ante la impactante imagen de aquel grupo, pocos se fijaron en el nombre del director (¿quien se acuerda, por ejemplo, de los directores de los Hermanos Marx?), un tal Aki Kaurismaki que años más tarde se convertiría en el cineasta finlandés más reconocido internacionalmente, llegando a ser su película Un hombre sin pasado (Mies vailla menneisyyttä) candidata al Oscar en el 2003 (y ganadora del premio Luis Buñuel).

Aki Kaurismaki. Este es un extraño cineasta dentro de esta extraña fauna europea de quienes aun hacen cine de autor, contraviniendo todas las leyes de la ciencia económica y el mercado de valores, y que debe causar tanta curiosidad como perplejidad entre los ejecutivos de Hollywood. Capaz de hacer películas en blanco y negro e incluso mudas (Juha, 1999) o de no asistir a la celebración de los Oscars, a pesar de estar su película nominada, en protesta por la guerra de Irak, o de organizar cientos de sesiones gratuitas para los más pobres de su país.
        
Habitualmente se mueve entre la melancolía y la amargura, con gente atormentada por su pasado o al borde del abismo por vete a saber qué insoportable tragedia y que no acaban de encontrar su lugar en el mundo que les ha tocado vivir, a pesar de estar inmersos en una hipotética sociedad del bienestar de la que no participan demasiado. Claro que, entre sus más típicas películas, con demasiados silencios y miradas inquietas, y que le darían tanto prestigio internacional, tuvo algunos momentos de respiro, en los que dejó que el humor y el desmadre llenase la pantalla. En total, Aki Kaurismaki realizó cinco cortos que pueden considerarse como películas suyas o como clips con canciones del grupo.
        
En 1989 llegaría el citado largometraje Leningrad Cowboys go America, que llamó la atención sobre aquel lejano y normalmente frío lugar del mundo, pasando de festival en festival y llegando a conseguir la deseada distribución internacional.
        
Ya la imagen inicial daba una idea de lo que podía esperarse. Un grupo musical interpretando una canción folclórica rusa en algún lugar de Siberia, con toda la pinta estrafalaria que habían mostrado en los cortos previos. Un empresario los observa con atención, pero aquello le parece algo patético. Aun así convence al manager de que los lleve a América, porque, según sus palabras, allí son capaces de tragar hasta con algo así. Todos, incluido un miembro del grupo muerto, congelado y aferrado a su guitarra, vuelan hasta la tierra prometida. Y allí hacen una ruta de costa a costa buscando su particular sueño americano, (aunque sin demasiadas pretensiones), controlados por un manager bastante buitre. Al final acabarán, tras ofrecer su repertorio por todo tipo de lugares y públicos de la América profunda, en México, más arruinados que nunca y tocando Tequila en la boda de un pueblo.
        
En definitiva, una película de culto que convirtió a los Leningrad Cowboys igualmente en un grupo de culto. Las actuaciones por medio mundo se sucederían, algunas de ellas en festivales de cine, como el de Sao Paulo, donde para entrar al concierto había que donar tres kilos de comida destinados a los muchos niños de la calle que tiene aquella ciudad.
         
Habría posteriormente una continuación de esta película: Leningrad Cowboys meets Moses, con menor fortuna: El grupo regresa a su Siberia natal, dirigidos aun por su manager, ahora autotransformado en Moisés, y perseguidos por agentes de la CIA. Parte de la película está filmada en Oiva, una especie de hotel decadente y algo cochambroso que el propio Kaurismaki tiene cerca de su pueblo natal.
        
El siguiente trabajo en conjunto sería la grabación del gran concierto Total Balalaika Show ofrecido en la plaza del Senado de Helsinki, el 12 de junio de 1993. La ocasión merecía la pena. El grupo actuaba nada menos que con la orquesta y coros del ejército ruso. Un proyecto ambicioso que a muchos políticos les hubiese gustado rubricar. Era como llevar a la práctica aquello que los burócratas sólo prometen entre apretones de manos y sonrisas más o menos forzadas ante las cámaras, con palabras tan rimbombantes como huecas de tan usadas.
        
Aquel concierto iba a suponer algo así como enterrar el hacha de guerra entre dos pueblos vecinos y enemigos. Hasta hay quienes afirman que este concierto supuso el auténtico punto final de la “guerra fría”; de hecho, al año siguiente lo repitieron en Berlín, justamente para despedir a las tropas aliadas. O sea, que estamos ante un hecho que resume lo que muchos analistas políticos tratan de explicar en sesudos estudios de cientos de páginas.
        
Describiré a continuación parte del espectáculo visto en un DVD: La grabación comienza con la firma del contrato en Moscú. Uniformes y medallas en las dos partes, todos en igualdad de condiciones, sin distinciones entre lo falso de unos y lo auténtico de otros.
        
Y comienza el concierto. Tras una introducción por parte de los rusos (unas 200 personas en el escenario), sale el grupo e interpretan todos juntos Lets work together, el blues rítmico de Canned Heat (las canciones que versionean los Leningrad Cowboys suelen pertenecer a aquella edad dorada de la música previa al drástico cambio generacional que supuso la llegada del punk y la new wave). Trabajemos juntos. ¡Qué mejor canción para entrar en materia! El mensaje volverá a repetirse con Happy together, una ramplona canción de los Turtles que, al ser cantada a medias por el cantante del grupo y otro del ejército ruso cambia radicalmente su contenido de amor adolescente por algo que podría expresarse más o menos así: Hemos sido enemigos, hemos sufrido mucho, nos hemos odiado mutuamente, pero ya es hora de que todo eso quede atrás. Es tiempo de que vivamos felices juntos.
        
Con el Kalinka dejan que se luzcan los rusos con esa exuberancia vocal tan propia de ellos y que en esta canción expresan mejor que con ninguna otra. Se suceden otras canciones de oriente y occidente hasta llegar al final con el Those were the days, canción emblemática de los Leningrad Cowboys desde que Aki Kaurismaki les dio a conocer al mundo con un cortometraje inspirado en tal tema. Pocas canciones como esta han mostrado la añoranza por los viejos tiempos, las amistades de antaño y los días en que la vida aun no nos había golpeado. Broche de oro para un memorable concierto. Afortunadas las 70 mil personas que estuvieron allí aquel 12 de junio en la plaza del Senado de Helsinki (yo llegué al día siguiente y nunca me arrepentiré lo suficiente).

Diez años después. Tuvo que pasar una década para que los Leningrad Cowboys (ya artistas reconocidos internacionalmente, consagrados por varias giras por medio mundo) regresaran al mismo escenario al aire libre, dentro de las fiestas de la ciudad, en un concierto gratuito ofrecido por el alcalde de Helsinki a todo aquel que quisiera acercarse y que (esta vez sí) tuve la suerte de poder presenciar.
        
A pesar de que también incluían un coro ruso, el nuevo concierto, llamado Global Balalaika Show, fue bien distinto. Los conflictos del pasado estaban cerrados por ese lado de las fronteras que los hombres ponen en los mapas, y ahora hay otros lugares y problemas de qué ocuparse; no por nada el último disco de los Leningrad Cowboys se llamaba Terzo Mondo. El rock clásico propio del grupo se mezclará esta vez con ritmos étnicos de diversa procedencia. Y su indumentaria también hace honor a estos cambios: los trajes grises de corte militar y las gafas negras se han vuelto multicolores.
        
A la invitación acudieron artistas de África (entre ellos, Angelique Kidjo) y del Caribe, teniendo así los coros rusos (con mujeres en esta ocasión) menos protagonismo que en el concierto previo. También estuvo la prestigiosa UMO Jazz Orchestra, una big band profesional con sede en Helsinki.
        
Ahora los Leningrad Cowboys tienen nuevos miembros (en total, trece); muchos de ellos bastante jóvenes, pero igual de profesionales. Como las actuaciones no son algo continuo, algunos tocan en otros grupos o componen bandas sonoras. Tanto instrumentos como voces suenan claros y potentes. Varios cantantes se suceden ante el micrófono, aunque habría que destacar a Tipe, el único con tupé rubio. Mauri, tras los teclados, parece el auténtico alma del concierto, dando indicaciones con sus gestos al director del coro ruso; a él se deben también todos los arreglos. También hay dos gogós siempre sonrientes, de cortos vestidos y con peinados que imitan las cúpulas en forma de cebolla de las iglesias ortodoxas, moviendo sus curvas a buen ritmo.
        
Se repitieron algunas canciones del gran concierto previo, como Stairway to the heaven, de Led Zeppelin, y Knockin on heavens door, de Bob Dylan. Estas dos, junto a otra de Led Zeppelin, Kashmir, marcarían esos momentos especiales para encender el mechero o el móvil (Nokia, por supuesto, que aquí Ericsson, la competencia sueca, tiene que hacer ofertas muy buenas para poder vender). Otros puntos álgidos fueron Eloise, de Barry Ryan, Rockin in the free world, de Neil Young, o la larga y festiva despedida con los Ghostbusters.
        
Pero, en medio, el rock ha dejado paso a otros ritmos. Los percusionistas africanos por un lado y Angelique Kidjo por otro aportaron un color y hasta un fuego muy especial. De Nueva Orleáns eran Wild Magnolias, que dieron una muestra de como se canta en un carnaval carioca. A lo que siguió un cubano con un nombre tal que así: Coto Antomarchi Padilla Juan de la Cruz (ni me imagino a un finlandés pronunciándolo). Pero lo más fuerte fue escuchar a los rusos desgañitándose con La Cucaracha, versión original (o sea, con lo de la marihuana) en un perfecto español. Podría decirse que, si el lema del anterior concierto era superemos el pasado y trabajemos juntos, el de este sería vamos a divertirnos antes de que acaben con todos nosotros.
        
En total, veinticinco canciones en una hora y media memorable. Uno de los cantantes del grupo se despidió con un nos vemos dentro de diez años, que casi sonaba a amenaza; espectáculos así deberían repetirse más a menudo. Será cuestión de ponerse ya a planificar el viaje. ¿Pero aguantarán sus tupés tanto?

artículo publicado en la revista Scandinavica (CC) Manuel Velasco



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mayo 21, 2010

Isla de Lobos (Canarias)

LA ISLA DE LOBOS
Manuel Velasco
Artículo publicado en la sección de viajes de la revista 
Ecología Internacional / Enero 1998

Lobos es una isla ideal para excursionistas activos que, calzados con unas buenas botas, llegan diariamente dispuestos para recorrer las diversas rutas que su corto perímetro permite, tanto las que hay marcadas por hileras de piedras como por las repetidas pisadas de anteriores visitantes.

La isla de Lobos está situada en medio del estrecho de la Bocaina, que separa Lanzarote de Fuerteventura. Aunque puede llegarse desde las dos islas, nuestro viaje comienza en el norte de Fuerteventura, desde donde el negro perfil volcánico de Lobos se recorta frente a las doradas dunas de Corralejo, junto a las que forma un Parque Natural desde 1982.

Tras un corto trayecto en el ferry, llegamos al muelle de Lobos, donde hay un letrero que indica las distintas direcciones que pueden seguirse. Nos dirigimos primero a El Puertito donde hay unas rústicas casas de piedra que sirven de vivienda a los marineros en verano. Un letrero avisa en varios idiomas "llévense las basuras"; también hay un restaurante donde puede encargarse la comida con antelación.

Saliendo de El Puertito, cruzamos primero uno de esos terrenos de lavas basálticas tan abundantes en las islas Canarias, llamados malpaíses. La vegetación, escasa y adaptada para sobrevivir con un mínimo de tierra y de agua, está representada por tabaibas, aulagas o matamoros. Pero a cada tramo que recorremos, el panorama vegetal cambia de forma casi radical, como por ejemplo, en un lugar llamado las Lagunitas, donde las plantas se han adaptado a vivir en los saladares donde el agua del mar queda retenida durante largos períodos de tiempo. Aguantando cada una su especial situación, hay en total unas 130 especies vegetales distintas en esta isla.

Tras visitar el faro deshabitado, demostramos nuestra buena disposición física subiendo por el empinado perfil de la montaña de la Caldera, aunque a los pocos metros tenemos que detenernos para tomar aire y relajar un poco el ritmo un tanto acelerado de la marcha inicial. Algún tramo es especialmente delicado por el peligro de las piedras que se mueven al pisarlas. Llegamos a los 127 metros de la cumbre del cono volcánico un tanto sofocados pero con la radiante satisfacción de haberlo conseguido. Caminamos por la larga cresta que corona la Caldera zarandeados por un fuerte viento; y no llegamos hasta el final porque allí, una gaviota, que debe hacer las veces de centinela, avisa a sus compañeras de la llegada de extraños y todas unidas forman un coro de desaprobación. Nos inventamos una traducción humana de las cosas que nos estarán diciendo y preferimos dar media vuelta y no alterar el curso regular de la naturaleza.

Desde la cumbre divisamos en un ángulo de 360º los diversos tipos de terrenos volcánicos que forman la isla, cada uno con su propia tonalidad, la ensenada de arena negra que debió estar llena hace siglos de los lobos marinos, las antiguas salinas y un trozo de tierra lisa donde otros visitantes han dejado sus nombres y hasta declaraciones de amor con grandes letras hechas con piedras; y a uno y otro lado, el mar enmarcado por las costas de las islas hermanas mayores: Lanzarote y Fuerteventura. Por un momento, el viento amaina y el silencio envuelve la áspera perspectiva que alguna vez dejó el volcán, dando una apariencia de cierta inmovilidad instantánea. Pero sólo es nuestro estado de ánimo; el espíritu de la tierra y la vida late bajo este irreal paisaje.

Cuando bajamos de la Caldera nos dirigimos hacia la pequeña y recogida playa de la Caleta, de fina arena blanca, que está protegida del viento y es un remanso de paz; ideal para darse un buen chapuzón antes de regresar al ferry. Algunos excursionistas que venían en el barco se vinieron directamente a esta playa y de aquí no se han movido en todo el tiempo. Aunque, todo hay que decirlo, la bonita imagen que se divisa justo enfrente, correspondiente a las doradas dunas de Corralejo, queda un tanto afeada por los dos grandes hoteles construidos allí sin ningún sentido de respeto por el entorno. Entre la Caleta y el Puertito hay una zona, la única, señalizada para acampar.

Los lobos marinos, que dieron nombre a la isla por el gran número de ellos que había cuando llegaron los conquistadores a comienzos del siglo XV, fueron objeto de continuas matanzas por parte de los marineros que aquí tenían una forma muy cómoda de aprovisionarse de pieles, carne y grasa para sus viajes transcontinentales. Hace mucho que se fueron para no volver. Por otro lado, las numerosas gaviotas argénteas deberían compartir la isla con las pardelas cenicientas, pero estas últimas casi no se encuentran ya; las fuertes luces de Corralejo las atraen en la noche, donde se despistan, caen al suelo e, incapaces de reemprender el vuelo, casi siempre mueren. En diversos lugares de Fuerteventura hay carteles donde se avisa que si se encuentra alguna pardela herida se la meta en una caja de cartón y se avise a un determinado número de teléfono para que pasen a recogerla.

publicado en Ecología Internacional © Manuel Velasco

abril 20, 2010

El Retiro

EL RETIRO
2004
Artículo publicado en Sky Magazine
Manuel Velasco

Hoy como ayer, allá por el siglo XVII, el Parque del Retiro (nombre popular), Parque de Madrid (nombre oficial) o Real Sitio del Buen Retiro (nombre histórico) sigue teniendo el mismo uso que cuando se construyó, aunque los destinatarios de su disfrute no sean ya el mismo tipo de gente que antaño; edificado por el Conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV, para que el rey y su corte tuviesen un lugar de esparcimiento sin necesitar salir de la capital, ahora son los madrileños de a pie, y cualquier forastero que llegue a la ciudad, quienes pueden disfrutar de una agradable jornada en este parque, del que es un tópico obligado denominarlo como el auténtico corazón verde de Madrid.

En el siglo XVI, la zona que actualmente ocupa era un bosque utilizado como campo de caza por Felipe II. Un siglo más tarde, su nieto Felipe IV inauguraba los jardines en una espectacular fiesta con música y fuegos artificiales en el estanque. Otro siglo más tarde, Carlos III abría las dependencias al público. Finalmente, en 1868, dejaba de ser patrimonio real para pertenecer al pueblo de Madrid.

A través de los años transcurridos desde sus inicios, el parque ha ido sufriendo distintos cambios que lo han transformado estructuralmente, sobre todo en tiempos de la invasión de Napoleon, cuando las tropas francesas se aposentaron en él, dejándolo prácticamente arrasado después de talar multitud de arboles y destruir bastantes edificios, como el teatro, el coso taurino, varias ermitas o la Real Fabrica de Porcelana. Tiempo después, la construcción de la calle Alfonso XIII separó al parque definitivamente de edificios tan ligados a su historia como la actual iglesia de los Jerónimos (auténtico origen del Retiro, al recibir este nombre los aposentos anexos al antiguo convento donde los monarcas se retiraban en tiempos de luto o similares). También quedaron apartados lugares tan representativos del Madrid contemporáneo como el Jardín Botánico, el museo del Prado y las estatuas de Neptuno y Cibeles.

Cualquier día de la semana puede ser bueno, aunque son las mañanas de los domingos y festivos cuando el barullo y el colorido de gentes y actividades aportan el ambiente más festivo y especial; sobre todo en el área del estanque y sus paseos laterales. En esa zona se reúne la mayor concentración humana de todo el parque: Plácidos remeros ejercitan sus brazos en las barcas de alquiler, bajo la ociosa mirada de quienes descansan en las escalinatas del monumento a Alfonso XII, que en los días resplandecientes se llenan de gente que lee, charla, toma el sol o se da un respiro al lado de sus mochilas. Y el paseo frontal, con todo tipo de artistas, de mayor o menor nivel, apretados en el largo escaparate y expuestos a la posible generosidad de los miles de espectadores que deambulan frente a ellos a cambio de entretenerlos con música, guiñol, pintura en el suelo o malabarismos varios. Y los echadores de cartas y videntes, tan socorridos en tiempos inciertos, unidos gremialmente en la esquina cercana a la plaza de Nicaragua, siempre dispuestos al augurio por un módico precio. Y entre unos y otros, los inmigrantes de diversos orígenes intentando la dura supervivencia vendiendo los abalorios que estén de moda en esa temporada. De aquí han salido artistas hoy conocidos del gran público tras su salto a la televisión, como los cómicos Pedro Reyes o Faemino y Cansado.

Pero no todo son multitudes ni tumultos. Quienes deseen tranquilidad pueden entrar por cualquiera de las quince puertas que circundan el parque y pasear durante horas siguiendo un rumbo fijo o al buen tuntún, atravesando jardines, choperas, rosaledas o puentes de troncos; y sentarse plácidamente bajo robles, eucaliptos o abetos. Los más expertos sabrán diferenciar algunos árboles de nombres algo esotéricos para un profano, como el libocedro, el aligustre o la esterculea.

Actualmente, hay algunos lugares del parque de paso obligado para cualquier curioso: El Parterre con el árbol más antiguo: un ciprés calvo, traído por Hernán Cortés desde Méjico, que parece un inmenso pulpo sobre el viejo tronco protegido entre rejas. La Glorieta del Angel Caído, posiblemente el único monumento público del mundo occidental dedicado al diablo, aunque, eso sí, en el momento de su condena. El Palacio de Cristal, construido a finales del siglo XIX, cuando se pusieron de moda en Europa este tipo de edificios tras el éxito del Crystal Palace de la Exposición de Londres, y que fue en su origen un invernadero para plantas tropicales. Los jardines de Cecilio Rodriguez y la antigua Casa de Fieras, que para muchas parejas suele ser el fondo de sus fotos de recién casados. La plaza de la Sardana, símbolo de solidaridad como pocos entre dos ciudades tradicionalmente rivales, donde se reúnen los catalanes para bailar su más entrañable danza. El espectacular monumento a Alfonso XII, presidiendo el estanque artificial, en el que colaboraron los mejores escultores de la época (1922).

Los amantes del arte y la cultura dispone de cuatro salas de exposiciones: El Palacio de Cristal, el Palacio de Velázquez, la Casa de Vacas y la Montaña Artificial. También están los concursos de pintura rápida, donde pintores más o menos aficionados se esparcen por los diversos lugares para plasmar en sólo algunas horas su rincón favorito del parque y optar a alguno de los premios. Sin olvidar el Salón del Libro Infantil o la popular Feria del Libro, aumentando cada año de extensión y número de ventas.

A los deportistas no les falta un espacio vallado y acondicionado para fútbol y baloncesto, donde el mayor problema que tienen los equipos de aficionados es encontrar alguna hora libre. Claro que se puede jugar de una forma más espontánea justo al otro lado de la valla. También hay otras zonas señalizadas para correr, patinar o ir en bicicleta.

Y, en el lado opuesto, no faltan quienes se pasan horas tumbados en la hierba, seguramente tratando de no pensar en el terrible lunes que les espera a la vuelta de la esquina.

©Manuel Velasco
artículo publicado en Sky Magazine / 2004

English traslation


From its very beginning in the XVII century, the Retiro Park (popular name) or Park of Madrid (official name) or Royal Land of the Buen Retiro (Historic name) has still maintained the same utility as when it was constructed even through, for a different kind of people from those who enjoy it now. Built by the Count-Duque of Olivares -a favourite to Felipe IV- for the king and his court as an entertaining field inside the capital, it is now the common madrilenian citizens or the just arrived foreigner that can enjoy a pleasant day in the park, commonly referred to as the real green heart of Madrid.

During the XVI century, the land now occupied by the park was a forest used by Felipe II as a hunting field. A century later, his grandson, Felipe IV, inaugurated this gardens with a magnificent feast whit music and fireworks in the pond. Another century later, Carlos III opened the land to the public. Finally, in 1868 having so far been a crown property, it became a common land for the people of Madrid.

In all these years, the park has endured different changes in its basic structure, specially during the days of the Napoleon invasion when the french troops, there installed, completely devastated it, taking down many trees and destroying many of its buildings as the theatre, the bull ring, several chapels and the factory of china. Some time after, the construction of the Alfonso XII avenue detached the park from buildings that where so much linked to its history as the present church of the Jeronimos (the very original place of the Retiro as this was the name of some dependencies attached to the old convent where the kings would retire to in times of mourning). In the same way, such remarkable places in contemporary Madrid as the Botanic Gardens, the Prado Museum or the Neptun and Cibeles fountains were severed from it.

Any day is a good day to be spent there but specially sunday mornings and other festivities when the uprorad of the people and colourful image of different activities compose a special atmosphere of celebration; mainly in the pond area and collateral walks. In this zone you will find the most important crowd gathered in the whole park: placid oarsmen exercise their arms on boats for rent, under the idle glance of those that take a rest over the steps of the Alfonso XII monument that, in sunny days, appears full of people reading, sun bathing or playing music.

In the main walk, all sort of street artists crammed along a very stage, exposed to the possibly generous of thousand of people that move around them listening to their music and watching their puppet theatre, floor paintings or assorted juggling. Or the fortunetellers and diviners, so sougth after in uncertainty times, gathered as in a guild round corner and always prepared to prophecy in exchange for some of money. And among them all, immigrants whit different origins trying to survive by selling the casual fashionable beadworks.

But the crowd and the uproar are not everything. Those who desire tranquility may find it by entering the park through any of its fifteen gates and walking for ours going through gardens, poplar groves, rose beds or log bridges, to sit down undisturbed under oaks, gum trees or firs.

Presently, we have some curious places that should be visited within the park: the Parterre with the most ancient tree: a Bald Cypress, brought from Mexico, which resembles a huge octopus over the old trunk protected by bars. The square of the Fallen Angel, possibly the only public monument in the western world dedicated to the devil, though, that is true, representing the moment of his fall.

The Palacio de Cristal, built at the end of the nineteenth century, when all around Europe this type of buildings following the model of the successful Crystal Palace of London Exhibition became fashionable, and originally used as a tropical garden. The Cecilio Rodriguez Gardens is for many couples the green background in their just-married picture. And the Alfonso XII monument, presiding the artificial pond, made with the cooperation of the best spanish sculptors of 1922.

The park have four exhibition halls: the Palacio de Cristal (Crystal Palace), the Velazquez Palace, the Casa de Vacas (House of Cows) and the Montaña Artificial (Artificial Mountain). And also the ^quick painting contest, in which amateurs painters scattered all over the park try to represent, in just a few hours, their favourite corner in the park. And the very popular Book Fair, growing each year in size, visitors and sales.

For the sportmen, there is a permanent enclose space prepared for playing football and basketball. There are also distinct zones for joggins, roller skating or cycling.

And, in the end of our sunday morning walk, we can always find those that spend hours laying on the grass, certainly trying not to think about the terrible monday waiting for them just round the corner.

abril 03, 2010

La Capilla de Rosslyn

LA CAPILLA DE ROSSLYN
(ESCOCIA)

Manuel Velasco

Artículo publicado en la sección
Lugares de poder 
de la revista Año Cero

Nota: este artículo fue escrito antes de que este lugar se pusiese de moda a través del libro El Código Da Vinci.

Situada cerca de Edimburgo, esta capilla es una pequeña parte de lo que podría haber sido un gran edificio. Pero sus cuatro paredes son una especie de libro pétreo donde se guarda el recuerdo de algunos de los más interesantes momentos en la transmisión de las antiguas tradiciones secretas, habiendo sido el depósito de los manuscritos y objetos que los templarios rescatasen de las ruinas del templo de Salomón.

Fue construida por Sir William Sinclair, tercer y último de los Sinclair que tuvieron el título de Príncipe de las Orcadas. Era descendiente de los caballeros normandos (el apellido original es Saint Clair) que acompañaron a Guillermo el Conquistador desde Normandía a Inglaterra; por lo tanto, esta dinastía tenía sangre vikinga, dándose la curiosidad de que las islas Orcadas que gobernaron durante tres generaciones fueron el último baluarte de los vikingos en las islas británicas.

La construcción de Rosslyn comenzó en 1446 (21 de septiembre, día de San Mateo) y terminó cuando Oliver, hijo del William, puso el techo, quedando abandonados definitivamente los planes originales, que el propio William, Gran Maestro Masón, dibujó sobre madera de pino. En realidad sólo es el coro de un templo cruciforme con una torre en el centro. Su estructura debería haber sido similar a las del templo salomónico, siguiendo la llamada proporción sagrada, y sería cinco veces más grande que la capilla actual. Para su construcción se trajeron albañiles de toda Europa, para los cuales hubo que construirse a su vez un poblado.

Bajo sus bóvedas permanecen los restos del propio fundador y otras personas de su linaje, incluyendo a sus propios predecesores, como otro William, que dos siglos antes llegó a ser Gran Prior de los Templarios, o Henry, que fue el primero en ostentar el título de Príncipe de las Orcadas. De este Sinclair se cuenta que mandó construir una flota de doce barcos que llegaron a lo que hoy llamamos América (sin duda en las islas Orcadas se mantenía la tradición de la llegada a Vinland por parte de Leif Eriksson). El príncipe Henry pasó allí el invierno, conviviendo con los indios micmac en la tierra que un siglo más tarde recibiría justamente el nombre de Nova Scotia. De allí trajo plantas desconocidas por aquellos tiempos en Europa, que quedaron reflejadas en los relieves de la capilla.

El rey escocés Robert the Bruce protegió a los templarios después de que estos fuesen condenados y perseguidos por casi toda Europa. Allí se transformaron en la Orden de San Andrés del Cardo. Al morir ese rey, las familias Sinclair y Douglas (ambas estuvieron estrechamente unidas) quisieron mostrarle su agradecimiento por la protección que dio a los templarios llevando su corazón a Jersusalem, para depositarlo en la Capilla del Sagrado Sepulcro, pero antes hicieron una peregrinación a Santiago. Al ver la situación que tenía la Península Ibérica en aquellos tiempos, lucharon contra los moros en la batalla de Teba, donde lanzaron contra ellos la cajita de plata que contenía el corazón del rey (a partir de entonces se hizo famoso el término brave heart, corazón bravo, que ahora conocemos asociado a William Wallace, otro personaje escocés contemporáneo). A pesar de todo, sólo sobrevivieron cuatro de los caballeros escoceses, que decidieron regresar a su tierra. En la capilla hay una figura con un ángel que sostiene el corazón del rey.

Es de destacar la anécdota de la Columna del Aprendiz, una de las tres que hay tras el altar. Se dice que William Sinclair tenía un dibujo de cómo debía ser ese pilar, pero era tan complicado que el maestro albañil no sabía cómo realizarlo. Así, mientras el maestro se fue a Roma para completar su preparación, uno de sus discípulos, siguiendo un sueño, se puso manos a la obra hasta completar el complicado pilar. Al volver de Roma, al maestro albañil le entró un ataque de cólera y celos profesionales, golpeando a su aprendiz y causándole la muerte (y la mismo tiempo la suya, ya que fue condenado a la horca). Las cabezas del maestro, del aprendiz y de su madre se encuentran esculpidas en diversos lugares del muro oeste, bajo el órgano. Algunos autores piensan que esta leyenda bien podría haber sido la forma de enmascarar la muerte de un neófito en un ritual de iniciación e incluso que tal “aprendiz” fuera realmente alguien que observó alguna ceremonia secreta, por lo cual tuvo que ser matado. La cuestionable notoriedad de su madre, ¿podría tener el significado de que el joven era un Hijo de Viuda, que era como se llamaba antiguamente a los iniciados? Es también curioso que su cabeza no está frente a su columna, sino frente a la que construyó su maestro y asesino.

El Pilar del Aprendiz (que así se llamó desde entonces) es una representación del árbol de la vida y en su base hay unos dragones de cuyas bocas surgen (o entran) unas parras que se extienden en espiral a lo largo de la columna. Algunos encuentran aquí un vínculo con la mitología nórdica (recordemos que los Sinclair tenían sangre vikinga), según la cual un dragón roe las raíces del Yggdrasil, el gran árbol que sostiene el universo.

Al lado de este pilar se encuentran las escaleras que bajan a la cripta, con los escalones desgastados por miles de peregrinos que allí acudieron en los años que la capilla estuvo en uso. Las distintas estancias de este lugar, además de acoger los restos mortales de algunos personajes relevantes, fue usada como cámara del tesoro, donde podría haber desde arcones con oro y joyas hasta santas reliquias o gran parte de los que templarios rescataron de las ruinas del templo de Salomón. También fue vivienda de un anacoreta y refugio de leprosos. Ahora hay dos sepulcros de piedra, uno de un templario del siglo XIII y otro de un cofrade del siglo XVII. Y sería muy interesante saber qué hay bajo el suelo… Ciertas crónicas cuentan que allí estuvo en Arca de la Alianza, la Piedra del Destino, los primeros manuscritos de las Escrituras y hasta la cabeza momificada de Cristo (o de alguien a quien llamaban así).

Un elemento curioso es la infinidad de cabezas del llamado “Hombre Verde” o Señor del Bosque, representación pagana de la fertilidad y del mundo natural, cuya leyenda se humanizaría en la figura de Robin Hood. Las aventuras de este personaje se hicieron famosas en Escocia en el siglo XV y XVI gracias a que eran escenificadas por los gitanos de pueblo en pueblo. Y la familia Sinclair los acogía entre mayo y junio, alojándolos en dos torres de su castillo, que justamente recibían los nombres de Robin Hood y Little John. Y aquellos eran tiempos en que los gitanos eran perseguidos por casi toda Inglaterra.

En los techos hay franjas con estrellas de cinco puntas, lilas y rosas, que podrían pertenecer a la simbología de la diosa Isthar y su hijo resucitado Tammuz. Al parecer también hubo en el altar una virgen negra. No faltan escenas y personajes bíblicos y simbología asociada a la masonería y a los templarios. En los muros, los maestros albañiles dejaron grabadas marcas similares a las que hay en tantos edificios religiosos medievales; incluso sus rostros aparecen en varios lugares de la capilla. También está el escudo de armas de la propia familia Sinclair y ángeles tocando diversos instrumentos musicales, incluida la primera gaita escocesa plasmada en piedra. Igualmente, hay una Danza Macabra, anterior a las más célebres de la Torre de Londres o del Cementerio de los Inocentes de París. También está tallada la figura del propio William Sinclair, con una espada en la mano. Y con él hay algunas conchas, símbolo asociado a Santiago de Compostela, cosa que no es de extrañar, ya que Sir William fue también caballero de la Orden de Santiago. Se cuenta que muchos peregrinos escoceses, al volver de Santiago, depositaban en Rosslyn sus conchas.

artículo relacionado: Robert the Bruce, el corazón de Escocia en España

artículo publicado en la revista Año Cero
© Manuel Velasco

enero 15, 2010

El museo de saunas

Saunakylä, museo de saunas

Manuel Velasco

artículo publicado en la
Revista de Arqueología



En el centro de Finlandia, entre Jyväskylä y Muurame, se encuentra Saunakylä, un museo al aire libre donde pueden verse una veintena de viejas saunas traídas de diversas regiones del país. Prácticamente todas tienen más de un siglo de existencia y fueron recogidas de diversos lugares del país; las más antiguas han tenido que ser reconstruidas siguiendo la información recogida por la tradición o los viejos escritos.

De algunas de estas saunas hasta se conocen anécdotas, como la de Miettinen, que albergó un último parto durante la II Guerra Mundial; de este conflicto también es la sauna de guerra, de tosca estructura debido a su provisionalidad y posibilidad de transporte; la de Kaijanmäki, que estuvo en uso hasta una fecha tan reciente como 1985; la sauna de turba, que, a pesar de ser propia de gente pobre, es la que mejores condiciones de humedad tiene.

Tan interesante como poder penetrar en todo tipo de saunas de madera es la exposición que, a través de grandes paneles, da un repaso a la historia de la sauna finlandesa, lo cual es tan importante como ver por dentro y por fuera todas esas saunas históricas.

Originariamente, una sauna era poco más que un agujero (saun) en un montículo que daba a una cavidad donde había un montón de piedras. De ahí pasó a un edificio cuadrado de troncos al que más tarde se la añadió una chimenea.

Al ser el lugar más higiénico de la granja (el calor y el hollín que cubría las paredes libraba de gérmenes), servía para que las madres diesen a luz (y allí permanecían durante los primeros días), para que los heridos y enfermos se curasen e incluso para preparar a los moribundos para la muerte. La primera sauna de un bebé, a la décima semana de vida, era parte de un ritual preciso, para el que había mujeres especializadas, posiblemente las propias parteras. Y dentro del contexto agrícola, la sauna también era el lugar donde se secaban los granos de cereal o las fibras de lino, se ahumaba la carne y el pescado, se calentaba la malta para hacer cerveza o se lavaba la ropa. Sin duda, también se realizaban allí las purificaciones previas a los rituales de pasaje. Por eso se decía que la sauna era un ciclo completo que iba desde la cuna a la tumba. Durante la II Guerra Mundial, era incluso el lugar donde se despiojaban los soldados.

También era el lugar donde oficiaban las curanderas que usaban los kuppaus, unos pequeños cuernos calientes que, al aplicarlos sobre lugares del cuerpo donde previamente habían realizado unos cortes, succionaban un poco de sangre, al modo de los tratamientos con sanguijuelas que se practicaban en el sur de Europa. Al parecer, sacaban la sangre oscura, y por su tonalidad, más azulada o amarillenta, se sabía qué tipo de dolencia principal sufría el paciente. Aquel método servía para remediar los dolores, la presión arterial o las alergias. Aun se practica este método de curación, aunque ahora los cuernos se han sustituido por una especie de vasos con una pera de goma que hace la función de ventosa.

Aquellas mujeres también daban masajes que favorecían la circulación de la sangre, y posiblemente usaban ciertas hierbas y esencias que mezclaban con el agua que se echaba sobre las piedras calientes para producir ciertos efectos al aspirar el vapor.

Otro panel del museo muestra a unos curanderos especiales (tietäjä, alguien que sabe), a quienes se llamaba cuando ni una sauna ni una sangría aliviaban al enfermo. Estos tenían que encargarse de expulsar a los malos espíritus, eliminar el mal de ojo o resolver los trastornos mentales. También disponían de una serie de medicamentos naturales contra la fiebre, la tos o la epilepsia.

De alguna manera relacionada con aquella medicina que hoy llamamos folclórica, estaba la kotisirkka, una pequeña langosta de unos dos centímetros que era la alegría tanto en la casa como en la sauna (era el único insecto capaz de resistir tan altas temperaturas). Se dice que cuando se incendiaba una casa, la gente se lamentaba especialmente por la pérdida de su kotisirkka.

El cristianismo reguló la asistencia obligatoria a la sauna los sábados, día que igualmente había que lavar la ropa, para así poder asistir bien limpios a los oficios religiosos. En esto coinciden con otros países nórdicos, en los que la palabra que usan para sábado significa día del lavado. También se mantuvieron ciertas costumbres relacionadas con los ciclos de la naturaleza (Juhannussauna o Joulusauna, o sea las saunas de la noche de San Juan y Navidad, o, si se prefiere, de los solsticios de verano e invierno) o de los ritos de pasaje, como la morsiussauna o sauna de la novia antes de ir al altar, que tenía que compartir con amigas vírgenes (en el texto del panel dice que estas se lamentaban por ella, porque perdía su libertad).

Aun se cita entre los finlandeses un antiguo dicho: En la sauna, compórtate como en la iglesia, en el que la palabra iglesia se sustituiría en tiempos remotos por otra igual de determinante. La sauna misma era un espacio sagrado, un lugar de meditación, donde la persona podía desprenderse no sólo de los malestares del cuerpo. El calor, la penumbra, la desnudez (recordemos a los místicos cristianos que oraban desnudos) y la proximidad de la naturaleza eran muy propicios para tal fin. La pila de piedras venía a ser una especie de altar y el echar agua sobre ellas era un equivalente a un ofrecimiento a algún tipo de espíritu de la naturaleza o deidad. Löyly ahora significa vapor, pero antiguamente significaba espíritu.

En la sauna no se podía maldecir, cantar, gritar ni mantener un comportamiento inadecuado; en caso de hacerlo había que enfrentarse al castigo del saunatonttu, una especie de espíritu guardián, normalmente bondadoso, con forma de gnomo barbudo y con gorro de capirote. También estaba la haltia o hada que habitaba en la parte superior de la casa, aunque también podía elegir la sauna o el granero. A esta hada se le atribuía la aportación de una energía especial para que los habitantes de la granja fueran trabajadores y ordenados. Ambos eran tan respetados que en algunas casas incluso les dejaban comida, como un miembro más de la familia, e incluso tabaco y bebidas en ocasiones especiales. La última persona que salía de la sauna, echaba un poco más de leña y agua, para que se bañasen ellos.

Estos espíritus guardianes también podrían estar en consonancia con el carácter mixto de aquellas saunas, donde era menester la presencia de vigilantes espirituales para mantener el orden; en las granjas, dueños y criados, sin distinción de edad o sexo, tomaban la sauna juntos, y en las ciudades, las familias enteras acudían a las saunas públicas, que compartían con vecinos o con desconocidos de cualquier condición, todos despojados de las ropas y los adornos que marcan las diferencias entre las personas.

En el siglo XVIII, la sauna también supuso un elemento de identidad nacional frente a los colonos y gobernantes suecos, que trataron infructuosamente de quitarle popularidad, usando incluso libros de tipo el deber de todos los padres cristianos para intentar explicar la nocividad de la sauna finlandesa. Por otra parte, en la zona este, de influencia ortodoxa, se llegó a recrear la historia del nacimiento de Jesús situándolo en el interior de una sauna.

En plena efervescencia industrial, las fábricas disponían de una sauna para los trabajadores, que también les servía para lavar la ropa; lo mismo ocurría con los soldados en los cuarteles, cuyas saunas tenían la doble función de despiojamiento (cuerpo y ropa).

La sauna comenzó a ser conocida internacionalmente cuando los atletas finlandeses se construyeron una durante las Olimpiadas de Berlín (1936), cosa que volvería a repetirse en los Juegos de Invierno de Squaw Valley (1960). El gran atleta finlandés Paavo Nurmen tomaba sauna antes y después de competir, tanto para calentar músculos como para recuperarse más rápidamente del esfuerzo. Y ganó en total nueve medallas de oro en tres Olimpiadas.

Los años 60 del pasado siglo supusieron el declive de las saunas públicas, de las que llegó a haber 120 sólo en Helsinki, ya que se abrieron las primeras piscinas públicas, con sauna incorporada, y los nuevos edificios disponían de sauna comunal, con turnos asignados para cada piso, aunque también con días y horas para hombres o mujeres. Ahora, la mayoría de empresas, colegios, cuarteles o colectivos numerosos disponen de sus propias saunas.

Otros paneles están dedicados a baños similares en otros tiempos y lugares. Los indios norteamericanos y los esquimales tenían las llamadas tiendas de sudor, que utilizaban con fines ceremoniales, al igual que los mayas con sus tamascales. Estos baños portátiles eran similares a los usados por las tribus nómadas de las estepas rusas. Otros baños similares son los banya rusos, los furo japoneses, los hamman turcos, los laznva siberianos o las antiguas termas romanas. Resulta muy curiosa la foto rusa de un horno de pan, que, cuando era necesario, también hacía las veces de sauna.

A estos habría que añadir a los escitas, un pueblo pre-celta, que también usaban algo parecido a saunas, donde quemaban hierbas, posiblemente para producir efectos alucinatorios en determinados ritos. Seguramente esa era la finalidad de edificios tales como la llamada sauna de Ulaca, en la provincia de Ávila, tierra de los antiguos vettones. Los pueblos germánicos también conocían algo parecido a la sauna, usada por los curanderos.




El ritual de la sauna

Básicamente, una sauna es un baño de aire caliente en una pequeña habitación revestida completamente de madera (la palabra designa tanto el baño en sí como el lugar donde se toma), con una estufa cargada de piedras y unos asientos, normalmente escalonados. La acción consiste en sentarse (o tumbarse) y dejar que el intenso calor active la circulación sanguínea y consiga una mejor oxigenación celular, aunque lo que más se aprecia a simple vista es la fuerte sudoración, cuyo principal efecto es arrastrar consigo las toxinas acumuladas en las células del organismo. Seguramente por eso algunos sistemas de rehabilitación de toxicómanos incluyen la sauna como parte esencial de sus programas de desintoxicación.

En un momento determinado, alguno de los presentes sugerirá un
löyly (como veremos, todos los elementos de la sauna tienen una denominación específica; hasta hay diccionarios dedicados a esta terminología). Si los demás están de acuerdo, cogerá un cubo (kiulu) con un cazo (kauha) y echará un poco de agua sobre las piedras de la estufa (kiuas), lo que da lugar a una nube de vapor casi abrasador que provoca una fuerte sudoración.

Es el momento de usar un manojo de ramas de abedul (vihta o vasta) que, mojado en agua, sirve para golpearse el cuerpo, activando con ello la circulación de la sangre y haciendo más soportable el calor. Estos vihta se recogen en primavera; según las tradiciones, antes de la noche de San Juan (algunos afinan hasta el punto de hacerlo en noche de plenilunio), y los que no se usan, se dejan secar e incluso se congelan para emplearlos a lo largo del año. Los que se recogen más tarde sólo valen para uso inmediato, ya que se le caen las hojas.








artículo publicado en la Revista de Arqueología - 2004 © Manuel Velasco

ver también Finlandia en El Camino del Norte