julio 23, 2009

Tabarca

ISLA DE TABARCA
Comunidad Valenciana

Manuel Velasco
(publicado en Grandes Viajes)


Pasaron ya los tiempos en que esta pequeña isla fuese una base para que los piratas barberiscos planeasen sus correrías por tierras de levante.

Afortunadamente, los barcos que ahora se acercan a Tabarca vienen cargados de turistas dispuestos a pasar una jornada agradable y a comer un buen arroz en alguno de los numerosos restaurantes.

Su nombre procede de la isla homónima de Túnez, de donde fueron liberados unos trescientos prisioneros genoveses por Carlos III, tras el pago de un considerable rescate, a quienes se les ofreció habitar esta isla; a partir de entonces dejó de ser tierra de nadie o refugio de piratas. Quienes pueden apreciarlo, dicen que a los actuales tabarquinos se les nota cierto deje italiano cuando hablan en valenciano.

En las fotos aéreas, Tabarca parece un ocho; uno de los lóbulos lo ocupa el pueblo y el otro está libre. Vista desde el mar, sus poca altura apenas la hacen sobresalir entre el horizonte hasta que el barco está bastante próximo.

El pueblo está rodeado por una muralla, siendo posible el acceso por tres puertas: San Rafael, cerca del puerto, San Miguél, cerca de la iglesia, y San Gabriél, en el extremo del pueblo, frente a la costa de Alicante. Mientras que la parte que podemos llamar campo está bordeada por un sendero que nos lleva por el contorno de esta parte de la isla, donde hay pequeñas calas ideales para el baño en sus agua limpias o pequeños acantilados, perfectos para la pesca (lubina, mero, dorada), y otro sendero que lo atraviesa por el centro y que nos lleva hasta el faro, rodeado de una rala vegetación de matorrales y chumberas; no hay un solo árbol debido a los fuertes vientos y a la falta de agua. Cerca del cementerio podemos contemplar el islote de la Nao y, según bordeamos la isla, otros con nombres tales como el Escull Roig, la Galera o la Cova del Llop Marí; este último se llama así (Cueva del Lobo Marino) porque en un tiempo albergó una comunidad de focas monje.

Pero como llega la hora de comer, volvamos al pueblo entrando por la puerta de San Rafael. Numerosos restaurantes ofrecen el reclamo de sus buenas comidas. La especialidad lógica, teniendo en cuenta donde estamos, son los arroces y los pescados. Los menús y los precios se repiten de forma casi clónica: arroz negro (con calamares), arroz caldoso (arrós caldoset) con lechola, fideuá. Nos decantamos por uno que no conocemos: caldero, compuesto de dos platos: el primero con el pescado y el segundo con el arroz cocido en el caldo del mismo pescado, acompañado de ali-oli.

Terminada la comida, aun queda tiempo para darse otra vueltecita y ayudar a la digestión. La iglesia, teniendo en cuenta el ancestral gusto de los piratas mediterráneos por estas costas, se construyó a modo de fortaleza, con un gran espacio subterráneo que los tabarquinos utilizaban para refugiarse cuando la ocasión lo requería; está dedicada a San Pedro y San Pablo y es de estilo neoclásico.

Y llega la hora de salida del barco de regreso, pero quienes quieran permanecer más días en Tabarca tienen a su disposición el Hotel Casa del Gobernador, bonito edificio restaurado que fue hasta el siglo pasado la sede del jefe militar de la isla.

artículo publicado en la revista Grandes Viajes / 1997
© Manuel Velasco

julio 13, 2009

El mundo feérico irlandés



EL MUNDO FEÉRICO IRLANDÉS
(Seres invisibles de Irlanda)

artículo publicado en la revista Año Cero

Manuel Velasco


La conocida división política de Irlanda, con una frontera que separa la que fue provincia del Ulster, haciendo de ella territorio extranjero, o el compartir dos idiomas tan dispares entre sí como el gaélico y el inglés, o la convivencia y yuxtaposición entre las viejas tradiciones y el cristianismo tal no sean sino reflejos de la polaridad que siempre ha tenido la isla, donde sus habitantes han visto la vida y el mundo como una moneda cuyas caras están indisolublemente unidas y separadas a la vez, independientemente de que se las pueda ver al mismo tiempo o se las pueda tocar con las manos o no.

Los cuentacuentos irlandeses especializados en el mundo feérico recibían el nombre de seanchai y se le consideraban unas habilidades para comunicarse con el sidhe. Cada comarca tenía el suyo, hombre o mujer de avanzada edad, capaces de encantar a su audiencia con su voz, su gesto y su capacidad de transportar a los oyentes al mundo mágico irlandés. Después de que Irlanda recuperase su libertad, la Comisión de Folclore buscó a cualquier seanchai que quedase en las áreas rurales más recónditas para recuperar esa valiosa herencia de cuentos tradicionales que, al igual que sus narradores, estaban a punto de extinguirse para siempre.

Aun recuerdan los expertos en este tipo de historias como una legión de jóvenes irlandeses, con más ilusión que medios, recorrieron los más tortuosos caminos en bicicleta con una rudimentaria grabadora que debían conectar a un pequeño generador que proporcionaba electricidad con los pedales de la bicicleta. El fruto de aquellos viajes reposa apaciblemente en los archivos del Trinity College de Dublín: más de dos mil volúmenes manuscritos, a los que hay que añadir los que resultaron de la siguiente iniciativa. Se pidió a los niños irlandeses que copiaran los cuentos de todo tipo que escuchaban a sus mayores.

Cabe destacar las historias recogidas por Sean Ó Echoaid, que en los años 40 y 50 recorrió todos los caminos de la provincia de Donegal recogiendo historias de unos 1500 seanchais, hasta el punto de recibir un doctorado honorario por parte de la Universidad de Irlanda. Él pudo comprobar que la creencia en los seres feéricos no era algo perdido en el pasado, ya que uno de sus mejores fuentes de información fue su propio abuelo, que, entre otras historias, contaba su propia experiencia de avistamiento feérico.

Sidhe

Desde muy antiguo, los irlandeses creían firmemente en que el suelo que ellos pisaban y habitaban era sólo la parte física de una estructura más compleja. Ciertos lugares, como lagos, colinas o sobre todo los túmulos que esparcieron por la isla los pueblos megalíticos eran la puerta que comunicaba este mundo con el sidhe (se pronuncia si), el mundo feérico donde habitaban otro tipo de seres.

Este sidhe era un mundo paralelo, ocupando posiblemente el mismo espacio pero en distinto tiempo, por lo que sólo en ciertos momentos muy concretos del calendario era posible la comunicación entre ambos mundos.

Como ya hemos visto, según las tradiciones paganas, estos seres feéricos son aquellos Tuatha Dé Danann que acabaron retirándose voluntariamente al submundo, dejando el plano físico a los milesianos llegados de Iberia. Estos seres aparecen habitualmente en las leyendas celtas en la forma divinizada de los antiguos daneanos, como es el caso de Lugh en la historia de Cu Chulainn o la Morrigan que vuela sobre los campos de batalla.

La principal entrada a su mundo estaba en Bru na Boyne, que se abriría en determinadas circunstancias, sobre todo en la noche de Samhain. El nombre gaélico de Newgrange era Sí an Bru, y una leyenda celta asegura que era el palacio de Aonghus, dios del amor, hijo de Boann (Boyne). El antiguo nombre de Howth fue Sícnogba, y también está relacionado con la leyenda del dios Aonghus, que aquí encontraría los restos mortales de una mujer a la que él amaba. El de Dowth era Sí Dubhaish, que está relacionada con cierto rey Bresal que embrujó a los hombres de Irlanda para que le construyesen una montaña artificial que llegase hasta el cielo, consiguiendo también que su hermana detuviese el sol. Todo lo perdió aquel Bresal cuando se empeñó en cometer incesto.

Como vemos, todos ellos comienzan por Sí, que indica la vinculación de esos lugares con el sidhe.

También hay muchas leyendas sobre hombres que entraron en este mundo mágico, también llamado Tir Nan Og o País de la Eterna Juventud, por un corto tiempo, o al menos eso creían ellos. Pero la nostalgia de su tierra y los suyos les provoca finalmente la necesidad de regresar. Y resulta que en el exterior han transcurrido años, incluso siglos, por lo que nadie les reconoce. Algunos, además al tocar la tierra se desmoronan, ya que el cuerpo físico recupera de pronto los años que debería tener en el mundo de los humanos.

Algunas historias citan a personas que han escuchado la “música del shide” como uno de los hechos portentosos que ocurren de vez en cuando. Y se cree que las grandes canciones tradicionales, tanto las que incitan a bailar como las que parecen cargadas por la nostalgia de unos tiempos perdidos, las (re)compusieron los músicos humanos tras haberlas escuchado a la luz de la luna sobre alguna colina o en las proximidades de un bosque.

Otras personas, sobre todo mujeres (bean feasa), recibían inspiración para las funciones de curanderismo, sobre hierbas y conjuros. Tal vez la más conocida de estas mujeres, Biddy Early, por haber sido inmortalizada en una historia del escritor Yeats, que la conoció y la citó como la más sabia entre las sabias mujeres.

Los ángeles caídos

Pero el mundo feérico también tiene otros seres con un aspecto menos amable, a pesar de que algunos los consideren descendientes de aquellos Tuatha Dé Danann. Las leyendas cristianas, como las recogidas por el experto en seres sobrenaturales irlandeses Bob Curran, señalan a los habitantes del sidhe como ángeles caídos que no participaron en la rebelión de Lucifer, pero, como tampoco la combatieron, fueron castigados por su no participación junto al bando vencedor. Así fueron diseminados por los lugares remotos de la Tierra, unos en las profundidades del mar, otros en el subsuelo y algunos más en el aire.

Con el nombre genérico de hadas (fairies) se engloba a todos ellos. En medio de algunos campos cultivados irlandeses se encuentra un árbol al que nadie se ha atrevido a cortar, ya que los campesinos saben que está habitado por hadas; los niños pueden subir a sus ramas, pero los adultos tienen prohibido incluso tocarlos, so pena de recibir sus iras. Otra cosa que antes se tenía muy en cuenta a la hora de construir una casa era que no entorpeciera un camino de hadas, por lo que antes se ponían unos postes indicando los límites de la futura casa; si no ocurría nada, se seguía adelante. Si alguno de los postes era derribado, mala señal, había que cambiar el emplazamiento.

Y es que, a pesar de los muñequitos simpáticos que se venden como recuerdo por toda Irlanda, a los que llaman “buena gente” o de los cuentos endulzados tipo Disney, estos son seres de temperamento impredecible, atribuyéndose sus habituales malas acciones a los celos que sienten por los seres humanos por tener estos la oportunidad de comunicarse con el dios que ellos perdieron; también por eso evitan acercarse a las iglesias y a las casas de los curas. Eso sí, se cuenta que si los católicos los condenaron, los protestantes hasta prohibieron que se pensara en ellos. La evolución que tuvieron según el lugar donde fueron puestos acabó dándoles las características que han perdurado en el folclore irlandés.

Estos son algunos de ellos:

  • Los grogoch, originariamente medio humanos medio feéricos llegados desde la cercana Escocia (donde son conocidos como brownies), tienen la apariencia de un niño muy viejo, sin que haya noticias de la existencia de hembras grogoch. Van desnudos, aunque cubiertos por un espeso y generalmente sucio pelo, por lo que a los niños que sienten rechazo por la higiene se les llama grogoch. Los lugares donde habitan suelen estar cerca de la costa y tienen dos piedras, una más larga apoyada sobre la otra. Están considerados como los seres feéricos más amables con los humanos, llegando a ayudar a los granjeros a recoger sus cosechas; al no tener grandes necesidades de comer o dormir, pueden trabajar día y noche y no comprenden que los humanos pierdan el tiempo durmiendo. Por eso, las mañanas de los domingos, cuando esos granjeros aprovechan para no madrugar, ellos saltan sobre la cama para despertarlos violentamente. A cambio de su trabajo sólo piden un poco de leche.
  • El grey man (hombre gris) también conocido como el “viejo sinhuesos”, al parecer recibió culto como un dios climatológico. Suele aparecer entre la niebla o en el humo de las chimeneas. Cuando está de malas es capaz de ocultar las rocas de una costa para que los barcos encallen en ellas o el precipicio al borde de un camino para que los viajeros caígan por él. Si entra en una casa, puede echar a perder las patatas almacenadas o prender fuego a la turba. Los constipados y las irritaciones de gargantas también se le atribuyen.
  • Los sheerie son seres feéricos del aire, con aspecto de bebés rodeados de una luz fosforescente. Se les considera como los más peligrosos por ser las almas de niños que murieron sin ser bautizados y su presencia siempre entraña alguna maldad para los humanos. Algunos campesinos tienen una oración especial: “Líbranos, Señor, de fantasmas y sheeries”. Les gusta asustar a quienes viajan por parajes solitarios, hasta que la persona acaba perdiendo la orientación y el control de sí mismo.
  • Los changellings protagonizan las recurrentes historias acerca de los niños cambiados. Como si la naturaleza de ciertos seres feéricos se hubiese colapsado, naciendo pocos bebés y siendo estos habitualmente deformes, las madres intentan cambiarlos por algún recién nacido en el mundo de los humanos, sobre todo si aun no han sido bautizados y sus padres no paran de contar maravillas de él. El bebé sustituto, al crecer, sólo será feliz ocasionando calamidades. Su mirada maligna expresará una experiencia y conocimientos totalmente ajenos a la edad que tiene. Los dientes le saldrán muy pronto y nunca se sacia su hambre, pero sus piernas permanecerán extremadamente delgadas, teniendo dificultades para andar. Su única cualidad buena es su talento en el terreno musical, siendo capaz de tocar cualquier instrumento que caiga en sus manos. Las leyendas sobre estos seres, muchas veces describen las patologías típicas de la cosanguinidad, por lo que los religiosos bien pudieron achacar tales nacimientos a los pecados cometidos por los padres. El remedio cristiano para evitar el chagelling es rociar la habitación, la cama y la madre con agua bendita.
  • Los pooka son también muy peligrosos. Suelen aparecer en tiempos de cosecha para quedarse con unas cuantas espigas. Como pueden hablar como los humanos, a veces se ponen delante de una casa y llaman por su nombre a algún habitante; si este no acude a la llamada, puede entrar y destrozar todo lo que encuentre a su paso. Según cuentan algunos campesinos, se han dado ocasiones en que un pooka no sólo no se ha mostrado violento sino que ha llegado a hacer profecías a los humanos que le han hecho preguntas con respeto. Al parecer llegaron con los invasores vikingos, que le daban el nombre de puk. Tal vez por eso el rey irlandés Brian Boru, que llegaría a derrotar al ejército vikingos antes de morir, un día consiguió atrapar a un pooka y le obligó a prometer que nunca atacaría a los irlandeses cristianos, excepto si estaban borrachos o tenían malas intenciones. El pooka aceptó, pero parece ser que las promesas hechas a un humano, por muy rey que sea, no las consideraba muy vinculantes.
  • Las banshee dividen la opinión de los estudiosos de este tipo de seres, ya que para unos es parte del mundo férico mientras que para otros son fantasmas que regresan con fines unas veces preventivos y otras vengativos. Su apariencia puede ser completamente humana, con el triple aspecto de las diosas trinitarias celtas: mujer joven, madura o vieja. A Cu Chulainn se le apareció una de ellas poco antes de morir. Estaba lavando unas ropas manchadas de sangre que el héroe reconoció como propias. También pueden anunciar próximas muertes en la forma de “pájaro de mal agüero” o animales tales como comadrejas o armiños.
  • Los merrows, también conocidos como silkies o sirenas, son uno de los seres sobrentaurales más universales, ya que es raro no encontrarlas en cualquier otra cultura. Al parecer hay una enorme diferencia entre machos y hembras, siendo los primeros extremadamente feos; tal vez por eso, las hembras son tan dadas a buscar relaciones con algún hombre, incluso perdiendo voluntariamente sus facultades mágicas. Las tradiciones irlandesas están llenas de historias sobre seres de este tipo, que en un momento determinado quisieron pasar una temporada en el mundo de los humanos, llegando a compartir la vida con un hombre y tener hijos. Tal vez estos seres necesitaban un periodo de ajetreo y emociones fuertes, para después regresar a su lugar de origen, donde la vida debía ser tan perfectamente equilibrada que llegaba a cansar. Algunas familias irlandesas de renombre afirman tener en su árbol genealógico a alguna merrow. En las costas del norte, las tradiciones las retratan revestidas de una piel de foca; si un hombre consigue esta piel, podrá mantener a la sirena bajo su poder. Algunas merrow fluviales son portadoras de malos augurios: quien las vea morirá en un año.
  • Los leprechaun al parecer son los seres feéricos más numerosos y más extendidos por toda Irlanda. Al igual que otras razas feéricas, sólo se sabe de la existencia de varones, por lo que se especula su procedencia en las uniones de humanos y algunos seres feéricos. Tienen la forma de pequeños viejos zapateros, vestidos con un traje verde, y son borrachines y fumadores. Además de su afición por la zapatería, se les atribuye el ser los banqueros del mundo feérico, ya que guardan celosamente todos los tesoros que encuentran bajo tierra. La mayor parte de ellos perteneciente a los vikingos cuando estos ocupaban gran parte de la isla; unos enterraron el oro por razones de seguridad, pero murieron antes de poder recuperarlos, y otros fueron enterrados con todas sus riquezas. Muchos humanos intentan capturar a uno de ellos, ya que su posterior liberación supone la recompensa de uno de los tesoros que él tiene guardados. En raros casos, buscan la amistad con algún humano, al que le hacen arreglos en la casa, sobre todo en sus zapatos, a cambio de un poco de licor.
  • Los dullahan es un jinete descabezado (lleva la cabeza sujeta por los pelos con una mano). Aparecen de noche, galopando por los campos, y sólo pueden pronunciar una palabra cada vez que salen al mundo terrenal: el nombre de una persona que va a morir próximamente. Sólo una pieza de oro puede detenerlo, ya que tiene miedo a este metal. Al parecer este personaje está relacionado con un remoto dios llamado Crom Dubh, que exigía sacrificios humanos por decapitación a cambio de una buena cosecha.

También existe la teoría de que todo este mal comportamiento por parte de los seres feéricos no responde a otra cosa que a su función de guardianes de la tierra; cuando los hombres rompen el equilibrio, ellos atacan. Faltaría saber si lo hacen a los culpables de verdad o si dirigen su ira de forma incondicional hacia el primer humano que encuentran en su camino.

artículo publicado en la revista Año Cero / 2003
© Manuel Velasco
>Breve Historia de los Celtas
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julio 08, 2009

Helsinki

HELSINKI

artículo publicado en la revista Rutas del Mundo

Manuel Velasco

En este 2000, el medio millón habitantes de Helsinki, a la que han dado el sobrenombre de la joya del Báltico, celebra al mismo tiempo su cuatrocientos cincuenta anniversario y su capitalidad cultural europea. Miles de nuevos acontecimientos a lo largo del año, que se sumarán a los tradicionales de esta ciudad, que siempre ha gozado de una extensa oferta cultural.

¡Cómo puede cambiar el aspecto de una ciudad de un viaje a otro! Mi anterior estancia en Helsinki había sido un día frío y gris de invierno, haciendo un alto de camino a Laponia. A las cuatro de la tarde era ya noche cerrada y un par de horas después, terminado el horario de tiendas, hasta podría decirse que estaba visitando una ciudad desierta. Por eso, al volver en verano, casi no la reconozco. Y es que aquí, como en todo el norte europeo, las estaciones transforman completamente tanto a la ciudad como a sus habitantes.

Comienzo el recorrido desde la plaza Erotajja, que viene a ser el centro popular de la ciudad, con su escultura de Los Tres Herreros sirviendo como principal punto de referencia en el mapa, ya que de aquí salen las líneas de autobuses que más usará el viajero. También es el comienzo de la zona comercial, que se extiende a lo largo de la calle Aleksi y el bulevar Esplanadi, donde están los grandes almacenes, como Stockmann o Kluuvi, y las grandes tiendas de diseño finlandés, como Arabia o Marimekko. Las fachadas, las estatuas, algunos escaparates me devuelven una imagen anterior que apenas logro hacer coincidir con lo que tengo ante mi. No sólo es la temperatura o la luz; también es la gente, que ha abandonado el lógico aspecto hosco, fruto de pasar semanas sin ver el más mínimo rayo de sol, y ocupan calles, bares y terrazas, llenando la noche y el día de vida y color. Tras ver como los parterres de la parte central del bulevar casi son un desafío del color tras los largos meses de gris ambiental, me detengo en la cafetería Kapelli, tanto porque es un precioso edificio acristalado y con historia (abierto en 1838), como porque sirven una magnífica cerveza que elaboran en su propia destilería. Por si fuera poco, en frente hay un escenario al aire libre, donde a lo largo de todo el verano celebran un festival de músicas del mundo. Ese día le toca a un espectáculo flamenco al que sigue un grupo folclórico de Estonia

Al llegar a la altura de la estatua de Havis Amanda, ahora con sus surtidores de agua funcionando, no tengo más remedio que sonreir ante el recuerdo de su historia. Se trata de un desnudo femenino que en sus días levantó las iras de los puritanos; pero no sólo eso: la estatua iba a ser sufragada por un boticario rico al que le apetecía verla a través de la cristalera de su cercana farmacia. Al final, este señor se negó a pagar lo prometido y el escultor se vengó en la única manera que le fue posible: dirigiendo el considerable trasero de la señora de bronce hacia la farmacia (actualmente un restaurante).

A continuación está el puerto, que es un auténtico hervidero de gente y mercancías de todo tipo. Todas las mañanas se llena de tipismo y color cuando se instala allí un mercado al aire libre con un aspecto inusitadamente rústico para una capital. Dando una vuelta por los tenderetes, es posible comprar un kilo de salmón fresco, un gorro de piel de zorro, un "litro" de cerezas casi recién llegadas del mismísimo Valle del Jerte o un manojo de ramas de abedul para usar en la sauna. Algunos pescadores llegan desde las islitas diseminadas al sur de la ciudad y venden en sus pequeñas barcas varios tipos de pescado ahumado. Recuerdo mi viaje invernal en este mercado, cuando a las diez de la mañana apenas había dos tenderetes abiertos bajo una capa de nieve y una luz como de madrugada. El barco cafetería exhibía un letrero luminoso recordando a la clientela que en su interior hacían unos casi insultantes veinte grados de temperatura.

El puerto está rodeado de edificios rectangulares de colores claros sobre los que asoman las blancas líneas neoclásicas de la catedral luterana, terminada en una verde cúpula de zinc envejecido, presidiendo la plaza del Senado. El exterior de esta catedral es el lugar más fotografiado por los turistas en Finlandia, mientras que en el interior puede apreciarse una mínima decoración de sencillez casi espartana que contrasta enormemente con el interior de la catedral ortodoxa de Uspenki, en la pequeña isla de Katajanokka, también cerca del puerto. Esta última destaca por su fachada de ladrillo rojo y sus cúpulas en forma de cebolla. Resulta muy interesante entrar a las horas de culto, cuando los feligreses celebran unos ritos que acompañan de hermosos y largos cánticos, en una estancia rebosante de iconos de todos los tamaños y modelos.

Y ya que estamos entre templos, hagamos un salto en el mapa para visitar otra curiosa iglesia; para verla hay que acercarse hasta el céntrico barrio de Töolö, donde se encuentra Tempeliaukio, el Templo de la Roca, excavado en un enorme bloque de granito que simplemente se encontraba allí, en medio de los demás edificios, y las autoridades decidieron darle una utilidad sin necesidad de destruirlo. No sé cual sería la idea básica de sus arquitectos, pero dentro de este templo se percibe el sentido más ancestral de los antiguos cultos religiosos, celebrados en el interior de una cueva, donde se crea un ambiente sugerente que integra más fácilmente al hombre con la divinidad. Aunque también sirve para más cosas: dos músicos están ensayando un concierto que tendrá lugar por la noche.

LA PRIMERA SAUNA
A todo esto, ya es media tarde. Después de haber pateado bien la ciudad, ¿qué se puede hacer mejor en Finlandia (o Suomi, que es como los finlandes llaman a su país) que tomar una buena sauna? El mejor lugar es la Sociedad de Sauna Finlandesa (Suomi Sauna Seura). Está a las afueras de la ciudad, en una pequeña isla del área metropolitana llamada Lauttasaari, pero, como tengo la ventaja de conocerla, apenas tardo veinte minutos en llegar, con el autobús 20. Esta sauna también supone un cambio considerable; no en el interior, donde todo sigue perfectamente igual, si no en la parte exterior, que da al mar. En la ocasión anterior, estaba absolutamente congelado hasta donde la vista se perdía. Y aquí, la costumbre es meterse en el mar al salir de la sauna. Para hacer posible la inmersión en las gélidas aguas, había un compresor que conseguía que el agua se moviese en un radio de unos dos metros y así se mantuviese líquida.

Los expertos dicen que "las eléctricas no son sauna", pero aquí no hay que preocuparse por eso, ya que hay dos de "leña" y dos de "humo" (ver recuadro), o sea, las saunas finlandesas tradicionales. Y la verdad es que la diferencia es grande.

En la penumbra del interior de la sauna, unos charlan amigablemente y otro parecen encerrados en meditación. Mientras tanto, los poros se van abriendo ante la alta temperatura, que el termómetro muestra como cercana a los 100ºC. El sudor comienza a salir tímidamente. Llegado un determinado momento, alguien cercano a la estufa comienza el "löyly": echa agua sobre las piedras recalentadas a unos 500ºC, provocando una nube de vapor casi abrasador. Entonces el sudor parece empeñado en abandonar el cuerpo rápida y abundantemente. Cuando uno cree que ya tiene suficiente, es justo el momento de salir a refrescarse. Y aquí, además de las clásicas duchas, está la posibilidad de darse una zambullida en pleno mar Báltico.

Recuerdo como los finlandeses presentes en mi viaje invernal, cuando se enteraron que era español, se extrañaron sobremanera al verme tan dispuesto de ir hacia el mar al salir de la sauna, pensando tal vez que sólo me atrevería a meter un pie, si acaso. Más se extrañaron al ver como me metía completamente e incluso me mostraba feliz al salir. Ese es un momento especial, justo cuando el cuerpo reacciona y parece descargarse de todo aquello que le molesta, y la mente se siente igual de ligera. No todos ellos se atrevían, a pesar de ser parte de sus costumbres, y muchos se limitaban a sentarse en un banco que hay en la parte posterior, al aire libre, donde la temperatura era de -2ºC. Recuerdo como allí la piel adquiría un tono escarlata y la humedad parecía querer escapar del cuerpo en forma de nubecillas de vapor.

En verano, prácticamente todos van al mar, donde la temperatura del agua suele rondar los 10ºC. No es mucho, pero, comparando con el invierno, se puede considerar como suficientemente cálida. Después de un par de sesiones de sauna, este lugar dispone de un reconfortante salón donde descansar contemplando la naturaleza tras los amplios ventanales. ¡Qué poco estrés habría en nuestras grandes ciudades si dispusiésemos de saunas como esta!

LAS ESES DE FINLANDIA
El siguiente recorrido es por la parte noroeste de la ciudad, comenzando por el monumento al compositor Sibelius. Este monumento es doble; por un lado está su retrato y por otro una especie de racimo de tubos de metal que a veces suenan con el viento. Para muchos finlandeses de provincias este es un punto obligado para hacers la foto recuerdo, ya que Sibelius está considerado como uno de los mayores genios que ha dado esta tierra. Sus composiciones son contemporáneas al espíritu independentista finlandés, del cual son un símbolo.
Tanto lo aprecian que ha pasado a formar parte de las cuatro eses con que los finlandeses se autodefinen: sauna, Suomi, Sibelius y sisu.

Ya sabemos qué es la sauna y donde está Suomi y quien fue Sibelius. Pero ¿qué es el sisu? Es una palabra de difícil traducción y que viene a representar la ostinada determinación del caracter finlandés frente a la adversidad. Esa tenacidad les ha permitido soportar todas las visicitudes que la vida y la historia ha puesto sobre ellos, causados principalmente por su estratégica situación geográfica entre la Europa oriental y la occidental. Su enorme capacidad de "sisu" la demostraron bien tras la última gran guerra, cuando todos los finlandeses unidos y encabezados por su presidente más carismático, Urho Kekkonen, consiguieron hacer todo tipo de equilibrios posibles en la cuerda floja de la política internacional sin la ayuda de nadie, cosa que les reportó la independencia que no tuvieron otros países vecinos.

Por añadidura, hicieron de su país uno de los más prósperos, con algunas empresas como Nokia, Finnair o Karhu figurando entre las principales del mundo de su especialidad. También en papel finlandés se imprimen las revistas y los periódicos de muchos países y sus astilleros tienen una lista de espera de cinco años. Además del citado "sisu", hay otro factor importante que ha ayudado a conseguir todo esto: recientemente Finlandia ha sido reconocida como el país que mejor sistema educativo del mundo.

No muy lejos del monumento a Sibelius, hay un lavadero de alfombras con mesas donde la gente extiende la suya para lavarla con agua del mar, frotándolas con detergente y cepillo. Y esta es una actividad nada sexista; pueden verse indistintamente hombres, mujeres o en pareja, cumpliendo con esa tradicional tarea veraniega.

Más tarde, me acerco a uno de los lugares más bonitos de Helsinki: Seurassari, que es una pequeña isla boscosa al noroeste, a la que se llega atravesando un blanco puente de madera de estilo ruso. Además de su atractivo natural reflejado en la variedad de árboles y aves, esta isla cuenta con uno de esos museos al aire libre tan queridos por los nórdicos, con casas y construcciones rústicas antiguas, con su mobiliario y utillaje originales, trasladado allí desde sus lugares de origen por todo el país. En esta isla se celebran oficialmente las fiestas de entrada del verano, en la noche de San Juan (Juhannus), cuando el país se ilumina no sólo con el sol de medianoche sino también con miles de fogatas al lado del mar o de un lago. El fuego y el agua hermanados en la noche del día más largo, según las antiguas tradiciones recicladas por la cristiandad.

De nuevo es un buen momento para otra sauna (ya que estamos en Finlandia, hay que aprovechar). En esta ocasión será Kotiharju, en la calle del mismo nombre, que tiene la única sauna tradicional en el casco urbano. Allí conozco a Matti, que habla un poco de español (conoce la Costa Brava y las islas Canarias) y me cuenta la historia de esa sauna. Tras permancer cerrada durante décadas, los dueños emprendieron el pasado año la tarea de reabrirla, para lo cual tuvieron que recomponerla según los planos y las viejas fotos y dibujos que tenían. Las taquillas del vestuario femenino son las originales de los años veinte. El ambiente que reina en su interior es de amiguetes de barrio que aprovechan unas horas tanto para tomar la sauna como para charlar de sus cosas o jugar al ajedrez en el salón-vestuario.

Después de sudar un buen rato, me encuentro a una señora mayor en la zona de duchas. No es que me haya equivocado de puerta. Ni ella. Esta señora, al igual que en todas las buenas saunas públicas, es la encargada de lavar a quien se lo solicita, y recibe el nombre de kyluesttajä. En mi anterior viaje no tuve la oportunidad de pasar por esta experiencia, así que ahora aprovecho. Me tumbo en una mesilla alargada y dejo que la buena mujer enjabone y friegue mi cuerpo, por ambos lados, una y otra vez, con esponjas de distinta dureza, hasta dejarme la piel suave y resplandeciente, como si fuera de seda; y, por supuesto, bien requetelímpia.

Cuando acabo, vuelvo a la sauna, donde mi amigo Matti me cuenta algunas anécdotas del país: Parece ser que los finlandeses sienten una especial afición por batir cualquier clase de record y hasta han inventado sus propios juegos para figurar en los libros correspondientes, como por ejemplo, las carreras para hombres cargando con sus propias esposas o el lanzamiento de una bota Manhattan, de fabricación nacional. También tienen otros relativamente más sedentarios, como permanecer sentados en lo alto de una estaca (record finlandés de siete días) o enterrado en la nieve sin apenas ropa (una hora). Y, por lo visto, las malas lenguas aseguran que los políticos tienen sus propios juegos gremiales, como "quien se queja de tener más responsabilidad que nadie" o "quien habla durante más tiempo en el Parlamento". Aunque estos últimos, por su naturaleza, nadie se molesta en inscribirlos en ningún libro de records.

Ya fuera de la sauna, y mientras Matti me invita a una cerveza Lappin, le pido que me cuente la historia de las "palabras con s". Y es que en el vocabulario finlandés hay muchas palabras que empiezan por esta letra y que son parte integrante de su forma de entender la vida. Yo sólo conozco las cuatro citadas anteriormente. Algunas de las restantes son estas: Sinien, es el color nacional. Sanomalehdet, periódicos, muchos finlandeses leen 3 o 4 diariamente. Salmiakki es la golosina más popular, al mismo tiempo dulce y salada. Suklaa es el chocolate, uno de los vicios nacionales. Silakkä, arenques, una vieja tradición del área Báltica; hay quien los come todos los días. Sinappi, mostaza, es el condimento favorito y lo echan a todo tipo de comidas. Saaret, islas, cientos de miles, sobre todo en Saaristo, el archipiélago de Turku, por donde les encanta navegar y pasar los fines de semana. Sää, el tiempo, tan imprevisible aquí; conocer los pronósticos se ha vuelto una afición obsesiva. Sieniä, champiñón, ir al bosque a cogerlos es una de las tradiciones favoritas. Surffaus, cybernautas, es la última adquisición de palabras con S.

NOCHE DE TANGO
Al anochecer vuelvo a la Plaza del Senado, que está completamente llena de gente a causa de un festival de tango, el baile nacional finlandés. Claro que no es exactamente el tango argentino; carece de su dramatismo y desgarro y las parejas de bailarines evolucionan ordenadamente por una pista circular. La televisión está retransmitiendo el espectáculo a todo el país, y los mejores cantantes del genero van sucediéndose en el escenario, hasta llegar al colofón con la gran estrella, Reijo Taipale, un señor maduro de acariciadora voz que levanta definitivamente los entusiasmos del público femenino. Esta última actuación conincide con el sol emitiendo sus tardíos reflejos del adiós: las blanquísimas formas de la catedral se tiñen de un rosa que casi las vuelve irreales. Imagino que para algunas parejas es el fondo ideal para unos sentimientos muy especiales.

Esta afición por el tango no es un revival, ya que en Finlandia han perdurado los bailes clásicos. Aunque el tango sea el rey indiscutible, también les encanta el vals, la rumba, el fox-trot o la polka. En algunos locales de baile, un día a la semana es "naistenhaku", lo que quiere decir que son las mujeres quienes elegirán a su pareja (que no podrá negarse a salir a la pista), mientras que los señores deben esperar (allí llaman a esto "hacer de florero") a ver si hay suerte.

Los días restantes serán de escapadas por los alrededores de Helsinki. La ciudad antigua de Porvoo, con su barrio de rojas casas de madera. Hvitträsk, antiguo estudio de tres prestigiosos arquitectos de principios de siglo. La fortaleza de Suomenlinna, que durante siglos protegió militarmente la entrada al puerto de Helsinki. El museo de la fábrica Arabia, dedicado a la cerámica, cristalería y toda clase de objetos de uso doméstico (eso sí, de diseño exclusivo) entre los que destaca con luz propia el famoso florero Savoy, de Alvar Aalto, diseñador-arquitecto por el que los finlandeses sienten auténtica veneración. El centro de ciencia Heureka, en la cercana Vantaa, que fue el museo pionero en Europa a la hora de enseñar la ciencia o la historia de forma amena y divertida, ya que todo lo que se muestra se puede tocar, mover, manipular, comprobar (ya me hubiera gustado aprender las leyes de la física en un lugar así). Y, como el tiempo es muy caluroso, tanto como en el sur de Europa, me acerco un día hasta el parque acuático Serena, donde se puede gozar del agua en todas las formas posibles.

Y pasear de nuevo por las calles de Helsinki, observar la curiosa arquitectura antigua y moderna, degustar los platos típicos, asistir a conciertos, charlar con la gente y tomar alguna sauna más. Los días veraniegos son largos, como si al sol le entrase pereza por retirarse tras el horizonte, y en Helsinki dan mucho de sí.
artículo publicado en Rutas del Mundo / 2000
© Manuel Velasco