julio 13, 2009

El mundo feérico irlandés



EL MUNDO FEÉRICO IRLANDÉS
(Seres invisibles de Irlanda)

artículo publicado en la revista Año Cero

Manuel Velasco


La conocida división política de Irlanda, con una frontera que separa la que fue provincia del Ulster, haciendo de ella territorio extranjero, o el compartir dos idiomas tan dispares entre sí como el gaélico y el inglés, o la convivencia y yuxtaposición entre las viejas tradiciones y el cristianismo tal no sean sino reflejos de la polaridad que siempre ha tenido la isla, donde sus habitantes han visto la vida y el mundo como una moneda cuyas caras están indisolublemente unidas y separadas a la vez, independientemente de que se las pueda ver al mismo tiempo o se las pueda tocar con las manos o no.

Los cuentacuentos irlandeses especializados en el mundo feérico recibían el nombre de seanchai y se le consideraban unas habilidades para comunicarse con el sidhe. Cada comarca tenía el suyo, hombre o mujer de avanzada edad, capaces de encantar a su audiencia con su voz, su gesto y su capacidad de transportar a los oyentes al mundo mágico irlandés. Después de que Irlanda recuperase su libertad, la Comisión de Folclore buscó a cualquier seanchai que quedase en las áreas rurales más recónditas para recuperar esa valiosa herencia de cuentos tradicionales que, al igual que sus narradores, estaban a punto de extinguirse para siempre.

Aun recuerdan los expertos en este tipo de historias como una legión de jóvenes irlandeses, con más ilusión que medios, recorrieron los más tortuosos caminos en bicicleta con una rudimentaria grabadora que debían conectar a un pequeño generador que proporcionaba electricidad con los pedales de la bicicleta. El fruto de aquellos viajes reposa apaciblemente en los archivos del Trinity College de Dublín: más de dos mil volúmenes manuscritos, a los que hay que añadir los que resultaron de la siguiente iniciativa. Se pidió a los niños irlandeses que copiaran los cuentos de todo tipo que escuchaban a sus mayores.

Cabe destacar las historias recogidas por Sean Ó Echoaid, que en los años 40 y 50 recorrió todos los caminos de la provincia de Donegal recogiendo historias de unos 1500 seanchais, hasta el punto de recibir un doctorado honorario por parte de la Universidad de Irlanda. Él pudo comprobar que la creencia en los seres feéricos no era algo perdido en el pasado, ya que uno de sus mejores fuentes de información fue su propio abuelo, que, entre otras historias, contaba su propia experiencia de avistamiento feérico.

Sidhe

Desde muy antiguo, los irlandeses creían firmemente en que el suelo que ellos pisaban y habitaban era sólo la parte física de una estructura más compleja. Ciertos lugares, como lagos, colinas o sobre todo los túmulos que esparcieron por la isla los pueblos megalíticos eran la puerta que comunicaba este mundo con el sidhe (se pronuncia si), el mundo feérico donde habitaban otro tipo de seres.

Este sidhe era un mundo paralelo, ocupando posiblemente el mismo espacio pero en distinto tiempo, por lo que sólo en ciertos momentos muy concretos del calendario era posible la comunicación entre ambos mundos.

Como ya hemos visto, según las tradiciones paganas, estos seres feéricos son aquellos Tuatha Dé Danann que acabaron retirándose voluntariamente al submundo, dejando el plano físico a los milesianos llegados de Iberia. Estos seres aparecen habitualmente en las leyendas celtas en la forma divinizada de los antiguos daneanos, como es el caso de Lugh en la historia de Cu Chulainn o la Morrigan que vuela sobre los campos de batalla.

La principal entrada a su mundo estaba en Bru na Boyne, que se abriría en determinadas circunstancias, sobre todo en la noche de Samhain. El nombre gaélico de Newgrange era Sí an Bru, y una leyenda celta asegura que era el palacio de Aonghus, dios del amor, hijo de Boann (Boyne). El antiguo nombre de Howth fue Sícnogba, y también está relacionado con la leyenda del dios Aonghus, que aquí encontraría los restos mortales de una mujer a la que él amaba. El de Dowth era Sí Dubhaish, que está relacionada con cierto rey Bresal que embrujó a los hombres de Irlanda para que le construyesen una montaña artificial que llegase hasta el cielo, consiguiendo también que su hermana detuviese el sol. Todo lo perdió aquel Bresal cuando se empeñó en cometer incesto.

Como vemos, todos ellos comienzan por Sí, que indica la vinculación de esos lugares con el sidhe.

También hay muchas leyendas sobre hombres que entraron en este mundo mágico, también llamado Tir Nan Og o País de la Eterna Juventud, por un corto tiempo, o al menos eso creían ellos. Pero la nostalgia de su tierra y los suyos les provoca finalmente la necesidad de regresar. Y resulta que en el exterior han transcurrido años, incluso siglos, por lo que nadie les reconoce. Algunos, además al tocar la tierra se desmoronan, ya que el cuerpo físico recupera de pronto los años que debería tener en el mundo de los humanos.

Algunas historias citan a personas que han escuchado la “música del shide” como uno de los hechos portentosos que ocurren de vez en cuando. Y se cree que las grandes canciones tradicionales, tanto las que incitan a bailar como las que parecen cargadas por la nostalgia de unos tiempos perdidos, las (re)compusieron los músicos humanos tras haberlas escuchado a la luz de la luna sobre alguna colina o en las proximidades de un bosque.

Otras personas, sobre todo mujeres (bean feasa), recibían inspiración para las funciones de curanderismo, sobre hierbas y conjuros. Tal vez la más conocida de estas mujeres, Biddy Early, por haber sido inmortalizada en una historia del escritor Yeats, que la conoció y la citó como la más sabia entre las sabias mujeres.

Los ángeles caídos

Pero el mundo feérico también tiene otros seres con un aspecto menos amable, a pesar de que algunos los consideren descendientes de aquellos Tuatha Dé Danann. Las leyendas cristianas, como las recogidas por el experto en seres sobrenaturales irlandeses Bob Curran, señalan a los habitantes del sidhe como ángeles caídos que no participaron en la rebelión de Lucifer, pero, como tampoco la combatieron, fueron castigados por su no participación junto al bando vencedor. Así fueron diseminados por los lugares remotos de la Tierra, unos en las profundidades del mar, otros en el subsuelo y algunos más en el aire.

Con el nombre genérico de hadas (fairies) se engloba a todos ellos. En medio de algunos campos cultivados irlandeses se encuentra un árbol al que nadie se ha atrevido a cortar, ya que los campesinos saben que está habitado por hadas; los niños pueden subir a sus ramas, pero los adultos tienen prohibido incluso tocarlos, so pena de recibir sus iras. Otra cosa que antes se tenía muy en cuenta a la hora de construir una casa era que no entorpeciera un camino de hadas, por lo que antes se ponían unos postes indicando los límites de la futura casa; si no ocurría nada, se seguía adelante. Si alguno de los postes era derribado, mala señal, había que cambiar el emplazamiento.

Y es que, a pesar de los muñequitos simpáticos que se venden como recuerdo por toda Irlanda, a los que llaman “buena gente” o de los cuentos endulzados tipo Disney, estos son seres de temperamento impredecible, atribuyéndose sus habituales malas acciones a los celos que sienten por los seres humanos por tener estos la oportunidad de comunicarse con el dios que ellos perdieron; también por eso evitan acercarse a las iglesias y a las casas de los curas. Eso sí, se cuenta que si los católicos los condenaron, los protestantes hasta prohibieron que se pensara en ellos. La evolución que tuvieron según el lugar donde fueron puestos acabó dándoles las características que han perdurado en el folclore irlandés.

Estos son algunos de ellos:

  • Los grogoch, originariamente medio humanos medio feéricos llegados desde la cercana Escocia (donde son conocidos como brownies), tienen la apariencia de un niño muy viejo, sin que haya noticias de la existencia de hembras grogoch. Van desnudos, aunque cubiertos por un espeso y generalmente sucio pelo, por lo que a los niños que sienten rechazo por la higiene se les llama grogoch. Los lugares donde habitan suelen estar cerca de la costa y tienen dos piedras, una más larga apoyada sobre la otra. Están considerados como los seres feéricos más amables con los humanos, llegando a ayudar a los granjeros a recoger sus cosechas; al no tener grandes necesidades de comer o dormir, pueden trabajar día y noche y no comprenden que los humanos pierdan el tiempo durmiendo. Por eso, las mañanas de los domingos, cuando esos granjeros aprovechan para no madrugar, ellos saltan sobre la cama para despertarlos violentamente. A cambio de su trabajo sólo piden un poco de leche.
  • El grey man (hombre gris) también conocido como el “viejo sinhuesos”, al parecer recibió culto como un dios climatológico. Suele aparecer entre la niebla o en el humo de las chimeneas. Cuando está de malas es capaz de ocultar las rocas de una costa para que los barcos encallen en ellas o el precipicio al borde de un camino para que los viajeros caígan por él. Si entra en una casa, puede echar a perder las patatas almacenadas o prender fuego a la turba. Los constipados y las irritaciones de gargantas también se le atribuyen.
  • Los sheerie son seres feéricos del aire, con aspecto de bebés rodeados de una luz fosforescente. Se les considera como los más peligrosos por ser las almas de niños que murieron sin ser bautizados y su presencia siempre entraña alguna maldad para los humanos. Algunos campesinos tienen una oración especial: “Líbranos, Señor, de fantasmas y sheeries”. Les gusta asustar a quienes viajan por parajes solitarios, hasta que la persona acaba perdiendo la orientación y el control de sí mismo.
  • Los changellings protagonizan las recurrentes historias acerca de los niños cambiados. Como si la naturaleza de ciertos seres feéricos se hubiese colapsado, naciendo pocos bebés y siendo estos habitualmente deformes, las madres intentan cambiarlos por algún recién nacido en el mundo de los humanos, sobre todo si aun no han sido bautizados y sus padres no paran de contar maravillas de él. El bebé sustituto, al crecer, sólo será feliz ocasionando calamidades. Su mirada maligna expresará una experiencia y conocimientos totalmente ajenos a la edad que tiene. Los dientes le saldrán muy pronto y nunca se sacia su hambre, pero sus piernas permanecerán extremadamente delgadas, teniendo dificultades para andar. Su única cualidad buena es su talento en el terreno musical, siendo capaz de tocar cualquier instrumento que caiga en sus manos. Las leyendas sobre estos seres, muchas veces describen las patologías típicas de la cosanguinidad, por lo que los religiosos bien pudieron achacar tales nacimientos a los pecados cometidos por los padres. El remedio cristiano para evitar el chagelling es rociar la habitación, la cama y la madre con agua bendita.
  • Los pooka son también muy peligrosos. Suelen aparecer en tiempos de cosecha para quedarse con unas cuantas espigas. Como pueden hablar como los humanos, a veces se ponen delante de una casa y llaman por su nombre a algún habitante; si este no acude a la llamada, puede entrar y destrozar todo lo que encuentre a su paso. Según cuentan algunos campesinos, se han dado ocasiones en que un pooka no sólo no se ha mostrado violento sino que ha llegado a hacer profecías a los humanos que le han hecho preguntas con respeto. Al parecer llegaron con los invasores vikingos, que le daban el nombre de puk. Tal vez por eso el rey irlandés Brian Boru, que llegaría a derrotar al ejército vikingos antes de morir, un día consiguió atrapar a un pooka y le obligó a prometer que nunca atacaría a los irlandeses cristianos, excepto si estaban borrachos o tenían malas intenciones. El pooka aceptó, pero parece ser que las promesas hechas a un humano, por muy rey que sea, no las consideraba muy vinculantes.
  • Las banshee dividen la opinión de los estudiosos de este tipo de seres, ya que para unos es parte del mundo férico mientras que para otros son fantasmas que regresan con fines unas veces preventivos y otras vengativos. Su apariencia puede ser completamente humana, con el triple aspecto de las diosas trinitarias celtas: mujer joven, madura o vieja. A Cu Chulainn se le apareció una de ellas poco antes de morir. Estaba lavando unas ropas manchadas de sangre que el héroe reconoció como propias. También pueden anunciar próximas muertes en la forma de “pájaro de mal agüero” o animales tales como comadrejas o armiños.
  • Los merrows, también conocidos como silkies o sirenas, son uno de los seres sobrentaurales más universales, ya que es raro no encontrarlas en cualquier otra cultura. Al parecer hay una enorme diferencia entre machos y hembras, siendo los primeros extremadamente feos; tal vez por eso, las hembras son tan dadas a buscar relaciones con algún hombre, incluso perdiendo voluntariamente sus facultades mágicas. Las tradiciones irlandesas están llenas de historias sobre seres de este tipo, que en un momento determinado quisieron pasar una temporada en el mundo de los humanos, llegando a compartir la vida con un hombre y tener hijos. Tal vez estos seres necesitaban un periodo de ajetreo y emociones fuertes, para después regresar a su lugar de origen, donde la vida debía ser tan perfectamente equilibrada que llegaba a cansar. Algunas familias irlandesas de renombre afirman tener en su árbol genealógico a alguna merrow. En las costas del norte, las tradiciones las retratan revestidas de una piel de foca; si un hombre consigue esta piel, podrá mantener a la sirena bajo su poder. Algunas merrow fluviales son portadoras de malos augurios: quien las vea morirá en un año.
  • Los leprechaun al parecer son los seres feéricos más numerosos y más extendidos por toda Irlanda. Al igual que otras razas feéricas, sólo se sabe de la existencia de varones, por lo que se especula su procedencia en las uniones de humanos y algunos seres feéricos. Tienen la forma de pequeños viejos zapateros, vestidos con un traje verde, y son borrachines y fumadores. Además de su afición por la zapatería, se les atribuye el ser los banqueros del mundo feérico, ya que guardan celosamente todos los tesoros que encuentran bajo tierra. La mayor parte de ellos perteneciente a los vikingos cuando estos ocupaban gran parte de la isla; unos enterraron el oro por razones de seguridad, pero murieron antes de poder recuperarlos, y otros fueron enterrados con todas sus riquezas. Muchos humanos intentan capturar a uno de ellos, ya que su posterior liberación supone la recompensa de uno de los tesoros que él tiene guardados. En raros casos, buscan la amistad con algún humano, al que le hacen arreglos en la casa, sobre todo en sus zapatos, a cambio de un poco de licor.
  • Los dullahan es un jinete descabezado (lleva la cabeza sujeta por los pelos con una mano). Aparecen de noche, galopando por los campos, y sólo pueden pronunciar una palabra cada vez que salen al mundo terrenal: el nombre de una persona que va a morir próximamente. Sólo una pieza de oro puede detenerlo, ya que tiene miedo a este metal. Al parecer este personaje está relacionado con un remoto dios llamado Crom Dubh, que exigía sacrificios humanos por decapitación a cambio de una buena cosecha.

También existe la teoría de que todo este mal comportamiento por parte de los seres feéricos no responde a otra cosa que a su función de guardianes de la tierra; cuando los hombres rompen el equilibrio, ellos atacan. Faltaría saber si lo hacen a los culpables de verdad o si dirigen su ira de forma incondicional hacia el primer humano que encuentran en su camino.

artículo publicado en la revista Año Cero / 2003
© Manuel Velasco
>Breve Historia de los Celtas
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1 comentario:

  1. EXCELENTE EL TEMA Y MAGISTRALMENTE TRATADO, Y QUE INTERESANTE, ESTOY EN UN ESTUDIOS SIMILAR QUE PUBLICAMOS EN CLEPXYDRA REVISTA VIRTUAL, GRACIAS

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