mayo 02, 2009

La Saga de Vinland

LA SAGA DE VINLAND

Artículo publicado en la revista Historia y Vida (2000)

Manuel Velasco

La mayor parte de lo que actualmente sabemos sobre la forma de vida de los vikingos se lo debemos a las sagas que escribieron los islandeses durante el siglo XIII, después de que hubiesen sido transmitidas oralmente de generación en generación. Y según nos cuentan La Saga de los Groenlandeses y la Saga de Erik el Rojo, en el año 1000, Leif Eriksson llegó a una tierra desconocida, a la que puso el nombre de Vinland. Aquella Vinland era parte de lo que hoy llamamos Norteamérica.

Las sagas islandesas eran crónicas familiares de los primeros colonos que se establecieron en la isla y sus primeras generaciones. Cuando la cultura que las creó entró en la decadencia, dejaron de hacerse copias e incluso cayeron en el olvido. Entre ellas estaban la Saga de Groenlandeses y la Saga de Erik el Rojo, donde se relatan los viajes realizados a aquella tierra que llamaron Vinland, y que 500 años más tarde, y más al sur, sería descubierta oficialmente por Cristóbal Colón.

Las sagas comenzaron a recuperarse en el siglo XVIII, cuando los reyes daneses mandaron un anticuario a Islandia en busca de libros antiguos. Alguno de los barcos llegó a hundirse en su viaje de vuelta y muchos otros ejemplares se quemaron en un gran incendio que destruyó la Biblioteca de Copenhague, con lo cual se perdió para siempre la mayor parte de esos valiosos manuscritos únicos que nos ayudarían a comprender mejor a aquellos islandeses y groenlandeses que se enfrentaron a todos los fenómenos naturales para llegar a nuevas tierras. Posiblemente hubiera otras sagas que complementaban lo poco que ahora sabemos acerca de las exploraciones de Vinland.

LOS VIAJES A VINLAND

En una plaza de Reykjavik hay una estatua dedicada a Leif Eriksson donada por los Estados Unidos por haber sido el primer europeo en llegar al continente americano, según la tradición de las sagas islandesas. Pero, de igual manera que Islandia no fue descubierta en primer lugar por Ingolfur Arnarson ni Groenlandia por Erik el Rojo, las costas americanas que recibirían el nombre vikingo de Vinland tampoco fueron descubiertas exactamente por Leif Eriksson. En los tres casos no se llevó el honor y la gloria de la posteridad el primero que llegó si no el primero en establecer la primera colonia estable.

Aunque las dos sagas mencionadas cuentan la misma historia, hay datos en los que no coinciden y algunos que incluso son contradictorios, aunque la leyenda de Vinland puede resumirse de esta manera:

En Groenlandia se corrió la voz de que un tal Björn Herjulfsson había encontrado unas nuevas tierras situadas más hacia el oeste, a cuyas costas fue arrastrado por una tormenta en un viaje entre Islandia y Groenlandia. Alrededor del año 1000 y con el mismo espíritu aventurero que su padre, Erik el Rojo, Leif Eriksson embarcó acompañado de 35 hombres en busca de esas tierras.

Fue llegando a diversos lugares a los que denominó según fuese el elemento predominante del paisaje: Primero fue Helluland (Tierra Pedregosa), después Markland (Tierra de Bosques) y por último, Vinland (Tierra de Vides). Se supone que estos tres lugares son los que actualmente corresponden a Baffin, Labrador y Terra Nova. En esta última isla, concretamente en L'Anse des Meadows, se han descubierto restos de casas, unos 130 pequeños objetos y una herrería que puede fecharse justamente alrededor del año 1000, y que bien pudo servir de base para que aquellos hombres realizasen expediciones hacia el sur del continente.

En Vinland encontraron una tierra fértil con buen clima, donde los inviernos no suponían la interrupción de la vida cotidiana, con abundante pesca y caza. Era un lugar perfecto para iniciar una colonia. El nombre fue debido a unas vides salvajes que allí crecían, imposibles de encontrar en su tierra de origen.

Leif regresó a Groenlandia con el barco cargado de madera, un elemento muy necesario y valioso en esa isla, donde no había bosques, y uvas (algunos investigadores piensan que más bien debían ser algún tipo de bayas silvestres, de las que igualmente podía hacerse vino). Su padre había muerto y él, que por su hazaña recibió el apodo de “el Afortunado”, tuvo que hacerse cargo de la granja familiar, siendo su hermano Thorvald quien organizase la siguiente expedición.

Estos nuevos colonos, tras permanecer dos años en Vinland, construyeron nuevas casas y extendieron el territorio explorado. Al regresar a Groenlandia hicieron una parada en cierto lugar, donde tuvieron el primer contacto -desafortunado- con los indios nativos, a los que llamaron skraeling.

El tercer viaje estuvo a cargo de otro hijo de Erik el Rojo, Thorstein, pero el barco fue alejado de su ruta por una tormenta y finalmente todos los tripulantes, excepto una mujer, murieron a causas de una epidemia.

El cuarto viaje lo realizaron sesenta y cinco personas, al mando de Thorfinnur Karlsefni, en dos barcos bien equipados. Tras una temporada inicial que les debió parecer la vida en el paraíso, volvieron a hacer acto de presencia los skraeling, que pretendieron cambiarles pieles por sus espadas de hierro, que los indios desconocían. La negativa de los nórdicos ocasionó algunos problemas, hasta que la colonia nórdica decidió regresar a Groenlandia, después de tres años en Vinland, llevando consigo un buen cargamento de madera, que allí venderían a buen precio. En este viaje se produjo el nacimiento de Snorri, hijo de Thorfinnur Karlsefni y su esposa Grudrid, primer niño nórdico nacido en Vinland.

El quinto y último viaje documentado en las sagas estuvo protagonizado por Freydis, hermana de Leif. Esta expedición se hizo con dos barcos, perteneciendo el segundo a unos comerciantes islandeses. Pasaron un año, sin que hiciesen acto de presencia los skraeling, aunque no por eso eso tuvieron exentos de problemas, ya que Freydis se encargó de que las tripulaciones de los dos barcos (groenlandeses e islandeses) mantuviesen malas relaciones y se repitiesen las disputas por cualquier cosa. Finalmente convenció a su marido y a los suyos para que matasen a los groenlandeses, encargándose ella misma de matar a las mujeres que les acompañaban, quedándose así con toda la mercancía.

¿DONDE ESTUVO VINLAND?

Durante mucho tiempo nadie creyó que las sagas contasen hechos reales, sobre todo las que trataban de Vinland. Hasta que, en los años 60, un grupo de arqueólogos, dirigidos por el noruego Helge Ingstad, descubrieron en L'anse aux Meadows, al norte de Terranova (Canadá), los restos de ocho casas similares a las viviendas vikingas y algunos utensilios de uso común entre los nórdicos. No se sabe exactamente si ese es el lugar al que Leif Eriksson llamó Vinland y donde construyó sus casas, ya que el paisaje que describen las sagas puede haber variado debido a las transformaciones climáticas de los últimos mil años, pero hasta el momento no se ha encontrado nada mejor. L’Anse aux Medaws es ahora un Monumento Histórico Nacional de Canadá y está incluido en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

En este tema hay tantas teorías como teóricos. Si está bastante claro que Helluland sea la isla de Baffin y Markland algún lugar de Terranova o Labrador, la ubicación de Vinland es más problemátic a y las teorías van por todo el litoral atlántico de Norteamérica, desde Nueva Inglaterra hasta Florida, aunque el experto en temas nórdicos Erik Whalgren, que ha estudiado a fondo las sagas y ha recorrido la región, además de poner en evidencia falsas pruebas vikingas en Norteamérica, la sitúa entre las actuales fronteras de Canadá y Estados Unidos, justo en la bahía de Passasmaquoddy, cuyas condiciones orográficas y el tipo de mareas coincide bastante con el descrito en las sagas; en esas inmediaciones también puede situarse el límite norte del crecimiento de las vides y los cereales salvajes así como el límite sur de los ríos salmoneros.

Por mucho que se haya puesto en duda, la llegada a Vinland tiene poco de extraordinario, dentro del contexto de los viajes vikingos. Sus barcos fueron la gran obra de ingeniería de su época. Si llegaron hasta Islandia atravesando todo el Atlántico, ¿cómo no iban a llegar desde Groenlandia hasta el noroeste de la actual Canadá, cuando sólo lo separa una distancia de una treintena de kilómetros? El resto sólo era cuestión de seguir la navegación costera hacia el sur, hasta llegar a tierras de clima más suave. Lo realmente extraordinario hubiera sido que nunca lo hubiesen hecho.

En 1893, poco después de que se rescatara el barco de Gokstad (Noruega) en unas excavaciones arqueológicas, se hizo una réplica exacta del mismo, usando los mismos materiales y las mismas herramientas que usaban los vikingos. Y ese barco, capitaneado por Magnus Andersen, cubrió en 27 días la distancia que separa Noruega de Estados Unidos, donde fue exhibido en la feria universal de Chicago.

Y, de todas maneras, la llegada de los vikingos en el año 1000 no invalida en absoluto los méritos de Cristóbal Colón. Según todas las historias de colonizaciones vikingas, el mérito se lo llevaba quien conseguía que se mantuviese en un nuevo lugar una comunidad de manera estable, no el que primero hubiese llegado. Cuando Colón llegó a América, las colonias de Groenlandia ya no existían, el cristianismo había acabado con las tradiciones vikingas y el recuerdo de Vinland posiblemente ya estaba borrado de la memoria de la mayoría de los nórdicos.

Por otro lado, y haciendo jugar a nuestra fantasía, ¿qué hubiese ocurrido si aquellos nórdicos hubiesen llevado caballos a Vinland y hubiesen intercambiado sus armas de hierro con los skrelings? ¿De qué manera hubiera cambiado ese detalle la historia de la posterior conquista de América?

O, mejor aun, ¿cómo se habría transformado el mundo de haber prosperado la colonia de Vinland? ¿Se habrían mezclado los nórdicos con los skraeling tal como hicieron en Europa con los eslavos, los irlandeses o los franceses, produciéndose la correspondiente ósmosis de culturas? Si se hubiera producido cualquiera de estos casos, el mundo actual sería muy distinto a como es. Pero ya no podemos saberlo. Sólo nos es posible soñar.


Artículo publicado en la revista Historia y Vida (2000)
La versión completa está en el libro Territorio Vikingo
© Manuel Velasco

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