junio 28, 2009

Glastonbury


Glastonbury
enclave griálico

artículo publicado en Año Cero (2001)
Manuel Velasco

Glastonbury, en el condado de Somerset, en el sudoeste de Inglaterra, ha sido siempre un lugar cargado de misticismo, al que durante milenios han acudido los peregrinos en busca de respuestas. Desde lejos destaca sobre la ciudad la Tor (colina, en gaélico), de 176 metros de altura, siendo su icono más característico. Dicen que no es muy alta, pero sí muy energética, y que además forma un triángulo con otros centros relativamente cercanos de energía telúrica como son Stonehenge y Avebury.

La torre que domina la cima es el único resto de un monasterio medieval derribado por un terremoto en 1275; un siglo más tarde se levantó este oratorio en forma de torre, que se mantuvo activo hasta la disolución de los monasterios promulgada por Enrique VIII en 1539. Tanto monasterio como oratorio estuvieron dedicados a San Miguel, el matador de dragones, tal vez porque este lugar estaba considerado como una entrada al Annwn, el mundo subterráneo y férico de las tradiciones celtas, donde gobernaba el rey Gwyn ap Nydd; la comunidad monástica tendría entre sus funciones impedir la salida de algún ser considerado diabólico, como en otras "puertas del infierno" (nuestro Escorial, sin ir más lejos) diseminadas por la cristiandad.

Aunque también se piensa que San Miguel pudiese ser un santo sustitutorio del dios celta Bel, en cuyo honor se celebraba el Beltane, a comienzos de mayo, fiesta de la fertilidad (no hay que desdeñar el símbolo fálico de la torre), que también suponía el triunfo de la luz ante las fuerzas del mundo subterráneo. Y rizando el rizo, a ese Bel se le asoció con el ángel caído Belial, a quien el arcángel Miguel pondría en su sitio con su espada flamígera.

El caso es que esta torre ha permanecido mientras que el monasterio fue derribado por un terremoto, y algunos piensan que Gwyn (o el diablo, según quien lo diga), la ha respetado por tener en sus paredes unos bajorrelieves que tienen poco de cristiano: una vaca sagrada con santa Brígida (o la diosa celta Briget, una de las representaciones de la Diosa Madre), y otro con san Miguel pesando el alma de un difunto, también con reconocibles resonancias paganas.

Rodeando la colina hay una serie de terrazas artificiales, en siete niveles, que los monjes usaron para sus cultivos, aunque la antigüedad es mayor y su motivo originario bien distinto. Estas terrazas formaban a su vez unos anillos concéntricos unidos y separados de manera que formasen un laberinto por donde los peregrinos subían hasta el santuario. Este laberinto, aunque irregular debido a la orografía, tiene un aspecto similar al de tantos otros pertenecientes a las más diversas culturas diseminados por todo el mundo, siendo el más conocido el que aparecía en las monedas cretenses. Parece ser que las terrazas que forman el laberinto tridimensional son contemporáneas a las grandes construcciones neolíticas de Avebury, Salisbury Hill, Newgrange o Stonehenge.

Al laberinto se le considera como una representación del camino de la vida que lleva a la muerte y esta a la resurrección, es decir, un camino iniciático, de ida y vuelta, que el hombre debe recorrer para encontrar las respuestas a los misterios de su propia naturaleza.

Se calcula que un peregrino tardaría unas tres horas en recorrer todo el laberinto, siempre que fuese un día sin lluvia. Actualmente, las autoridades, debido a la grave erosión del terreno, aconsejan subir por los otros caminos preparados y ajenos al laberinto, mucho más cómodos y accesibles, uno de ellos muy próximo a la ciudad. En los tiempos cristianos, algunos peregrinos subían de rodillas, ya que los siete niveles se asociaron entonces a las siete estaciones de la cruz en la subida al Calvario.

Ahora los católicos y los protestantes realizan peregrinaciones por separado en ciertos días del año. Algo parecido hacen numerosos grupos paganos, que reivindican el que en la antigüedad aquí hubiese un gran centro druídico que contaba con uno de los tres coros perpetuos de Bretaña –los otros estaban el la isla de Iona (Escocia) y en Anglesey (Gales)–, que tenían como misión "encantar" la tierra a través de su canto druídico continuo.

Estos grupos neopaganos celebran sobre todo las grandes festividades celtas: Imbolc, 1 de febrero, la fiesta de Brigit; tiempo de purificación y de siembra. Beltane, 1 de mayo, la fiesta de Bel, dios de la luz, y del fuego y de la flor, renovación y fertilidad. Lughnasad, 6 de agosto, la fiesta de Lug, o de la cosecha, cuando se cuece el primer pan con la harina del trigo nuevo. Y Samain, 1 de noviembre, la fiesta que nosotros llamamos de Todos los Santos (aunque últimamente parece que nos quieren imponer el nombre inglés de Halloween); noche de puertas abiertas entre ambos mundos por donde los espíritus pueden volver a la tierra.

En la Tor no es difícil ver gente meditando bajo la luna llena; a veces son monjes budistas, o expertos en feng shui, para los que la Tor es uno de los lugares donde las corrientes del cielo y la tierra confluyen en armonía. Y si en la antigüedad se veían hadas que surgían del Annwn, hoy en día hay quien ve ovnis (que, para algunos, no llegan desde el espacio, sino del interior de la tierra). O arcoiris sin que haya lluvia. También ocurre que a algunas personas les resulta imposible subir, como si "alguien" se lo impidiese.

A una distancia considerable se cree que estuvo la entrada del camino principal, donde aun hay dos robles con nombre propio, Gog y Magog, que son los supervivientes de aquellos que flanquearían el camino de llegada de los peregrinos hasta el laberinto, siguiendo un alinea miento desde el que se vería sobre la Tor la salida del sol en el solsticio de verano y la puesta en el de invierno. Esa avenida terminaría donde ahora están las Piedras del Druida, también las dos únicas que han permanecido en su sitio.

Y posiblemente ese laberinto a su vez se recorría atravesando un bosque, ya que se cuenta que san Patricio, allá en el siglo V, prometió cien días de indulgencia (tiempo que se ahorrarían de purgatorio) a todos cuantos ayudasen a talar el espeso bosque que cubría la colina.

En el siglo XIII aquí hubo una importante feria que duraba una semana en torno a la festividad de San Miguel, el 29 de septiembre. Algunos nombres de las cercanías rememoran los lugares donde pudieron estar ciertos gremios o lugares de reunión relacionados con aquel gran mercado medieval, como Cinnamon (Canela) Lane, Coursing Batch (relativo al ganado) o Gorsedd, nombre gaélico para designar un lugar de reunión de carácter sagrado. Esta feria sería trasladada siglos más tarde a la ciudad, y ese nuevo enclave sería sustituido hace unos años por un supermercado. Cosa de los tiempos.

Por el interior de la colina hay una serie de túneles y cavidades con estalactitas formados por las corrientes de agua que terminan en el White Spring, ricas en calcio y de flujo continuo, aunque irregular en cantidad. Antes de que el Water Board, compañía encargada de los suministros de agua, cerrase este manantial en un pequeño edificio y hasta le cambiase el nombre, este era uno de los lugares más bellos de Glastonbury, rodeado de árboles y con formaciones rocosas emblanquecidas por los minerales del agua.

No resulta difícil imaginar a los peregrinos saliendo por entre las brumas que surgían de ríos y pantanos cercanos, recorriendo la larga avenida flanqueada de robles y ascendiendo por el laberinto en procesión; tal vez en un anochecer con antorchas en la mano, formando un movimiento serpenteante visto desde lejos. Y los druidas recibéndolos en la cumbre y otorgando bendiciones junto a una gran hoguera, que estaría alineada con otras hogueras de otras colinas sagradas siguiendo una línea recta, llamada el Sendero del Dragón, que algunos extienden a lo largo del mundo, en un largo canal de energía.

LA ABADÍA
La abadía de Glastonbury ahora está en ruinas, habiendo sido la última en ser cerrada por Enrique VIII, tras ser un gran centro de peregrinaje en los tiempos medievales. No en vano aquí estuvo la iglesia más antigua de occidente, más aun que Roma, ya que fue fundada por el esenio José de Arimatea pocos años después de la crucifixión de Jesucristo, sobrino suyo, y que de paso se traería el Grial, que enterraría en lo que hoy es Chalice Well. Posiblemente este lugar era muy conocido por haber sido un importante puerto para los mercaderes del estaño en la Edad de Bronce -posiblemente muchos de ellos procedentes de Tartessos-, cuando este lugar era una isla en medio de las marismas.

En aquellos tiempos, Glastonbury ya era un lugar sagrado y, como hemos visto anteriormente, contaba con una importante escuela druídica. Los druidas y los primeros cristianos solían llevarse bastante bien; no olvidemos la convivencia y el sincretismo que se vivió en la cercana Irlanda, donde se creó el cristianismo celta y alguien como San Columba llamaba a Jesús el Archidruida, o cómo san Patricio explotó la idea de que era un reencarnación del mítico guerrero Cu Chulainn.

La iglesia que edificase José de Arimatea en honor a María sería ocupada en los siglos sucesivos por eremitas, llegando a ser sustituida por la abadía. Cuando Enrique VIII, receloso del poder y riqueza de la Iglesia, mandó disolver los monasterios de todo el país, esta próspera abadía benedictina estaba gobernada por el abad Michael Whyting, de 80 años de edad. Los hombres del rey encontraron al abadía un cáliz que, dijeron, había sido robado del tesoro real. Tal vez para que sirviese de ejemplo, el anciano abad fue colgado en la Tor; después su cuerpo sería cortado en cuatro trozos, que fueron llevados a las cuatro ciudades cercanas más importantes, mientras que su cabeza permaneció en el atrio de la abadía; poco después, este lugar se convertiría en un montón de ruinas. No es de extrañar que de vez en cuando el fantasma del abad se deja ver por estos parajes.

Tras la disolución, la abadía pasó a pertenecer a la Iglesia de Inglaterra (anglicana), aunque actualmente pertenece al organismo Abbey Trustees. La cripta es el lugar más antiguo, y, al parecer, tiene algo especial que le hace idóneo para meditar. La Cocina del Abad es el edificio que se encuentra en mejor estado y en él actualmente un monje explica con muy buen humor en qué consistía la cocina monacal de otros tiempos.

El día de la festividad de san Miguel, puede verse desde la abadía como el sol se pone tras la Tor, de manera que la torre, no olvidemos que dedicada a aquel santo, queda como una silueta alargada tras el disco amarillo.

CHALICE WELL
Otro emplazamiento sagrado de Glastonbury es Chalice Well, el Manantial del Cáliz. Al parecer, mientras que la Tor era un emplazamiento para los druidas, en este lugar había algún tipo de sacerdotisas que cuidaban esta especie de jardín encantado, con un manantial de frías aguas con propiedades medicinales.

Hay quien le llama el Manantial Rojo o Sangriento, ya que el agua, rica en hierro, deja un rastro rojizo por donde pasa. La fuente del manantial se llama Vesica Piscis y cuenta con un símbolo, que también se encuentra en la puerta de entrada al jardín, conectado con la geometría sagrada que representa la dualidad: dos circunferencias unidas, cuya intersección está atravesada por una línea recta. Esta imagen fue diseñada (basándose en otros modelos de la antigüedad) por Frederick Bligh Bond, arqueólogo y vidente que excavó la Abadía a comienzos del siglo pasado, como un símbolo de paz universal.

El agua fluye pura e incontaminada de forma continua y permanente (más de 100.000 litros diarios) a 11 grados, independiente de la temporada o el clima exterior. De hecho, hasta se dice que este agua es ajena al ciclo de evaporación - nubes - lluvia, desconociéndose la profundidad de la que procede. Y hasta hubo tiempos de sequía extrema en los que el único agua que había en Glastonbury era la de este manantial.

Bajo la tapa hay dos cámaras orientadas norte-sur; una de ellas tiene cinco paredes de piedra que parecen guardar cierta similitud con las unidades de medida del antiguo Egipto, por lo que se piensa que pudo servir como lugar de ceremonias de iniciación.

Para beber hay una fuente llamada la Cabeza de León, donde también está uno de los tres espinos (crateagus monogyna praecox) descendientes del que floreció milagrosamente del bastón de José de Arimatea, cuando este lo clavó en tierra al llegar a Glastonbury. Este árbol es originario de Líbano, y echa al mismo tiempo flores (blancas) y bayas (rojas), y justo cuando es tiempo de las dos grandes fiestas cristianas: Navidad y Pascua.

Y de la Cabeza de León, el agua va al jardín del rey Arturo, donde estuvo la piscina en la que se introducían los peregrinos, cubriéndoles todo el cuerpo. En la época victoriana estuvo muy concurrida, ya que entre la nobleza se puso de moda ir a tomar las aguas. Aquella piscina quedó transformada en el actual pequeño estanque donde sólo se pueden meter los pies.

Y de este jardín, el agua baja por unas pequeñas cascadas con formas orgánicas, teñidas por el rastro rojo que los minerales han ido depositando con el tiempo, para acabar en una pequeña balsa con la forma de vesica piscis.

Además de los minerales en suspensión, se atribuyen los poderes medicinales de estas aguas a una fuerza vibratoria relacionada con la energía telúrica. De hecho, Chalice Well está situada justo en la intersección de dos líneas imaginarias que unen, por un lado la Tor y la Abadía, y por otro, la colina de Wearyal Hill, la antigua Ynys Witrin donde recaló José de Arimatea, y los árboles Gog y Magog, los robles a la entrada del viejo camino de los peregrinos.

En Chalice Well hay un tejo cuyo tronco se ha ido transformando en un símbolo vulvar, una forma de representación de la Diosa. En otros lugares del jardín hay otros tejos. Estos eran unos de los árboles sagrados de los druidas, que los consideraban símbolo de muerte y resurrección; los plantaban en emplazamientos ceremoniales y en su calendario representaban la entrada del invierno.

AVALON
Ya hemos visto que en la Tor estaban los druidas mientras que en el Chalice Wells estaban las sacerdotisas. Y si la colina podía ser la entrada al Anwnn, el manantial bien podría ser la entrada a Avalon.

Parece ser que hasta aquí llegaba el mar (ahora está a 24 km) y que la Tor era una isla, Avalon, cuyo nombre significa "isla de las manzanas", de reminiscencia artúrica, ya que ese era un lugar donde descansaban los muertos antes de volver a reencarnarse, y en algunas antiguas culturas las manzanas justamente representaban la inmortalidad. A su muerte, tras la batalla de Camlan, Arturo sería llevado a Avalon, de donde regresará algún día.

Incluso la bruma que suele cubrir esta región, a la que los lugareños llaman la Dama Blanca, rememora a la legendaria niebla de Avalon. Además, este lugar está enclavado en el condado de Somerset, nombre que bien podría aludir el Reino de Verano que soñasen Arturo y Merlín como el lugar donde las cosas podrían ser distintas para los hombres, donde la vida fuese algo más que una lucha continua por la supervivencia.

Según las tradiciones galesas, en Avalon, también llamada isla de los Benditos o los Afortunados, es un mundo femenino donde reinaba el hada Morgana. Algunas leyendas también cuentan que Ginebra, Gwenhyfar en gaélico, fue rescatada de la Tor de Glastonbury, donde estaba prisionera, por Arturo, para lo cual tendría que luchar contra Melwas, de igual modo que Gwynn tuvo que luchar contra Gwythyr para conseguir a Creiddyald. En ambos casos, los héroes, simbolizados por los colores rojo y blanco, deben disputar entre ellos por la representación del sol, que en las tradiciones celtas, y en otras más antiguas, era una entidad femenina. La entrega de Excalibur, que sería forjada en este lugar, a Arturo por parte de la Dama del Lago representaría el paso de la soberanía por línea materna.

Ya a finales del siglo XIII los benedictinos afirmaron haber encontrado las tumbas de Arturo y Ginebra en la capilla dedicada a María; estas tumbas en mármol negro estarían durante siglos en la nave principal de la iglesia, hasta que desaparecieron con las destrucciones que siguieron a la disolución de Enrique VIII.

GWYNN AP NUDD
Una de las más viejas leyendas de Glastonbury asegura que la Tor era la puerta de entrada al Otromundo en que creían los celtas. Esta puerta estaría guardada por Gwynn ap Nudd, que surgiría desde este lugar en la vísperas de nuestra noche de San Juan, dirigiendo la Cacería Salvaje, junto a su jauría de perros, y todos juntos buscarían las almas de los que muriesen recientemente para llevarlos a su mundo subterráneo, donde descansarían en el caldero de la resurrección, no sin que antes Tyronoe, otro de los aspectos de la Gran Madre, obligase a cada uno a mirar en el espejo donde se reflejaban sus más oscuros secretos.

Gwynn significa dragón rojo, y rojo es el dragón que actualmente figura como símbolo del condado de Somerset, de igual forma que lo fue del rey Arturo y de la cercana Gales. Este personaje también está asociado, en antiguos textos, como el Mabinogion, con el control de esta tierra durante los meses oscuros del año, mientras que los luminosos estarían a cargo de su contrapartida, Gwythyr ap Greidyawl, representado por un dragón blanco. Estos lucharían y se relevarían en las fiestas de Beltane (mayo) y Samain (noviembre). Curiosamente, los dos manantiales de Glastonbury tienen aguas rojas (Chalice Well) y aguas blancas (White Spring), y las leyendas cristianas aseguran que José de Arimatea trajo el Grial donde recogió la sangre y el sudor de Cristo.

Como en todos los lugares con tradición férica, hay historias de alguien que logró entrar en esa dimensión por un día y una noche, pero al salir vio que realmente habían pasado años y no podía reconocer a nadie. También se cuenta que un abad de Glastonbury recibió la invitación de Gwynn para visitar su palacio. Este accedió, pero subió al Tor con un frasco de agua bendita. En el palacio había una fiesta con los habitantes del país de las hadas vestidos con sus mejores galas, aunque sólo en rojo y blanco, los colores de fuego y el hielo. El monje rehusó a comer de los manjares que le ofrecieron y en un momento determinado arrojó el agua bendita, evitando así la posibilidad de quedar atrapado en aquel lugar, ya que inmediatamente se encontró solo en la cima de la Tor.

Como el cristianismo acabó considerando diablos a todos los dioses o seres sobrenaturales del mundo pagano, el monasterio de la Tor fue dedicado a san Miguel, el arcángel matador del dragón, otra representación de Satán. Tal como escribió Gregorio el Grande a los misioneros: "los templos deben dejar de ser centro de adoración de demonios para estar al servicio del Dios verdadero. Así, el pueblo, viendo que sus templos no son destruídos, podrá eliminar el error de su corazón y acudirá más libremente a los lugares a los que está acostumbrado".

BRIGET
En Glastonbury estuvieron algunos santos tan carismáticos de la originaria iglesia cristiano-celta como Patricio, Dunstan o Briget. A santa Briget (o Brígida) muchos la asocian con la diosa celta del mismo nombre, una de las representaciones de la Gran Diosa o Madre Tierra. Su nombre unido a Ana, que también venía a representar a la Gran Madre, dio lugar a Britannia, y su imagen aun aparece en los billetes ingleses de 10 libras, con un haz de trigo en una mano.

Briget o Bridie también era una diosa asociada a los manantiales medicinales. En su honor se celebraban las fiestas de Imbolc, cuando se renovaba el fuego sagrado, por lo que era patrona de los orfebres, que transformaban, gracias al calor, minerales brutos en obras de gran belleza. Recientemente ha vuelto a celebrarse el Imbolc por parte de los grupos neopaganos que por aquí habitan, con una gran muñeca representando a Bridie recorriendo varios lugares sagrados de Glastonbury.

La santa cristiana del mismo nombre, nacida en un 1 de febrero, fiesta de Imbolc dedicada a la diosa Briget, vivió aquí en el siglo V en una ermita situada en la Pequeña Irlanda, que después recibiría en su honor el nombre de Cerro de Bride.

LA CIUDAD
Actualmente es una agradable pequeña ciudad con unos 10.000 habitantes, con fama de haber albergado siempre a gente especial. A comienzos de este siglo ya se convirtió en un lugar de reunión de videntes y ocultistas, e incluso en tiempos de la II Guerra Mundial allí se realizaban meditaciones orientadas a acabar con la guerra. En los años 60/70, los hippies inclinados por el lado místico encontraron un terreno abonado donde recalar. Hoy en día, diversos colectivos de vida alternativa la habitan, y las tiendas de las calles centrales son una buena muestra de ello. Y por si la parte mística no fuera lo único que Glastonbury ofrece, los peregrinajes de antaño han sido sustituidos por la llegada masiva de jóvenes que acuden cada verano al festival de rock al aire libre más grande de Europa.

Y en muchos lugares puede leerse la frase más representativa de la ciudad:
May the Spirit of Glastonbury be with you.
Que el espíritu de Glastonbury sea contigo.


artículo publicado en la revista Año Cero / nº 128 / 2001
© Manuel Velasco


si te ha gustado, compártelo con tus amig@s

1 comentario:

  1. En enero quiero ir a Inglaterra, que día es mejor para visitar Glastonbury? pues me interesa muchísimo conocer está ciudad

    ResponderEliminar