abril 17, 2009

Las piedras esféricas de Costa Rica

Artículo publicado en la revista Enigmas de la Arqueología / 2002

LAS PIEDRAS ESFERICAS DE COSTA RICA
Manuel Velasco

Aunque se les puede encontrar en los más diversos lugares de América, desde la región de la Patagonia hasta el estado de Tennesee, es en Costa Rica donde más abundan. No se sabe a ciencia cierta su procedencia o utilidad y las más diversas hipótesis florecen a la luz del desconocimiento, desde las meramente geológicas, que sitúan su origen en las erupciones volcánicas, hasta las que las atribuyen a sistemas de orientación de una raza atlántide, sin que falten todo tipo de teorías ufológicas.

La región sureña del delta del Diquís ha sido la más agraciada con este tipo de objetos, desconcertantes por su perfecta esfericidad; este detalle hace volar la imaginación ante la lógica pregunta acerca de qué tipo de cultura, definitivamente desaparecida, fue capaz de tales obras.

Son de los más diversos tamaños, desde unos 7 centímetros hasta 2 metros de diámetro; las más grandes llegan a pesar más de 20 toneladas. Algunas incluso están en lo alto de cerros, y casi siempre vinculadas a lugares de enterramiento, con objetos funerarios de oro y cerámica.

Su descubrimiento es relativamente reciente debido a que la mayoría estaban enterradas y olvidadas -lo que nos lleva a pensar en la cantidad de piedras que aun pueden estar por descubrir-, ya que Diquís era una región pantanosa que fue acondicionada en los años 40 para las plantaciones bananeras. Los primeros estudios los llevaron a cabo Doris Stone, en 1941, y sobre todo Samuel Lothrop, en 1949, cuando aun no habían sido movidas de sus emplazamientos. Una de las conclusiones de Lothrop fue que estas piedras estaban "fuera de contexto", es decir, que no pertenecían al mismo pueblo que elaboró los objetos funerarios encontrados junto a ellas; tampoco ambas cosas se encuentran en los mismos estratos geológicos. Las que han permanecido en la superficie presentan una erosión para la que hacen falta miles de años. Los pueblos precolombinos no realizaban obras abstractas. Los indígenas no sabían nada acerca de su elaboración ni su significado.

Según la versión de la arqueología costarricense, las esferas se encontraban en antiguos asentamientos precolombinos, que en Costa Rica correspondería a la cultura boruca. Eran tratadas como bienes comunales, aunque siempre siempre bajo control del chamán de la tribu, que veía en ellas un objeto de poder y de conocimien to. Es decir, no eran objetos decorativos; para eso nadie se hubiera tomado tanto trabajo. Su elaboración se llevó a cabo a lo largo de mil años (400 - 1400 dC), aunque en periodos anteriores ya había otro tipo de objetos esféricos, que serían los antecesores de las piedras, a los que los que llaman "barriles". El material base es la granodiorita, roca volcánica muy dura, cuyas capas se desprenden como las capas de una cebolla.

Pero, al parecer, no hay una línea de continuidad tan lógica entre barriles y esferas, ya que los primeros son muy toscos y las segundas tienen un acabado perfecto. El gradiente es demasiado pronunciado entre ambos para que supongan un vínculo coherente.

La cantera de donde salieron se enc uentra en Palmar Norte. Los arqueólogos piensan que allí mismo se les daba una forma redondeada para poder llevarlas rodando a los poblados y, una vez allí, el artesano local les daría el acabado final. Claro que aun no hay una explicación muy creíble acerca de cómo podían llevar una esfera de dos toneladas hasta lo alto de un monte.

Si acaso su mantenimiento en la ubicación original era un elemento fundamental para interpretar el sentido de estos objetos (muchas de ellas forman líneas y triángulos), eso ya se ha perdido para siempre, pues hoy en día están esparcidas por distintos lugares. En San José se les puede ver en parques públicos, como el de la Merced, o en la en trada del Palacio de Justicia o de algún banco, pasando por los jardines de la Universidad o algunos particulares (y hasta en los billetes de 5000 colones); aunque donde mejor pueden verse es en el Museo Nacional, donde incluso hay una partida por la mitad, tal vez para mostrar que en su interior no había oro, tal como contaban algunas historias locales acerca de lo que llamaban "bolas de indio".

La desvinculación entre el pueblo que las hizo y el que las usó con fines ceremoniales y funerarios es similar a la de los pueblos megalíticos, constructores de grandes monumentos como Stonhenge o Newgrange, que posteriormente serían utilizados por los celtas; estos últimos, sin comprender su significado, vieron en ellos un elemento de poder dejado por un pueblo anterior poseedor de unos conocimientos sorprendentes.

Artículo publicado en la revista Enigmas de la Arqueología / 2002
© Manuel Velasco

abril 14, 2009

Las islas Åland

Artículo publicado en la revista Aire Libre

ISLAS ÅLAND
- FINLANDIA -


Åland (se pronuncia "oland") es un archipiélago compuesto por unas 6.500 islas que, geográficamente hablando, son la continuación del rosario de miles de islas e islotes rocosos cercanos a las costas finlandesas de Turku (Åbo, en sueco), estratégicamente situados justo entre el golfo de Botnia y el mar Báltico, pero que, por idioma y costumbres de sus habitantes, han pertenecido históricamente al reino de Suecia.

mapa

Llegando desde Helsinki se recibe pronto la impresión de haber cambiado de país, y no sólo porque la bandera que ondea por doquier sea distinta; al contrario que en la capital finlandesa, donde los nombres de todas las calles, la información y los documentos oficiales están escritos en sueco y en finlandés, aquí es el primero el único idioma oficial.

Y son sus vecinos suecos quienes constituyen, con mucho, el mayor número de visitantes, contando con varias compañías navieras que, a un precio de alrededor de tres mil pesetas ida y vuelta, hacen diariamente sus recorridos desde varios puertos de Suecia (Grisslehamn, Kapellskär y Estocolmo). Es sobre todo en la época estival, con los días que se alargan de una forma increíble y un tiempo agradable, cuando llegan para hacer excursiones. Muchos de ellos las hacen de un solo día, alquilando bicicletas al llegar y recorriendo todo el camino que pueden hasta el barco de regreso a última hora de la tarde, encontrando aquí un paraje pleno de tranquilidad donde además hablan su misma lengua. Otro aliciente, que todo hay que decirlo, es la compra y las consumiciones libres de impuestos en los barcos.

Independientemente de donde se llegue y qué idioma se hable, el archipiélago es un paraíso para el excursionista. Las principales islas están unidas por carreteras sobre puentes y, cuando esto no es posible, por ferrys que transportan gratuitamente a los pasajeros y sus bicicletas. Y son precisamente los ciclistas quienes cuentan con las mayores atenciones: hay lugares de alquiler al lado de los puertos, las distancias no son excesivas y el terreno es bastante llano; además, las principales carreteras tienen un carril especial y disponen de señalizaciones específicas para los ciclistas.

Hay numerosos campings distribuidos por todas las comarcas y están bien sañalizados, aunque quienes quieran acampar por libre pueden hacerlo en cualquier lugar, sólo teniendo en cuenta que si es una propiedad privada, según las tradicionales costumbres suecas, deben pedir antes permiso al dueño del terreno.

Mariehamn es la capital y también la única ciudad del archipiélago (lo demás, prácticamente son casas y granjas diseminadas por las islas). Su sobrenombre tradicional es "la ciudad de los mil tilos". Salvo algunos edificios de cemento de dos o tres pisos y una calle peatonal/comercial, está compuesta por bonitas casas individuales de madera, todas distintas entre sí, pintadas en suaves tonalidades crema o azul, con las ventanas adornadas por flores y objetos de artesanía que dan la impresión de estar ahí más para adornar la calle que el interior.

Después de pasear tranquilamente por las calles de Mariehamn y haber visitado el Pommer (un viejo velero símbolo de la ciudad y orgullo de los alandeses), el Museo Marítimo (donde, como anécdota, entre un sinnúmero de recuerdos marineros podemos encontrar algunas viejas monedas españolas) y el Museo de Åland (donde aprender un poco de la historia del archipiélago) la bicicleta, o un autobús de línea, nos acercan a los emplazamientos (ya que no pueblos en el más estricto sentido físico de la palabra), ya sea directamente, como a los cercanos Sund, Eckerö o Lemland, o bien a través de algún ferry que nos llevará a otras islas más alejadas, como Vardö, Kumlingen o Sottunga.

Y en cualquier dirección que el viajero tome encontrará carreteras o senderos que atraviesan bosques repletos de fresnos, pinos y olmos, que, a partir de la época del deshielo primaveral, visten la tierra de un verde exhultante, solamente roto por las salpicaduras de color rojo oscuro que, en este contexto, constituyen las casas de los granjeros y pescadores. También hay otro tono rojizo, aunque mucho menos llamativo, en las moles de granito que casi siempre constituyen la frontera entre la tierra y el agua. Algunos árboles y plantas no son nada típicos de estas latitudes, pero aquí son posibles gracias a un clima más suave y a un terreno muy rico en calcio.

Incluso en plena temporada turística es fácil encontrar solitarios y apacibles lugares, sin más aditamento humano que el aportado por el propio viajero, donde es posible escuchar los sonidos y los silencios del bosque o contemplar al atardecer el majestuoso avance de los cisnes en las aguas de alguno de los numerosos lagos e incluso en pleno mar.

Desde los extremos orientales, pueden verse la sucesión de miles de islas que se extienden hasta las costas finlandesas; desde el puerto más occidental, Storby, en los días claros puede divisarse el perfil de Suecia. Y entre estos extremos, pueden citarse algunos lugares de interés que merecen una visita sin prisas:

- El museo al aire libre de Jan Karlsgarden, con antiguas edificaciones de madera (granjas, cabañas, embarcaderos, etc.) traídas aquí desde sus lugares de origen; prácticamente todas están pintadas del típico color rojo tan característico en el mundo rural nórdico, siendo esta pintura un subproducto de las minas de cobre que protege a la madera del paso del tiempo y de las inclemencias de la dura meteorología. Aquí es donde se celebran las más tradicionales fiestas de las islas como el Día de los Artesanos, la Noche de San Juan o las Ferias de Otoño y Navidad.

- Kastelholm, castillo cercano al museo al aire libre que, tras un incendio en el siglo XVIII, fue abandonado, llevándose actualmente unas primorosas obras de reconstrucción que en total durarán aproximadamente un siglo.

- El museo postal de Eckerö, que nos habla de la importancia que estas islas tuvieron en los tiempos de los barcos de vapor como punto vital para las comunicaciones entre Estocolmo, capital del reino, y la entonces provincia de Finlandia.

- Y diseminadas por aquí y allá, reminiscencias de ruinas vikingas, pequeñas iglesias de piedra cargadas de años, molinos de viento de madera y un sinnúmero de los típicos mástiles que se levantan en toda Suecia durante las fiestas de entrada del verano.

Entre los productos naturales, la tierra, cuya agricultura no es demasiado variada por el clima, da unos excelentes tomates, de sabor parecido a los nuestros canarios, y unas manzanas pequeñas que, aparte de consumirse, adornan los jardines de las casas e incluso los laterales de las carreteras. Hay buenos productos lácteos y un pan moreno y redondo, a veces con agujero en medio, que, según cuentan, se elabora según una receta del siglo XVIII. Y, por el lado marino, los arenques, famosos en la zona báltica, que, desde tiempos inmemoriales eran envasados para su transporte en los tradicionales toneles de madera construidos por los artesanos locales.

La corta temporada estival, con unas noches apenas existentes, supone el empuje de la vida, mientras que el temprano otoño viste al paisaje con sus mejores colores; ya llegará el invierno, que hará la vida un poco más difícil, y la nieve que, arropando a los desnudos árboles, traducirá el paisaje a un sistema binario de colores blanco/negro. Pero el latido interno aguardará paciente para manifestarse en un nuevo ciclo primaveral con toda su plenitud.

Una vez finalizado el viaje, la imagen que permanece de Åland es la de un lugar donde la civilización no está reñida con el respeto a la naturaleza, donde es posible disfrutar de la paz de un atardecer sin tener que alejarse mucho de casa, donde los asentamientos humanos no son un conjunto de bloques uniformes y deshumanizadores. Y el ambiente natural que respira esta tierra toda refleja una calma profunda ante la que es difícil sustraerse o sentirse extraño, que actúa como disolvente de los problemas que arrastra el viajero y que le reconcilia con la vida y con el universo.

UN POCO DE HISTORIA

Cuando a comienzos del pasado siglo los rusos conquistaron Finlandia, hasta entonces en poder sueco (la otra potencia militar de la zona), no les gustó la idea de tener al enemigo tan cerca y anexionaron las islas al "Gran Ducado Finlandés" del zar Alejandro II. Tras la Revolución rusa, cuando Finlandia consiguió su independencia, los alandeses decidieron retornar a la protección de la antigua madre patria, pero los finlandeses, tal vez temiendo por su recién estrenada soberanía, tampoco quisieron tener a sus antiguos colonizadores a las puertas de casa. Surgió el conflicto (la "cuestión alandesa" se llamó) y en 1921 la Liga de las Naciones decidió que Finlandia mantuviera la soberanía sobre las islas, pero que fueran respetadas lengua, cultura y costumbres de sus habitantes. Actualmente cuentan con su propio Parlamento y sus propias leyes en algunas materias, como sanidad o educación, están reconocidas internacionalmente como zona desmilitarizada y desnuclearizada y sus ciudadanos están exentos del servicio militar. Tienen su propia bandera (la típica cruz de los países escandinavos en colores rojo y amarillo sobre fondo azul) y editan sus propios sellos de correos.

EL POMMERN, UN VELERO AL AIRE LIBRE

Como tradicional tierra de marinos y pescadores, el pasado gloriosos de las islas gira en torno al mundo naval. Y como mejor ejemplo, el Pommern, legendario velero que perteneció al armador arlandés Gustav Erikson, todo un personaje poseedor de la mayor flota de su tiempo, que cuenta entre su historial naviero el haber batido el récord, allá por los años treinta, en el trayecto Copenhague-Australia transportando grano en setenta y cinco días. Actualmente, la nave pertenece a la ciudad y es su principal símbolo; luciendo orgullosamente sus noventa y cuatro metros y sus cuatro mástiles en el puerto oeste, constituye un museo único en el mundo por su perfecto estado de conservación.

Artículo publicado en la revista Aire Libre / Agosto 1994
© Manuel Velasco

abril 04, 2009

La magia en los cuentos clásicos egipcios



Artículo publicado en la revista Enigmas

La magia en los cuentos clásicos egipcios
Manuel Velasco

Además de las referencias que sobre los magos egipcios aparecen en la Biblia, donde el convertir bastones en serpientes no impresiona en absoluto al faraón (ese truco debía ser tan común entonces como lo es ahora sacar pañuelos de una chistera), muchos cuentos populares del antiguo Egipto tienen a estos magos como protagonistas, con numerosos detalles acerca de su magia, que en aquel Egipto estaba indisolublemente unida a la religión y la ciencia.

Es imposible calcular cuantos de estos cuentos populares se habrán perdido para siempre, pues, como bien comenta Emma Brunner-Traut en su introducción al libro Cuentos del antiguo Egipto (EDAF, 2000. Colección Arca de Sabiduría), los principales enemigos de los papiros, que tan amorosamente copiaban y guardaban los escribas egipcios, han sido los saqueadores de tumbas, las aguas subterráneas y la codicia de los comerciantes.

Algunos de estos papiros, como los llamados Wexcar, Harris, Orbiney, ahora en museos europeos o americanos, contienen los cuentos que normalmente se pasaban de boca en boca a lo largo de las generaciones, pero que algún escriba se tomó la molestia de transcribirlos con la grafía hierática, para que perdurasen más allá de la quebradiza memoria de los hombres. El contexto anecdótico de los propios cuentos hace que se comprendan mejor algunos aspectos de los magos egipcios, ya que los textos puramente mágicos, con su lenguaje críptico y perdidas las bases y connotaciones adecuadas, acaban siendo una mera compilación, en gran medida ininteligible, de un recetario sobrenatural.

Entreteniendo al faraón


Mientras que los textos meramente mágicos de los antiguos egipcios pasaron al olvido o a la adopción, con la correspondiente reinterpretación de ciertos grupos esotéricos que se condideraron herederos de aquellas tradiciones, los cuentos, con sus aparentes pocas pretensiones y su aire de fábula, han permeado en la conciencia de la humanidad a lo largo del tiempo, pudiendo ver su imagen reflejada en otras leyendas posteriores que otros pueblos supieron adaptar para su propio uso y disfrute.

Algunos de ellos están contados, tal vez al modo de Las mil y una noche, por los hijos de Keops, para entretener a su padre. El más conocido, entonces y ahora, tal vez sea el del mago y lector jefe Webaoner, que tuvo que acompañar al rey Nebka en un viaje de una semana, cosa que aprovechó su mujer para llamar a su amante. Avisado el mago de la traición, pidió su arcón y elaboró una figura de cera con la forma de un cocodrilo, sobre el que dijo unas palabras mágicas, que un sirviente suyo echó a las aguas del estanque donde el amante se bañaba para refrescarse tras el regocijo. A la noche siguiente, cuando el amante se daba el chapuzón acostumbrado, un inmenso cocodrilo lo agarró entre sus fauces y lo mantuvo “sin respirar” bajo el agua. Cuando el rey y su séquito regresaron del viaje, el mago le invitó a su casa, prometiéndole que vería un acto prodigioso. Una vez al borde del estanque, el mago llamó al cocodrilo, que salió con su carga, sin que mostrara la mínima hostilidad contra los presentes. El mago contó quien era aquel hombre y las circunstancias de su acción mágica, cosa que impresionó realmente al faraón. El amante fue devorado por el cocodrilo, la esposa fue ajusticiada y el mago recibió unos regalos por su sabiduría.

En este relato vemos que los magos, que eran sacerdotes, podían estar casados y tener propiedades. Al parecer, realizaban un servicio rotatorio, según el cual debían estar en el templo durante un mes seguido tres veces al año; el resto del tiempo podían llevar una vida laica, durante la cual no contaban las rígidas normas de la vida en el templo respecto a la comida o el sexo. En el caso de este cuento, además, la casa debe ser de dimensiones considerables, lo que nos habla de las riquezas que aportaba esta profesión, que, en este caso concreto, se ejercía en las cercanías del propio faraón, lo que sin duda redundaría en beneficios extra.

También nos indica este cuento cómo las imágenes, en este caso de cera, podrían cobrar vida para cumplir una misión ordenada por el mago. Normalmente, esto se realizaba con una finalidad protectora, pero en este caso, la acción destructiva estaría justificada, ya que el amante ha ocasionado un desequilibrio en el orden del mundo (también la mujer, que recibe la justicia del propio faraón) representado por el término Maat, que también era el nombre de la diosa de la Verdad, la Justicia, la Armonía, el Orden y el Equilibrio. A Maat se le distingue entre el amplio panteón de dioses egipcios porque sobre la cabeza lleva aquello que le representa: la pluma de avestruz. Tan ligera y sutil que era lo que se ponía en la otra balanza cuando Anubis comprobaba la pureza del corazón de un difunto.

El detalle de que Webaoner pida su arcón para realizar el trabajo nos indica que los magos usaban una serie de elementos y herramientas que llevaban guardadas a cualquier parte. Cuenta Bob Frier en Secretos del antiguo Egipto mágico (Robinbooks, 1994) que en la tumba de un mago hallada intacta en el Ramasseum de Tebas se encontraron los objetos y herramientas que estos sacerdotes utilizaban habitualmente. Además de los ushebtis, estatuillas que cobrarían vida en el más allá para servir a su señor, y los Hijos de Horus, protectores de los órganos sacados del cuerpo antes de la momificación (elementos comunes a cualquier otra tumba), los arqueólogos encontraron una caja de madera con la colección particular de papiros que tenía aquel mago. También había tres pequeñas figuras de arcilla y madera, a las que les faltaban ciertas partes, y un úreus (la cabeza de cobra que llevaban los faraones en la frente, y que vendría a representar la capacidad destructora de Ra), que envolvía una bola de pelo natural. También había varias varas mágicas, con forma curva y la superficie decorada con animales, y un grupo de cálamos o plumas con las que el mago podría escribir los conjuros y las fórmulas mágicas.

Otro cuento está situado en el tiempo del faraón Snefru y lo relata su nieto Baufre. En este, el mago es el lector jefe Djadjaemonkh, que tendrá que procurar diversión a un rey que se aburre soberanamante. Para ello hizo que preparasen una excursión en barca con todas las mujeres jóvenes que había en el palacio. Se eligieron a las 20 mejores (las de más bellas formas, de bien trenzados cabellos, de pechos firmes y cuyo vientre aun no se haya abierto para dar a luz). Se despojaron de sus ropas y se les entregaron collares. Ellas remaron y al rey se le alegró el semblante.

Pero un elemento inesperado se introduce en la escena: a una de las mujeres se le cae al agua su talismán, una turquesa en forma de pez. Enterado el rey del percance y viendo la pena en el rostro de la mujer, le ofreció otra joya similar, pero ella dijo que prefería el suyo. Como no había manera de solucionar el problema, Snefru mandó llamar otra vez al lector jefe, que enseguida encontró una nueva solución: recitó un conjuro y las aguas del lago se abrieron, alcanzando 24 codos (casi 50 metros) de altura, justo donde había caído el talismán.

El título de lector jefe era muy prestigioso, normalmente relacionado con alguien cercano al faraón, como lo fue el famoso Ptahotep, cuyas Máximas han llegado hasta nuestros días como un ideal de vida en el antiguo Egipto. La capacidad de controlar grandes extensiones de agua, haciendo que se formasen dos paredes con una especie de pasillo en medio la encontramos posteriormente en el Antiguo Testamento, cuando los judíos huían de Egipto. Moisés conocía las artes mágicas egipcias, que llegó a superar, ya que los demás magos no fueron capaces de anular las siete plagas que él desató. También tenemos la importancia que se le daba a los talismanes, con su carácter protector, y cuya pérdida puede suponer una desgracia.

El tercer cuento que trataremos aquí está situado en dos épocas distintas, con un mago como personaje común, aunque en la segunda parte estará reencarnado en otro cuerpo: En los tiempos del faraón Mench-pa-Ra, el gobernador del país de los negros (Etiopía) quiso darle una lección. Para ello consiguió que uno de sus magos, llamado Horus, hiciera un gran acto de magia elaborando con cera un palanquín con cuatro porteadores, a los que da vida y ordena que vayan a donde está el faraón, lo secuestren, lo lleven a Etiopía, le den cincuenta latigazos en público y lo devuelvan a sus salones; y todo ello en seis horas. Todo se cumple tal como el mago etíope desea. A la mañana siguiente, el faraón se despierta, con la espalda llena de las señales de los latigazos, recordando consternado todo lo que ha ocurrido.

Su mago supremo, que también se llama Horus, hace un sacrificio a su dios Thot, inventor de las fórmulas mágicas; por la noche sueña que debe dirigirse a la biblioteca del templo de Schmun, donde encontrará un papiro escrito por el propio dios. Eso sí, le previene de que sólo lo saque de su caja para hacer una copia e inmediatamente deberá devolverlo a su sitio. Entonces, el mago Horus elaboró amuletos y fórmulas mágicas que impidieron que en la siguiente noche los seres etíopes volvieran a llevarse al faraón. Pero, no sólo eso; también consiguió hacer él mismo un palanquín con portadores a los que dio vida desde la cera. Estos trajeron al gobernador etíope, que recibió el mismo trato que el faraón en Etiopía. Y eso volvió a ocurrir las dos noches siguientes, sin que el mago etíope pudiese evitarlo con sus poderes. Por eso, este decide ir a Egipto, y, ante el faraón, emprende una lucha mágica con el mago homónimo. El etíope provoca un fuego y el egipcio una lluvia que lo apaga. El primero una niebla y el segundo el viento que la dispersa. Así siguieron hasta que el mago etíope reconoció la superioridad del egipcio. Para salvar su vida, prometió no volver a Egipto en mil quinientos años.Transcurrido ese tiempo, ambos magos regresarán a la corte del faraón Ramsés II, que reina en ese momento; el etíope movido por los deseos de venganza y el egipcio porque ya no hay nadie con poderes suficientes como para oponerse a su enemigo.

Los cuentos egipcios y la Biblia


Una mujer llamada Ahwere tuvo un sueño en el que alguien le decía que iba a concebir un hijo y que para ello debía preparar una medicina con un calabacero. De este modo, y con la posterior ayuda de su esposo, concibió y parió a un niño prodigioso, al que llamaron, también bajo la influencia de un sueño, Si-Osire. Este niño pronto empezó a entusiasmar a los sacerdotes de la Casa de la Vida recitando textos sagrados o a inquietar a su padre cuando, ante el paso de dos cortejos fúnebres, le contó lo mal que lo pasaría el rico y lo feliz que sería el pobre en el más allá, debido a la diferencia entre las buenas y malas acciones de cada uno. Pero su acción más prodigiosa fue adivinar que era lo que llevaba escrito un príncipe etíope en una carta sellada: la historia de aquellos dos magos que se enfrentaron mil quinientos años antes.

En este cuento encontramos, además de los típicos actos, fórmulas y poderes mágicos, algo que encontraremos de manera muy similar en el Nuevo Testamento: un sueño parecido a la Anunciación, aunque aquí no hay virginidad de por medio, un niño con una sabiduría superior a la de los sacerdotes, y un adelanto a aquella famosa frase de Es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos. Osiris o Jehová, según qué caso, no mira las riqueza que la persona haya podido acumular en su vida, sino si sus acciones han sido más constructivas que destructivas.

No es la única, ni mucho menos, similitud entre alguna historia egipcia y la Biblia; al fin y al cabo, los hebreos pasaron muchos años bajo la influencia de los egipcios y todo aquello que escucharon debieron pasarlo a lo largo de las generaciones, introduciéndose con las debidas adaptaciones en sus propios relatos: Moisés fue príncipe de Egipto, educado como un hijo del propio faraón. Las Tablas de la Ley bien pudieran representar a dos cartuchos egipcios; en algunos grabados vemos algo similar custodiado por dos leones, que también simbolizan a la tribu de Judá, guardiana de las tablas. En los templos se hacían una especie de procesiones con algo parecido a un arca, de lo que poco sabemos, que era depositada en un altar vedado para los no iniciados, pero que es un ritual idéntico al que se seguía con el Arca de la Alianza. El salmo 104 parece copiado del Himno al Disco Solar, del mismo tiempo que las Bienaventuranzas tienen un indiscutible origen en los Textos Sapienciales escritos dos mil años antes de Cristo.

artículo publicado en la revista Enigmas / 2004
© Manuel Velasco

Robert the Bruce, el corazón de Escocia en España

EL CORAZÓN DE ESCOCIA
Manuel Velasco
HISTORIA DE IBERIA VIEJA nº 17

ROBERT THE BRUCE, LASTIMADO EN VIDA POR LAS DIFERENCIAS CON EL PAPADO Y POR SU MALA CONCIENCIA SE CONVIRTIO EN HEROE ESCOCES GRACIAS A LA PRESENCIA SIMBOLICA DE SU CORAZON EN LA LUCHA CONTRA EL INFIEL EN AL-ANDALUS.

ANTECEDENTES

La batalla de Bannockburn (1314) fue decisiva en la Historia de Escocia. Tras muchas victorias parciales, sobre todo las protagonizadas por William Wallace, los escoceses por fin obtuvieron una gran victoria sobre las tropas del rey Eduardo de Inglaterra. Robert the Bruce fue considerado como el libertador de Escocia.

Pero la carrera de este personaje había sido muy controvertida. Anos antes, siendo conde de Carrick, fue uno de los candidatos para ocupar el trono de Escocia. El otro era el juez John Comyn, sobrino del rey John Balliol y apoyado subrepticiamente por Inglaterra. Robert, tras invitarlo a un encuentro en el monasterio de Greyfriars, lo mató, lo que le costó ser
excomulgado por el Papa de Aviñon. A pesar de todo, fue elegido rey de los escoceses en la abadía de Scone, en 1306.

Pero las rivalidades contra el “enemigo del sur”, como aun llaman los escoceses a Inglaterra, continuaron. Eduardo de Inglaterra, “el Martillo de los Escoceses” respondió al nombramiento mandando al año siguiente con una gran tropa, a la que Robert no sólo no pudo hacer frente, sino que incluso tuvo que escapar y esconderse durante un año. Sus tierras fueron confiscadas y algunos de sus seguidores fueron llevados prisioneros a Inglaterra, entre ellos sus tres hermanos, su esposa y su hija; también la condesa de Buchan, quien, por un derecho familiar, fue quien impuso la corona a Robert. El rey inglés también se llevó la Piedra de Scone o del Destino, sobre la que han sido coronados todos los reyes escoceses.

Robert, rey excomulgado, sin corona, tierra o familia, logro organizar a los escoceses de las Tierras Altas, consiguiendo sus mejores triunfos haciendo guerra de guerrillas con escasa tropa, siguiendo el modelo de William Wallace. Cuando la noticia de su retorno llegó a Londres, el rey Eduardo mando ahorcar a los tres hermanos de Robert. Poco después, el rey inglés murió, pero su hijo, Eduardo II, inició su joven reinado con incursiones en tierras escocesas. Las luchas se sucedieron durante años sin que hubiese un vencedor. Robert también tuvo que luchar contra la familia y los aliados del asesinado Comyns, que no renunciaron a su derecho al trono. Pero el clero escocés tomó partido por él, reconociéndolo como rey de Escocia.

En 1314, la batalla de Bannockburn decidió la suerte a favor de los escoceses, a pesar de la aplastante superioridad del ejército inglés. A partir de ahí, los problemas de Escocia parecieron resueltos: Felipe de Francia reconoció a Robert como legítimo rey, Juan XXII anuló la excomunión (aunque no lo reconoció como rey) y Eduardo II firmó en Abroath un tratado reconociendo la independencia de Escocia. También se promulgó una tregua de trece años y posteriormente, con Eduardo III, un definitivo tratado de paz.

Pero, al igual que le ocurrió a su abuelo y a su padre, la lepra consumió la salud de Robert (actualmente hay historiadores que se declinan por la sífilis). Oculto tras amplios ropajes se recluyó en las islas Hébridas y sólo recibió a sus más allegados. Poco a poco, la vida se le escapaba sin que el Papa le hubiese reconocido oficialmente como rey de Escocia. Y parece ser que esa fue una de sus mayores preocupaciones.

El 7 de junio de 1329, posiblemente en Cardross, le llega la hora. En su lecho de muerte, Robert pidió un último favor: que le fuese sacado su corazón y, embalsamado, fuese llevado por los mejores guerreros escoceses a Tierra Santa, en la siguiente cruzada, y fuese enterrado allí. Así lo prometió su leal amigo, el conde James Douglas.

LA BATALLA DE TEBA

Pero el tiempo de las cruzadas ya había pasado, el papa no autorizó más, teniendo en cuenta el desastroso resultado de las últimas y los abusos de algunos reyes. Se dieron por perdidos definitivamente los Santos Lugares. Pero aun había una esperanza para que el alma del rey Robert descansase en paz: el rey Alfonso Xl de Castilla había mandado emisarios por toda Europa reclutando tropas para una gran batalla contra los musulmanes de al-Andalus.

En el verano del 1330, una cuarentena de guerreros escoceses llegó al puerto de Sevilla. Su jefe, James Douglas, llevaba cruzada sobre su pecho una caja de plata, en cuyo interior se conservaba el corazón embalsamado del fallecido rey Robert the Bruce. La noticia pronto corrió de boca en
boca. Las opiniones eran de todo tipo, desde la sospecha de sacrilegio hasta la comprensión de la pena de un rey que se ve en la necesidad de hacer de muerto lo que no pudo hacer de vivo.

Así, se presentaron ante el joven rey Alfonso. Con tan solo 18 años (fue coronado a los 14) era apodado el Justiciero. Contaba con la amistad de los reyes de Francia e Inglaterra y, para esta guerra, con la bendición del Papa. En esta misión, el grupo se mezcló con caballeros castellanos, leoneses, almogávares, templarios portugueses y otros monjes-soldados de nuevas órdenes militares. Seguramente también había flamencos, bohemios y francos entre los mercenarios. El objetivo del ejército cristiano era Teba, la antigua Attegua de la Bética romana, en la actual provincia de Málaga; un importante baluarte del reino de Granada. Desde su capital, en cuya Alhambra vivía el adolescente Mohamed IV, se aproximaron las tropas nazaríes al mando del general Osmin, apoyadas por la caballería ligera de los fanáticos zenetes, berberiscos llegados de los desiertos de África.

El caluroso agosto fue testigo del enfrentamiento entre el castillo de la Estrella y el río Guadalete. No se supo muy bien por que, pero James Douglas no esperó orden de ataque. Se abalanzó contra las tropas nazaríes, tirando la caja del corazón sobre ellos, gritando: Ve adelante, corazón bravo, tal como solías hacer. Yo te seguiré o moriré. Y ocurrieron ambas cosas, lo siguió y murió, como la mayoría de los escoceses.

Los supervivientes, al mando de Keith de Galston, dieron por terminada su misión y decidieron regresar a su país a dar la noticia: Robert the Bruce había participado en la lucha contra el infiel y su alma podía descansar en paz. Al llegar a Escocia, el corazón del rey fue enterrado en la abadía de Melrose.


• Robert the Bruce (1274-1329). En su tiempo se le conoció con las variantes de Roibert a Briuis (gaélico medieval) o Robert de Brus (franco normando).

• De su primera esposa, Isabella de Mar, tuvo a su hijo David, que sería su sucesor, y a su hija Marjorie, que se casaría con Walter Steward, cuyo hijo Robert II iniciaría la dinastía Estuardo, a la muerte de David.

• De segundas nupcias estuvo casado con Elisabeth de Burgh, que le daría cuatro hijo más. También se le atribuyen numerosos hijos ilegítimos.

• Su hermana Isabel se casó con un rey de Noruega y su hermano Eduardo llegó a ser coronado como rey de Irlanda, aunque murió poco después combatiendo contra los ingleses.

• Tras la disolución de la orden del Temple, Robert acogió a los templarios en Escocia, sobre todo en los territorios del clan Sinclair, donde más tarde se levantaría la capilla de Rosslyn (donde hay una figura de un ángel sosteniendo el corazón del rey Robert).

• La independencia que él consiguiese duró hasta 1603.

artículo publicado en la revista HISTORIA DE IBERIA VIEJA nº 17
© Manuel Velasco
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Maria Kalaniemi y el nuevo folk finlandés

Todos los países suelen contar con algún artista minoritario que, sin embargo, ha alcanzado cierta notoriedad en el extranjero, ya sea a través de ciertos medios de comunicación, intervención en festivales o similares. En Finlandia tienen a Maria Kalaniemi, tan desconocida dentro como alabada fuera.

En mi última estancia en Helsinki encontré en la librería Akateeminen un precioso disco-libro llamado simplemente Finlandia, con fotografías de Rax Rinnekangas y música de Maria Kalaniemi. La obra completa está dedicada a los últimos finlandeses que aun mantienen una forma de vida cercana a sus raíces entre esos dos mundos tan diversos como son Escandinavia y la Madre Rusia. Un texto introductorio de Pekka Hako nos viene a decir que tanto las imágenes como la música son una representación del alma rural de este país, alejada del conocimiento superficial o de los chistes de quienes habitan las grandes ciudades, y donde el paisaje no es sólo el fondo que aparece tras la gente.

Rax Rinnekangas (vivió algunos años en España, publicó un libro sobre los vascos y expuso en el Reina Sofia) ha recorrido estas regiones durante quince años. Algunas fotos pertenecen de una manera tan endémica a su propio mundo que es preciso alguna información adicional para darle algún sentido a quienes nos faltan los puntos de referencia adecuados, como la de un joven trajeado con una flor blanca en la mano: se trata del día de su confirmación, cristianización del antiguo rito de pasaje tras el que el niño pasaba una dura prueba tras la que era considerado un adulto, con derecho a llevar armas. Ahora todo es más sencillo, una simple ceremonia en la iglesia más próxima y ese joven ya ha dejado atrás su tiempo de infancia. O la foto con un grupo de cinco jóvenes en medio de una carretera; se trata de uno de tantos grupos musicales que recorren los pueblos finlandeses donde hay locales para bailar, ofreciendo su repertorio de polkas, tangos, twists y viejos roncanroles. Algunas de las fotos son de los tiempos en que realizó su libro más importante (por haber tenido difusión internacional): Los prisioneros del paraíso.

Por su parte, el disco de Maria Kalaniemi, con el título Viimeinen Maa (La Última Tierra) contiene diez canciones, de las cuales ocho son composiciones propias. Además de tocar el acordeón y la armónica, canta unas estrofas sacadas de viejos cancioneros y que vienen a expresar la identificación de los sentimientos de una persona con el paisaje y los ciclos de la naturaleza.

Cuando lo escuché por primera vez, me impresionó especialmente el corte 3, Salin hämärissä, traducida al inglés en el disco como La mortecina luz de la granja. Me imaginé a una de esas personas fotografiadas por Rinnekangas abriendo la puerta de su granja en una brumosa mañana otoñal; ante ella se desplegaba una panorama que a ojos extraños resultaría desolador, pero esa persona aspiraba lentamente el aire frío y sonreía desde el fondo de su corazón. Las cosas estaban como debían estar en ese momento y en ese lugar del mundo.

Tal vez de Maria Kalaniemi no sea lo más importante su virtuosismo, que lo tiene, sino esa manera de transmitir sensaciones a través de su acordeón. No he tenido oportunidad de escucharla en directo, pero un redactor de la revista norteamericana Snowbound afirmaba haber llorado ante su interpretación de Los mareados en el festival Nordic Roots. (Esta versión del tango argentino figura en su disco Ahma, publicado en España).

Además de sus propios discos como solista o acompañada por su grupo Aldargaz, más otros tres como componente y fundadora de Niekku, también ha colaborado con grupos tales como Helsinki Melodeon Ladies o Accordion Tribe (este con acordeonistas de cinco países), u otros solistas, como su profesor en la Academia Sibelius, Heikki Laitinen, el violinista sueco Sven Ahlbäck o el cantante japonés Halo. Sus discos y giras se complementan con la enseñanza del acordeón en el departamento de música folk (también hay otro de clásica) de la citada Academia donde ella entró como alumna hace veinte años. Muchos de sus antiguos compañeros ahora forman parte de los mejores grupos finlandeses. En 1996 fue el primer intérprete de música folk en recibir el Premio de Finlandia.

Hasta ahí, todo bien. Pero resulta que ninguna de las diez personas con las que hablé de música en mi último viaje por Finlandia ni otras diez con las que hablé después tenían la más mínima idea de quien era la tal Maria Kalaniemi, a pesar de que sus discos han tenido distribución internacional y han sido alabados por la revista americana especializada Folk Roots. Ni tampoco sabían que el departamento de música folk de la Academia Sibelius, gracias a su impulsor Heikki Laitinen, supusiese algo así como una puerta abierta para aquellos músicos que querían recuperar instrumentos y modos de hacer tradicionales, pero con el frescor que podían aportarle los nuevos medios y una mentalidad joven, evitando así el inmovilismo que llevó a la previa decadencia de este tipo de músicas. O que Maria fuese un ejemplo a seguir para muchas finlandesas, en un mundo en que los instrumentos tradicionales eran tocados casi exclusivamente por hombres, a pesar de llevar muchos años de igualdad real en los más diversos tipos de trabajos.

Seguramente, no me hubiese llevado la misma sorpresa de haber ido a Kaustinen, en la región de Ostrobotnia, considerada como la capital finlandesa de la música folk. Esta ciudad es la cuna del un festival internacional especializado (desde 1968), de un Instituto de Folklore (desde 1974) y de un Museo de Instrumentos Folklóricos (desde 1987). El éxito del festival y el influjo de la Academia Sibelius dio lugar a otros similares en Haapavesi y Rääkkylä. Además de Maria Kalaniemi, son habituales en sus escenarios JPP (este grupo de violinistas es el más esperado todos los años), Tallari y Troka (del mismo Kaustinen), Värttinä y MeNaiset (grupos de Carelia), Wimme y Angelit (de Laponia), Gjallarhorn (tradición sueco-finlandesa); aunque, sin duda, uno de los que más ha impresionado últimamente ha sido Kimmo Pohjonen, al que algunos llaman el Jimi Hendrix del acordeón, con una estética y puesta en escena que haría las delicias de cualquier maestro del surrealismo parisino. A nivel musical, explora nuevas sonoridades para el viejo instrumento a través de unos pasajes llenos de texturas, imágenes e inquietantes resonancias.

Prácticamente de todos ellos pueden encontrarse discos en España, tanto en solitario como en las antologías Estrella Polar (Resistencia), Las músicas de Escandinavia (Fnac) y Scandinavia (Rough Guides - Nuevos Medios).

Pero no nos engañemos. Esto no quiere decir que el folk, tradicional o renovado, sea ahora un movimiento mayoritario en Finlandia, ni mucho menos. De hecho, estos nombres eran tan desconocidos a mis interlocutores finlandeses como el de Maria Kalaniemi. Claro que, algo similar ocurriría si un finlandés viene por aquí preguntando por Javier Paxariño, Rosa Zaragoza, Chano Domínguez o Luis Paniagua.

Eso sí, gracias a la Academia Sibelius, el folklore y los viejos instrumentos, como el kantele, el arpa o el acordeón, ya no son cosa de museos; ahora también son materia viva, ya que los nuevos intérpretes no se limitan a repetir machaconamente las antiguas tonadas, sino que aportan sus propias ideas, enriqueciendo así un lenguaje musical que de otra manera habría quedado estancado y por lo tanto condenado a morir. De ahí que, hoy por hoy, Finlandia sea como una fuente de la que surge todo un envidiable caudal de sonidos nuevos y antiguos que ha conseguido que muchos musicólogos o amantes de la música en general levantemos la mirada (y los oídos) hacia ese rincón al norte de Europa.

Allí pasaron por décadas en las que lo autóctono simplemente se despreciaba y permanecía enterrado entre la avalancha de la música anglosajona, igual que en todas partes. No es algo que pueda volverse atrás, ni falta que hace; simplemente, en los demás países habría que seguirse el ejemplo finlandés.

A modo de cosecha, cada año puede hacerse una “cata” en las antologías Artic Paradise, editadas por el FMIC, organismo oficial encargado de promocionar la música finlandesa, en las que puede verse la evolución de los que ya pueden considerarse clásicos (los citados más arriba) y las aportaciones de quienes comienzan su carrera musical por los senderos del nuevo folk (también la ausencia de quienes ese año no han hecho los deberes y se han quedado en la cuneta). Y es difícil imaginar que alguno de ellos no haya pasado por la Academia Sibelius.
artículo publicado en la revista Worldmusic
© Manuel Velasco

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Balleneros vascos en Islandia

BALLENEROS VASCOS EN ISLANDIA
Historia de Iberia Vieja
Manuel Velasco

En la región islandesa de los fiordos occidentales (Vestfirdir) quedaron historias que se pasaron de generación en generación (al modo de las sagas de sus antepasados vikingos) sobre la presencia de balleneros vascos en el siglo XVII. Tristes recuerdos de un tiempo de penurias, cuando el gobierno de la lejana metrópoli danesa impuso su monopolio sobre cualquier transacción comercial que se produjese en la isla, lo que, unido a algunos desastres naturales, llevó a los islandeses a la peor epoca de su historia.

Los balleneros vascos, que en aquellos tiempos prácticamente monopolizaban el comercio internacional del aceite de ballena, solían visitar Islandia en sus viajes por el Atlántico norte, donde obtenían provisiones, además de vender bajo cuerda algún tipo de mercancías a los isleños, lo cual estaba totalmente prohibido por real decreto. Tambien pagaban un buen dinero a los gobernantes de la zona por el derecho a la pesca y autorización para tomar tierra y completar el proceso (descuartizar a los animales, fundir la grasa).

El 1615 fue un año clave en esta historia islandesa, tanto por ser especialmente duro, climatológicamente hablando, como porque sólo llegaron tres barcos vascos con cerca de noventa marineros en total. Ese mismo año también llegó un decreto del rey danés, Christian IV, en el que autorizaba explicitamente la apropiación de los barcos vascos e incluso alentaba la matanza de los tripulantes, a los que acusaba de robar y estafar "a mis súbditos islandeses".

A pesar de todo esto, cuando llegó el final de la temporada de pesca, a mediados de septiembre, sólo habían ocurrido algunos leves incidentes entre marinos y nativos, que se solucionaron pacíficamente. Pero, justo la última noche, mientras celebraban la fiesta de despedida, una tormenta arrastró un iceberg al interior del fiordo (Reykjalfjordur) donde estaban fondeados los navíos; la masa de hielo flotante golpeó uno de los barcos de tal manera que acabó hundiendose, mientras que otro, golpeado por el primero, quedó a la deriva en medio del temporal, estrellándose contra unas rocas y hundiéndose también. El tercer barco sufrió varios desperfectos en la quilla que lo dejaron inutilizable. Todo el trabajo de una larga y fructifera temporada se había perdido en pocos minutos.

Sólo a horas de iniciar el viaje de regreso, los balleneros vascos se encontraron prácticamente con lo puesto. Era un situación peligrosa, sin armas (sólo tres fúsiles y alguna pistola) y con la posibilidad de que los isleños se tomasen el decreto real a rajatabla. Los marineros vascos se alejaron de aquel lugar en las ocho barcazas que utilizaban para sus tareas cotidianas. Más tarde se dividieron en dos grupos. Uno de ellos buscaría en las costas del sur cualquier barco que pudiera llevárselos de allí y el otro buscaría refugio para pasar el invierno, que ya se les venía encima, por si el primero no conseguía nada.

Este último grupo, tras encontrar una isla (Aedey) donde establecerse, se dividió a su vez en otros dos: unos fueron a tierra firme para conseguir provisiones (que tuvieron que robar, y no olvidemos que era una epoca de penurias para los isleños), mientras que los otros seguían preparando un campamento lo mejor acondicionado posible teniendo en cuenta las circunstancias.

Enterado de todo esto, el gobernador de aquella tierra, Ari Magnusson, organizó una especie de milicia entre los suyos. A mediados de octubre, llegaron a las proximidades de la isla, esperaron a que anocheciera y atacaron, matándolos a todos los que alli habia mientras dormían. Después fueron a tierra, hasta la granja donde el grupo que buscaba provisiones se había refugiado de una tormenta. Tras un intento de negociación entre un clerigo islandés y el capitán vasco, en latín, el capitán salió y entregó su pistola, pero uno de los isleños lo golpeó con un hacha, hiriéndolo. La reacción del capitán fue inmediata, saltó al mar e intentó huir a nado, pero fue alcanzado por una pedrada en la cabeza. El cuerpo, aun con vida, fue arrastrado a tierra, desnudado y violentado por la multitud. Despues consiguieron entrar en la casa de la granja (seguramente los vascos ya se habían quedado sin munición). Ninguno se salvó. Fueron arrojados al mar desde un acantilado, desnudos y con los vientres abiertos.

La noticia se extendió por la isla y llegó hasta el tercer grupo, el que buscaba, al parecer infructuosamente, un navío que los pudiese sacar de Islandia. Dadas las circunstancias, prefirieron arriesgarse a robar un barco inglés e irse de allí.

A esta terrible historia no le falta un final digno de una saga vikinga: el cadáver del capitán vasco, arrastrado por la corriente, apareció en una costa que pertenecía al gobernador Ari Magnusson, lo cual seguramente fue tomado como una mal augurio.

artículo publicado en la revista Historia de Iberia Vieja / 2007
y en el libro Territorio Vikingo (versión completa)
© Manuel Velasco

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